En la versión del destacadísimo escudero de la tía Dina, la que dijo ser mi mamá y por padre me impuso al memero en serie, se evidencia nuevamente que no aprendió nada en México cuando dizque estudiaba algún posgrado. Resulta que hace mucho tiempo, pero mucho tiempo un ministro inauguraba una institución con alta tecnología para la época y al finalizar su alocución dijo que lamentaba que tanta tecnología será para niños especiales, cuando por aquellos tiempos, así se les llamaba. Ya con el tiempo se ha dotado de definiciones más próximas que no discriminan por ello y que por el contrario se incorpora a la «normalidad», aunque ya con tanta variedad no sabemos quiénes son los normales o tal vez pensemos que ser político es normal, porque todo se ha normalizado, incluso las aberraciones de Quero.
Dentro de las normalidades entiendo que ser mochasueldo o sostener que las prácticas sexuales de los profesores con las niñas en la selva es un tema cultural tiene reparos, sobre todo cuando pensamos que lo normal es distinto de lo anormal. Ser autista o haber desarrollar el trastorno de Asperger, si acaso, es una personalidad que el mismo Freud dijo alguna vez, puesto que no interesa lo que dijo Freud y es más fácil discriminarlos antes que asumir que ellos son manifestaciones humanas que se caracterizan por rasgos diferenciadores. Cuando se habla de identidad, esta se sustenta en la valoración de las diferencias, por ello es que nuestra identidad es diferente de otra. Por lo tanto, un niño autista posee sus propias características que deben ser entendidas como normalidades que no son objeto de discriminación. En todo caso, los que no son idiotas son normales frente a los idiotas. Tanto como los babosos —segregar saliva— son normales dentro de su babosería y se distinguen de los no babosos, ¿así funciona el concepto discriminador de Quero?
Tratar sin discriminar
Es cierto que nadie quisiera que en la familia tengamos a un niño autista, porque no sabemos cómo debería ser nuestra interacción y, ¿si la supiéramos?, puesto que considero que «soy normal» y concierto coeficiente intelectual, lo que me corresponde es demostrar que mi inteligencia me permite tratarlo como corresponde sin discriminarlo, por lo tanto, mi normalidad se pone a disposición del niño autista para que en ese escenario se valore sus diferencias como cuando nos damos cuenta que somos diferentes por nuestra profesional, por nuestras creencias, por nuestro credo, etc. Yendo por el sendero de las diferencias, una persona pícnica sería anormal frente al ciclotímico, un individuo flemático sería anormal al viscoso, un pesimista sería anormal frente al altruista, un ahorrador sería anormal a un despilfarrador. En cambio, si pensamos que ser político es normal, claro que sí, pero no es lo mismo que el ministerio de educación sea conducido por un anormal por cuyas anormalidades sea noticia antes que por bajar la tasa de deserción escolar o estar atento cuando el vejamen aumenta en las escuelas.
Freud y Jung
El malísimo Quero debería repensar si su consciente intelectual o mínimo ejercicio de lectura haya revisado la línea de Car Jung, quien sostiene que la personalidad es «un conjunto de características que definen a una persona en cuanto a sus sentimientos, actitudes, pensamientos y conductas». En esta lógica, el introvertido sería anormal si se compara con el extravertido. Aunque los postulados de Jung no tuvieron el monopolio que tuvo Freud, siempre deja la sensación de la existencia de las diferencias.
Por otro lado, en el extremo de la libertad por definir la personalidad, el mismo Freud (maestro de Jung) decía que la personalidad «es un modo de lidiar entre los conflictos internos de la persona y las demandas exteriores». Nos vamos a lo más reciente y sobre la personalidad se define como «la organización dinámica dentro del individuo de aquellos sistemas psicofísicos que determinan su conducta y su pensamiento característicos» Gordon Allport (1986). Así como Salazar Bondy había dicho que ni los filósofos sabían lo que es exactamente la filosofía, entendemos que tampoco sabemos si Quero es normal dentro la «cuasi normalidad» o es que un autista y sus características le dan sentido ontológico y etológico a la personalidad sin pensar en lo que es normal o anormal.
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(*) Docente e investigador Renacyt. Palmas Magisteriales 2016.
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