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La visión original del Proyecto Olmos, cien años después

Escribe: Freddy Centurión González (*)
Edición N° 1410

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En 1925, el ingeniero Charles Sutton emprendió la construcción del proyecto de irrigación de Olmos, con el respaldo decidido del gobierno de Leguía, como símbolo del impulso modernizador. Cien años después, esta obra emblemática, frustrada entonces, reiniciada y concluida después, se halla rodeada de controversias sobre su manejo en la gestión del recurso hídrico. Revisar el texto de Sutton hoy permite no solo reconocer una visión técnica adelantada a su tiempo, sino también reflexionar sobre los desafíos persistentes en torno a las obras de Olmos.

Una de las revistas más importante para conocer la construcción de obras públicas impulsadas por el régimen de la “Patria Nueva”, encabezada por el lambayecano Augusto B. Leguía, fue “Ciudad y Campo y Caminos”, editada entre 1924 y 1930. En su edición correspondiente a agosto de 1925, el ingeniero Charles W. Sutton, director de la Comisión de Irrigación de Piura y Lambayeque, publicó un artículo titulado “La Irrigación del Departamento de Lambayeque (Pampas de Olmos)”, que intentamos glosar en estas líneas dada su extensión.

En el artículo, el ingeniero Sutton explicaba que el proyecto de irrigación de Olmos, promovido por el gobierno, buscaba desviar las aguas de “una cuenca del sistema del Amazonas a la costa del Pacífico por medio de una serie de túneles, el más largo de los cuales tendría una longitud de 16 kilómetros y que atravesaría la Cordillera Continental”. El agua se colectaría en un gran canal troncal, que también recibiría las aguas de los ríos Olmos, Motupe, La Leche y Chancay, formando un único sistema de irrigación cuyas fluctuaciones naturales serían equilibradas por el almacenamiento y derivación de las aguas de los ríos Huancabamba y Chancay.

Gran infraestructura

El proyecto incluiría represas en ambos ríos: una en el Huancabamba, de 70 metros de altura, cuyo objetivo era mantener un caudal constante de 20 metros cúbicos por segundo durante todo el año, y otra en el Chancay, destinada a asegurar un riego constante en los terrenos azucareros del delta del Chancay. Las modificaciones en el sistema de riego y drenaje del delta del Chancay, indicaba Sutton, eran de necesidad inmediata para permitir el riego perenne en estas áreas.

El área regada de manera constante por el proyecto, calculaba el ingeniero, alcanzaría las 42,000 hectáreas. En ese momento, la situación de los terrenos agrícolas era compleja, ya que los derechos de agua establecidos no permitían un uso perenne para la mayoría de los regantes de la costa. Si los derechos se ejercieran de manera arbitraria en los ríos de Lambayeque, solo 25,000 hectáreas recibirían riego constante, mientras que las otras 50,000 dependían de aguas intermitentes que llegaban solo en la temporada de verano, lo que limitaba la producción agrícola tanto en calidad como en cantidad.

Con el proyecto de Olmos, afirmaba Sutton, se aseguraría el riego constante para las 75,000 hectáreas ya irrigadas y se añadían otras 67,000 hectáreas de terrenos áridos, mejorando significativamente la productividad agrícola en la región.

Una vez comprendidas las características generales del proyecto de irrigación de Olmos, Sutton pasó a explicar sus fases constructivas, comenzando por los caminos, considerado como el primer gran desafío, ya que eran necesarios “no sólo para transportar materiales de construcción desde los almacenes centrales en el Puerto de Pimentel, sino también para establecer comunicaciones con los centros de abastecimiento de jornaleros, siendo asimismo necesarios para estimular el movimiento de víveres y para la administración de las varias obras”.

La magnitud de la tarea se comprende al considerar las distancias: 174 kilómetros separaban Pimentel de las obras en el río Huancabamba; 82 kilómetros iban desde Pimentel hasta la represa de Carhuaquero, y otra distancia similar debía recorrerse hasta las zonas de explotación maderera para el soporte estructural de la represa. Entre los puntos más distantes del proyecto, como de la zona sur de explotación de madera hasta la parte norte en Huancabamba, el recorrido alcanzaba los 300 kilómetros. Además, Sutton estimó que para enlazar con los distritos de la sierra, de donde provenía buena parte de los trabajadores y víveres, se necesitaban al menos 200 kilómetros adicionales de caminos.

Inicialmente, se proyectó la construcción inmediata de 270 kilómetros, de los cuales ya se habían completado 228. Luego, se añadieron 80 kilómetros más para conectar con el distrito de Santa Cruz, contando con el apoyo de los habitantes. También se decidió establecer conexión entre Carhuaquero y la región de Chota, donde las fuerzas del gobierno habían sofocado la rebelión del “bandolerismo” encabezado por Benel. La Comisión de Irrigación de Piura y Lambayeque contaba con el equipo necesario para ejecutar estas obras viales en zonas montañosas, incluyendo maquinaria ensamblada en Pimentel, lista para su traslado a los puntos necesarios.

