Enfrentar el poder popular asumiendo el siniestro poder de las manos de la señora causa vértigo cuando se oye la racionalidad y poderío que se ha generado. Ironía y mucho sarcasmo sobre su siniestra belleza que las cosquillas deben ser tan débiles que no le causa gracia. Se trata de una respuesta postraumática a sus días en el quirófano. Medir el poder mediante la mentira frente a los adversarios resalta un acto desesperado que ha sido una constante, sin embargo, al mirar a los oponentes disemina reacciones que representan la absoluta discrepancia y no representación social. En el contexto de la política, todo es posible y ello no excluye malas prácticas o mañas que sirven para caracterizar el rol humano cada vez que requiere notoriedad en medio del escándalo y sus recurrentes efectos en la desnaturalización humana frente a los delicados puntillazos que pretenden algunos cosquilleos. No quiero pensar que cada cosquilla le pertenece a su muñeco con alfileres encontrados junto a los Rolex. Así como no cree en los puyazos de furibundos hincones de perdidos políticos, tampoco cree que se ha ganado el repudio de todo un país que soporta su misma decisión cuando se hizo vicepresidenta por accidente.
La valoración de su poder respecto de una cosquilla es como una coraza, cuya resistencia permite encarar la verdad con sus mentiras. Sentirse con mucho poder frente al resto permite experimentar una despersonalización, pareciera que es un trastorno oscilante, cuya energía genera sensaciones sobre su cuerpo. Minimizar las cosquillas, por analogía, es maximizar su poder; sin embargo, en el escenario de la verdad se trata de una recurrente forma de responder al opositor mediante el ninguneo desde el amplio espectro de la palabra. Ningunear al opositor corresponde a las viejas prácticas de cualquier político, algo así como que «todo le resbala», «está curada», «está bañada en aceite». Ello significa estar preparada o «tener correa», dentro de la vulgaridad se corresponde directamente y sería que la mandataria «tiene calle», «tiene callejón» para encarar al opositor.
Entiéndase por fuerte
Si se trata de caracterizar a la mujer fuerte en palacio, si se trata de identificar a la mujer resistente en el poder, si de alguna manera se pretendería definir la fortaleza de la mandataria habría que dibujar muchos escenarios, porque ser fuerte puede ser frente a la miseria, frente a la pobreza, frente a la desgracia, frente a un accidente, frente a la pérdida de un ser querido. Ello ni siquiera supone pensar que sea fuerte como una «careta» frente al delito; es decir, ser fuerte y por convicción ante el delito no reconocido. Las cosquillas son respuestas ante preguntas evidentes que buscan la verdad perdida en su historia clínica. Una mujer fuerte puede emplear cualquier estrategia, no importa las formas, no importa lo sutil, porque el receptor siempre lo tomará con cierta ironía. Después de todo las cosquillas dependen del rascador cuyo tufillo no siempre es un puyazo del opositor, puede ser un adulador que busca un voto más o menos sorprendido.
Las cosquillas frente a la moral cual fortín de la mandataria son insuficientes, pues lo moral para algunos políticos es una utopía, en todo caso los intereses personales es el límite de su moral. La racionalidad política pareciera que es ajena a cualquier escollo moral. Si por algún momento, dentro de la fantasía, Habermas estuviera en un pleno del Congreso, lo más probable es que tenga ganas irreversibles de morir antes de oírlos en sus parloteadas amorales con refrescantes charlatanerías y el doble rasero que deja de lado lo moral. Las cosquillas de la mandataria es la resistencia irracional encubierta de ironía, es la forma encubierta de existir con el poder y cualquier cosquilla resistir. Finalmente, si es posible que resista cualquier cosquilla, ya sea de la derecha bruta y achorada, de la izquierda siniestra con un cerrón de promiscuidades y exacerbaciones políticas, del poder de la corrupción, entonces poco o nada sirve vivir el tiempo que queda para que deje palacio y se vaya con cosquillas directo a un reducido espacio y pueda compartir la paila o se dedique a verificar a los miles de presos desde la otra Reniec, donde los nuestros ganan licitaciones en cualquier ministerio.
(*) Docente universitario e investigador Renacyt. Palmas Magisteriales 2016.
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