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OPORTUNIDADES DESDE LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA: Reconfiguración del comercio mundial y América Latina

Escribe: Yefferson Llonto Caicedo (*), Brenda Vallejo Mezarina (**)
Edición N° 1417

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Estados Unidos ha venido reduciendo su dependencia comercial de China y dirigiendo intercambios hacia otras economías como México y Vietnam. En paralelo, la Unión Europea ha recortado sus vínculos comerciales con Rusia tras la guerra en Ucrania, incrementando sus lazos con socios alternativos, notablemente Estados Unidos.

China también ajusta sus rutas comerciales, dado que la mayoría de sus importaciones y exportaciones se realizan con países en desarrollo en vez de economías avanzadas, y naciones emergentes como las de ASEAN, Brasil o India fortalecen sus intercambios a través de diversos bloques geopolíticos.

El bloque de Asia (liderado por China e India) concentraría cerca del 40 % del PIB mundial para el 2050, muy por encima de las economías desarrolladas occidentales. De hecho, se prevé que para el 2050 las cinco mayores economías del mundo sean China, Estados Unidos, India, Indonesia y Alemania, confirmando el creciente peso asiático y de mercados emergentes en la economía global. En contraste, América Latina apenas representaría alrededor del 7 % del PIB mundial, señal de su participación relativamente modesta bajo la tendencia actual.

La dinámica económica en América Latina

La posición de América Latina en el comercio global ha sido tradicionalmente periférica, y las proyecciones actuales plantean tanto retos como leves mejoras coyunturales. La región apenas aporta cerca del 6 % de las exportaciones mundiales de bienes y menos del 3 % de las de servicios, una participación inferior incluso a la de algunos países individuales de Europa.

Más de la mitad de las exportaciones de bienes de América Latina y el Caribe en 2023 correspondieron a recursos naturales (productos agrícolas, hidrocarburos, minerales, etc.), reflejando la persistente dependencia en materias primas de la región. Esta especialización con escaso valor agregado expone a las economías latinoamericanas a la volatilidad de precios internacionales y limita su inserción en cadenas globales de mayor sofisticación tecnológica.

América Latina encara un diagnóstico mixto: una presencia modesta en el comercio global, una canasta exportadora todavía primarizada, una baja integración intrarregional y carencias estructurales en productividad, infraestructura y tecnología. No obstante, estas mismas debilidades resaltan la urgencia de respuestas estratégicas. Dada la reconfiguración en marcha del comercio mundial con cadenas más cortas, énfasis en sostenibilidad y realineamientos geopolíticos la región tiene la oportunidad de tomar decisiones de política y planificación que le permitan sortear sus rezagos históricos y aprovechar nichos emergentes en la nueva economía global.

Una mirada estratégica desde la planificación

Frente a este panorama desafiante, América Latina debe adoptar una estrategia proactiva de planificación económica para convertir la reconfiguración del comercio mundial en una palanca de oportunidades, cuyos ejes estratégicos serian:

Impulso a la sostenibilidad y energía renovable: La transición verde global ofrece a América Latina la posibilidad de reposicionarse agregando valor a sus recursos naturales.

Aceleración de la digitalización y desarrollo del talento: La economía digital es un pilar de la competitividad contemporánea. Para que América Latina participe con éxito en el comercio de bienes y servicios avanzados, resulta esencial invertir en infraestructura digital y capital humano calificado.

Profundización de la integración regional y acuerdos comerciales inteligentes: Para superar la fragmentación intrarregional, es necesaria una visión renovada de integración económica. Los países latinoamericanos deberían culminar y perfeccionar una red densa de acuerdos comerciales entre sí, buscando esquemas flexibles y adaptativos.

Fortalecimiento de la infraestructura logística y la conectividad: Mejorar la logística es vital para reducir costos de comercio y aumentar la resiliencia de las cadenas. América Latina debe planificar e invertir en infraestructura de transporte de calidad: puertos modernizados, carreteras y ferrocarriles que conecten centros productivos con los mercados, y mayor integración logística regional.

La reconfiguración del comercio mundial presenta para América Latina desafíos formidables, pero también oportunidades históricas si la región actúa con previsión y unidad. Las tendencias globales hacia la diversificación de cadenas, la digitalización y la economía verde obligan a repensar las estrategias de desarrollo. Un enfoque de planificación estratégica informado por evidencia, con horizontes de largo plazo y coordinación regional puede guiar a los tomadores de decisiones a implementar las reformas e inversiones necesarias.

Para los tomadores de decisión en la región, la implicancia es clara: el futuro comercial de América Latina no está predeterminado, sino que depende en gran medida de las acciones que se emprendan hoy. En un mundo en transformación, planificar estratégicamente no es una opción sino una necesidad para convertir la incertidumbre global en un motor de prosperidad compartida en las próximas décadas.

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(*)Magister en Ciencias con Mención en Proyectos de Inversión Pública, Economista-Investigador Renacyt y Especialista en Inversión Pública del Centro Nacional de Planeamiento Estratégica.

(** ) Economista de Esan, Egresada de la Maestría en Inteligencia Estratégica.

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