Sube!

El no leer

Escribe: Luis Rolando Alarcón Llontop (*)
Edición N° 1414

  comentarios   

El artículo, a medio camino entre análisis documental y ensayo, entre reportaje y opinión, ha aparecido en el diario español La Vanguardia, el 16 de agosto reciente, firmado por Joan-Carles Mèlich. Devela lo que fue históricamente un paradigma, y que Educación, Cultura, Ciencia y Sociedad, han preferido olvidar: leer no fue siempre una práctica humana bien vista, sino todo lo contrario. Asómbrese, usted, sino lo ha hecho todavía.

En efecto, el texto “La Educación, contra la lectura” recorre lo que hoy resulta inconcebible pero que en su momento dominó el pensamiento filosófico de una larga época. Leer y desprendidos no solo fueron quehaceres fustigados, censurados y perseguidos incluso como actividades cotidianas o especializadas. Sino que todo un marco axiológico respaldaba una posición que hoy nos luce insensata.

El texto de Mèlich recoge una serie de citas y anécdotas atribuidas a algunos filósofos clásicos ya de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, yag de la época Moderna, como Rosseau y hasta Descartes (aunque parcialmente).  ¿Qué puede haber motivado una postura hacia la lectura como nociva? “En la historia de Occidente hay un privilegio de la vista y de lo teórico (teoría, idea, teatro tienen la misma raíz) ­sobre el oído y la escritura”, responde el articulista.

Pero con la emergencia del mundo judeocristiano las cosas cambiarían… inicialmente. La tradición del monoteísmo que propugnan estas religiones se sostiene en la palabra escrita, cuyo soporte más visible y recurrente es la Biblia. Sin embargo, eso no fue suficiente para remontar el no a la lectura. El mismo cristianismo se nutrirá de las bases filosóficas de la Antigüedad y pronto la Iglesia dominante cuestionaría también la lectura… y colateralmente la escritura.

No olvidemos que la invención de la imprenta, entre 1440 y 1457, se materializa para la difusión de un libro en específico: sí, la Biblia. La literatura restante tuvo que bregar contra la censura de cara a obtener el visto bueno de convertirse en impreso bajo una técnica tan maravillosa por masiva, que impulsó la lectoría en un mundo en el que sólo el 0.5 % de la población sabía leer y escribir.

Los pro lectura

Los escritores, pensadores, científicos, inventores, y demás relacionados con la erudición, diseminarían indirectamente las bondades de la lectura con sus propias obras puestas en circulación. La aparición del periodismo le daría un valor de necesidad social. La ficción de la literatura, le insuflaría de estimulación romántica y nostálgica. Leer ya no podía ser algo superfluo, no había marcha atrás.

No en pocas ocasiones, desde los eruditos se han planteado calurosas defensas a la lectura. Famosas son las apologías de Ítalo Calvino, Umberto Eco y Mario Vargas Llosa al respecto. Están llenas de pasión y subjetividades, pero no por ello exentas de sabiduría. Organizaciones supragubernamentales, como la UNESCO, han expuesto argumentos racionalísimos a favor de la lectura ligándola a la educación, pero también a la equidad social y al desarrollo sostenible.

Hoy vivimos en una Era en la que la lectura es un presupuesto individual y social, aunque la historia real haya sido otra. Según la UNESCO, casi el 87 % de la población mundial mayor de 15 años sabe leer y escribir. Empero, 754 millones de adultos carecen de conocimientos básicos de lectura y escritura y dos tercios son mujeres.

Hay, con todo, mucho que leer. Aproximadamente 2,2 millones de libros se publican cada año en el planeta. Y un informe de Statista revela que el mercado editorial mundial vive y colea, con un valor de 140 850 millones de dólares a cierre de 2022, y que se espera crezca en casi 33 000 millones en los próximos diez años.

------------

(*) Colaborador y articulista.

*****

Hoy vivimos en un mundo donde la lectura es un presupuesto individual y social, aunque la historia real haya sido otra.

*****

Deja tu Comentario