Para conocer más acerca de nuestras raíces y escarbar hacia las entrañas mismas de nuestro ancestro cultural les aproximaré al origen de los nombres de algunos de los pueblos más representativos de la región de Lambayeque en la actualidad. Fernando de la Carrera Daza, sacerdote peruano del siglo XVII y Vicario de Reque, en su obra “Gramática de la lengua Yunga”, nos dice que la palabra “Monsefú” se origina de “Omansefuac”, “Omensefee” u “Omolsoefoet”, que en lengua yunga significa "Dios castiga al que ofende la tierra". Los primeros monsefuanos eran considerados “Castigados”, pues vivieron inicialmente en “Chuspo” (Callanca) y debido a inundaciones y epidemias tuvieron que trasladarse a la zona en la cual están actualmente asentados.
En el siglo XVII, Reque o Requep formó parte del corregimiento de Saña. El término deriva de la palabra yunga "Recksi” o “Recka" y significa "Espuma de Chicha”.
Eten, “Santa María Magdalena de Eten” o “Magdalena de Eten” (Según don Ricardo Palma) “Tierra del sombrero”, del “Divino niño del Milagro” y de la Huaca “El Taco”, debe su nombre a la palabra yunga “Atín” que significa “Amaneció” o “Donde nace el sol”.
Motupe o Motupi (Según el inca Garcilaso de la Vega” en el Capítulo 2do del libro 9 de los “Comentarios reales”), tierra de “Apurlec” y la “Santísima Cruz de Chalpón”, debe su nombre al término yunga “Motux”, que identificó también a un cacicazgo y significa “Sombra del indio”. Perteneció en tiempos coloniales al corregimiento de Piura.
Jayanca, Pacora y Túcume
Xayanca o Sayanca son las palabras que dieron origen al nombre Jayanca. La “Tierra del vino” y el “Jotoro” guarda relación con los términos “Chayay”, “Sayay”, “Chayanca”, que significan “Llamar” o “Permanecer de pie” y “Lamcarlech” (según “La visita de Jayanca y Pacora” realizada por Sebastián de Gama en 1540) o "Lampatef" (según José Maeda en los estudios de los títulos de la Hacienda Ja) y que significa “Cabeza de agua”.
Pacora, “La tierra de los Pablitos”, debe su nombre, según José Uchofen, al apellido de un sacerdote español que en tiempos de la colonia llegó con la misión de evangelizar y convertir a sus habitantes a la religión católica.
El visitador Gregorio Gonzáles de Cuenca hace referencia en sus documentos al nombre del pueblo de "Túcume" como “Túqueme” recogiendo la versión de Pedro Cieza de León en “Crónica del Perú” (1553 - Primera parte) con información obtenida en su recorrido por el Perú desde 1548. El término “Túqueme” es distinto del utilizado por el cronista Garcilaso de la Vega que, en “Comentarios reales”, menciona que Huayna Cápac “redujo diez valles de la costa que holgaban mucho ser vasallos del inca y obedecer sus leyes y guardar su religión”, de dichos valles merecen nuestra atención: Zaña, Collique, Cintu, Tucmi, Sayanca, Mutupi, Puchiu y Sullana.
El doctor Carlos Arrizabalaga, profesor de Lingüística de la Universidad de Piura e investigador de la toponimia norperuana, en su trabajo “El nombre de Sullana”, nos da algunos alcances sobre la denominación hecha por Garcilaso de los diez valles principales de la costa norte del Perú. Nos dice: La lista dada por Garcilaso es la misma que cincuenta años antes había dado Cieza de León (1553) de los valles por donde pasa el “Camino real de los incas”.
Garcilaso quechuiza sistemáticamente todos los topónimos consignados partiendo de la falsa presunción de que los españoles se equivocaban al escribir los nombres de las cosas del Perú, pues desconocían mayormente la lengua quechua, y los que la conocían la habían aprendido en la costa, donde no se hablaba el quechua cuzqueño. Fray Domingo de Santo Tomás (“Gramática o arte de la lengua general de los indios del Perú”- Valladolid, 1560) principal informante de Cieza de León, denomina a los dialectos costeños del quechua “corrupciones”.
Desconocía Garcilaso que los términos (topónimos) mencionados por Cieza de León no son quechuas en su mayoría, sino mochicas y tallanes.
Cuando Cieza escribe “Collique” (que significa en lengua yunga “pozo en la arena para almacenar comida”), Garcilaso cree que se trata de una deformación de “collque” (que significa en quechua “plata” o “moneda”). Cambia “Xayanca” por Sayanca. Sayay significa “permanecer en pie” en yunga, pero trata de explicarlo etimológicamente desde “jayay”, que significa “llamar” en quechua.
El investigador César Espinoza Galarza sostiene que el actual término Túcume, proviene del término yunga “tok”, que significa hogar; no del quechua “tuku”, que significa lechuza.
Garcilaso no registra el nombre real de esos valles, sino que busca la “verdadera forma” con que debían pronunciarse, es decir en quechua cuzqueño. En esta tarea Garcilaso no se libró de cometer algunas equivocaciones, como ha demostrado en reiteradas ocasiones el quechuista Rodolfo Cerrón Palomino.
La mayor parte de los términos entregados corresponden a la lengua Yunga o mochica, otros son términos provenientes de los apellidos de los españoles notables dispersos en algunas zonas de la región.
Ferreñafe y otros pueblos
Según estudios de don José Sebastián Barranca Lovera y el clérigo Fernando de la Carrera Daza, el término Ferreñafe proviene de alguna de las siguientes fuentes: Del nombre de un indio llamado Ferriñafi Sinopullaqui, elegido por el encomendero español don Juan de Osorno para administrar el valle de Túcume (Tok) o de la palabra yunga Firruñap que significa “Entre cerros” o “En medio de caminos”. La palabra yunga se usó hasta el siglo XVIII en que se reemplaza por la actual denominación.
Mocupe, tierra de las playas “Cañaloche” y “Cabeza de toro”, del mural de Úcupe y de las Huacas “Teodora” y “Chaquiras” es un distrito cuyo nombre corresponde a la lengua yunga o mochica y significa “Lugar en la profundidad” o “Pueblo en hoyada”.
Chongoyape, la tierra de “Santa Catalina de Alejandría”, el “Cerro Mulato” + y cuna de la orfebrería lambayecana al haberse descubierto en sus entrañas valiosas joyas de la tradición Chavín, tiene un nombre que proviene de la lengua quechua y significa “Corazón triste” o “Corazón que llora”.
Otros pueblos con nombre quechua son Incahuas,i o Incawuasi, cuyo significado es “Casa del inca” y Cañaris o Kañaris (Kañari) que significa “Sí hay” aunque otra versión indica que el término Kan significa también en quechua culebra; por lo cual podría el nombre significar “Hay culebras”. La palabra Uyurpampa identifica a un centro poblado del distrito de Incahuasi en la provincia de Ferreñafe, y significa “llanura de vientos fuertes”.
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(*) Historiador y docente.
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