Durante el desarrollo del Proyecto de Irrigación de Olmos, el gobierno emprendió múltiples obras de gran envergadura para hacer posible el aprovechamiento eficiente del recurso hídrico entre la sierra y la costa norte del Perú. Junto con la construcción de caminos, se iniciaron los trabajos para la represa de Carhuaquero, proyectada como una estructura de relleno hidráulico. Se planificó levantar grandes diques de roca en ambos extremos del valle, que serían complementados con materiales conducidos mediante un sistema de acueductos metálicos sobre caballetes de madera cortada en las cabeceras del río Saña.

Obras en el delta del Chancay

El agua necesaria para el transporte del material de relleno sería derivada del río Cumbil, un afluente del Chancay. Esta derivación implicaba un canal de 17 kilómetros, con una caída de 70 metros al llegar a los depósitos de arcilla. Al final del canal, dos tubos de acero enviarían el agua a monitores hidráulicos, cuyo caudal cargado de tierra alimentaría la represa. Un túnel de desvío, forrado en concreto y de 390 metros de longitud, serviría durante la construcción para mantener seca la base de la represa y luego como sistema de descarga permanente. Asimismo, se proyectó un rebosadero en el extremo norte para el exceso de agua.

Un campamento permanente se estableció en Carhuaquero, con todas las instalaciones necesarias: viviendas, hospital, almacenes, talleres y oficinas. El canal inicial para los monitores se convertiría más tarde en un canal de fuerza motriz de 1,300 H.P., destinado a alumbrado y usos industriales derivados del aumento de la actividad agrícola. Las enfermedades como el paludismo y la disentería, intensificadas por las lluvias, destacaron la urgencia de implementar sistemas de drenaje, agua potable y desagüe, ya iniciados junto con los caminos. Estos sistemas ya beneficiaban al puerto de Pimentel, aislándolo de las aguas contaminadas del delta.

También se proyectó un nuevo cauce para derivar parte de las avenidas del río Chancay hacia el norte y unirlas cerca de Lambayeque con las aguas del río Huancabamba. El excedente del Chancay sería finalmente conducido al mar por la ruta más corta hacia el puerto de Eten. Para estas obras y otras de mayor envergadura, como los canales de drenaje principales, se utilizaron excavadoras mecánicas de gran potencia.

Derivación del Huancabamba

La derivación del Huancabamba se planeó totalmente en túneles. Los primeros dos kilómetros se dividieron en 12 túneles pequeños, excavados con compresores portátiles que además proveerían energía a la maquinaria utilizada en los túneles mayores. Esta sección produciría 3,000 caballos de fuerza durante la mayor parte del año. Para asegurar constancia energética en la estación seca, se proyectó una segunda central hidroeléctrica. Durante el primer año, una planta auxiliar a vapor cubriría las necesidades energéticas.

La instalación definitiva incluiría compresores estacionarios, ventiladores, bombas y tranvías de desmonte, todos alimentados por una línea eléctrica principal. Una vez derivadas, las aguas del Huancabamba descargarían en las cabeceras del río Olmos, permitiendo desarrollar hasta 120,000 H.P. teóricos. Aunque no se esperaba un mercado inmediato para esta energía, la infraestructura hidroeléctrica construida durante las obras sería reutilizada para electrificar la región norte del delta del Chancay.

La derivación del Huancabamba continuaría con cuatro túneles, tres de entre 3 y 4 kilómetros, y uno de 16 kilómetros que atravesaría la cordillera. El mayor desafío en su construcción sería la ventilación, que se resolvería mediante piques y turbinas especiales. Todos los túneles serían revestidos en concreto y equipados con vías férreas permanentes. El desmonte se haría con cargadores mecánicos eléctricos.

Tras llegar al río Olmos, las aguas seguirían su curso natural desde los 1,500 hasta los 200 metros sobre el nivel del mar, hasta un túnel de 2 kilómetros que las conectaría con el río Motupe. Desde allí, una porción se destinaría a irrigar 8,000 hectáreas en el desierto de Olmos, origen del nombre del proyecto, que aspiraba a regar una vasta área árida. Las aguas seguirían por el Motupe 16 kilómetros, y luego serían derivadas en un canal al valle, uniéndose con las del Chancay a 50 metros sobre el nivel del mar.

Gran parte de las obras iniciales se habían concentrado en infraestructura de apoyo: talleres, campamentos, almacenes y caminos. Pimentel había sido beneficiado por las obras, pues se terminó un canal de drenaje para proteger el puerto, se iluminaron sus calles, y se le conectó con caminos para automóviles. Si bien las lluvias de 1925 habían atrasado el proyecto al afectar las comunicaciones con los daños causados a la infraestructura, no llegaron a dañar los campamentos y las obras en Carhuaquero. Ello permitió a Sutton concluir su artículo, afirmando que “el Gobierno sigue con empeño la prosecución de su programa y espera terminar a fin del año 1929”.

Es difícil evaluar los logros de Sutton en Olmos, ya que el régimen de Sánchez Cerro, tras derrocar a Leguía, condonó la destrucción e incluso expropiación de los planes del proyecto, la construcción y la maquinaria.

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(*) Abogado, docente universitario e historiador.

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