Sube!

Del mérito al desmérito

Escribe: Beder Bocanegra Vilcamango (*)
Edición N° 1414

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Una de las «cosas» que poco se entiende sobre el Congreso y su diversidad de sapiencia es que nos olvidamos de sus facultades para hacer de su reducto lo que quieran. Pero se necesita que ello esté allí porque somos parte de la democracia representativa, por lo tanto, ya no sirve quejarse por el mérito de Dayanita o el desmérito del otorgante.

El cultivo del humor siempre ha estado y está en relación con lo cotidiano y parte de ello es la caracterización femenina —para ser un poco prudente—, antes que decir caracterizar al homosexual, a ello no se han escapado actores como Adolfo Chuiman, Guillerno Rossini, Ricky Tosso, Miguel Barraza, Ernesto Pimentel, Edwin Sierra, Jorge Benavides, Carlos Álvarez, Fernando Armas. Cada quien con su estilo, cada quien hizo de su caracterización una «forma de actuar»; sin embargo, también resultaría válido decir: cada quien con su mariconada, aunque resulte grotesco y ligeramente discriminador. Aunque cuál sería el mérito, en realidad sería el saber actuar, el ser actor. En esta maraña de categorías, muchos actores siempre habrán deseado ser protagonista y no antagonista, por el mismo hecho de cultivar la actuación y, sin considerar su condición sexual, tendrían los méritos suficientes para tener un reconocimiento y no necesariamente del Congreso, que, por lo demás, no sabe lo que debe hacer y por qué debe hacerlo, puesto que se trata de una facultad, así que por otro asunto dejemos que reconozcan a quien se les antoje.

La cuestión del poder del improductivo Congreso se refleja en la proyección mediante la incesante búsqueda de espacios para ganar titulares como cualquier otro ciudadano que ya desea ser nuevamente parte del circo congresal. Sin embargo, el poder, como se evidencia, no tiene límites para transgredir la verdadera actuación y buscar lo sensacionalista. Más allá de lo que se pueda pensar en el papel de una forma de entender la «actuación cómica» o ser «actriz cómica» debería estar en primera línea si los merecimientos como tal son materia de reconocimiento. A la par de ello, muchos catedráticos que conozco y se me cruzan por los pasillos han comprado su ‘honoris causa’ y fueron premiados fuera del país.

El valor de los honores

Los honores ya no cuentan con el reconocimiento que se merecen, porque entre estos avatares las acciones políticas se han introducido de tal manera que ya no se sabe quién es quién. El mérito siempre ha sido la exaltación suprema al esfuerzo cuya trascendencia no deja dudas, por el contrario, se entiende que todo esfuerzo debe reconocerse. Entiéndase por esfuerzo todo lo que busca el ser humano en bien de los demás sin saber que se alimenta su prestigio y reputación. Al parecer, esta dicotomía no existe para el congreso, puesto que se ha desnaturalizado el concepto de reputación y honor para aprovecharse de ello.

El reconocimiento humano por lo que hizo y sin negar su trascendencia es un galardón biunívoco; es decir, del lado del receptor debe saber quién y cómo es que se origina el trascedente hecho, puesto que cualquier persona o institución no puede reconocer el mérito o reputación y por otro lado se debe ser consciente si se lo merece, bien podría negarse a recibirlo, porque entiende que no es «propio», ello supone que lo que hizo no es suficiente y por tanto no se lo merece. El reconocimiento, entonces, busca determinar el rol de la ética de quien lo otorga y de quien lo recibe. No obstante, cuando se trata del «reconocimiento popular», tal vez no importe que lo haga el congreso o a quien se le ocurra. Lo cierto es que Dayanita es más «reconocida» en los medios de comunicación más o mejor que la Uchulú que poco le haría falta un diploma congresal, aunque el concepto de actriz cómica no se haya desarrollado, puesto que ello no depende de su desarrollo profesional, sino depende de la sintonía y sus relaciones con el público.  Finalmente, el merecido reconocimiento resulta, muchas veces, el veneno totalizador antes que se haga por poco distingo de ciertas habilidades como actriz o actor cuya trayectoria es innegable y se corresponde con el mérito antes ser solo provocador del titular y la noticia.

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(*) Docente y investigador Renacyt. Palmas Magisteriales 2017.

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