Así como la salsa y la historia colombiana o cubana, la carranga, el vallenato o el movido merenguito está, por este lado de América Latina, la cumbia y sus diversas manifestaciones. El sanjuanito del norte y la cumbia sanjuanera han sido construcciones sociales que, con el tiempo, han permitido crear espacios de identidad. Precisamente, las diferencias entre los géneros radican en el estilo y la creatividad. Se encuentra, además, la pureza de algo concebido para saber bailar y disfrutar no solo el género alegre y festivo, sino la conexión con los integrantes de Armonía 10. El polifacético Ruso y su tierno origen en el género cumbiambero es el símbolo que marcará un antes y un después hasta en embuste de muchos políticos que no usan el poder para demostrar precariedad. Las historias después de la muerte se pueden tejer en los tribunales y las responsabilidades siempre serán políticas y por ello no siempre existe la cárcel. Todos los géneros musicales son bienvenidos, incluso los santiaguitos, a ritmo de violín en Huancayo que vivifican el sentido de pertenencia.
Alegría y tristeza son dos manifestaciones humanas, casi contradictorias. Podemos bailar hasta con el género del fallecido aquel primero de noviembre, porque se entiende que allá «en el cielo» seguirá cantándole a la comadre sin ser “pendejerete”. Bailar alegre sobre la tristeza o que cualquier tristeza se convierta en alegría con la cumbia es la simbiosis que el ser humano construye recurrentemente. Casi siempre, se presenta esta dulce contradicción. Con la cumbia se celebra hasta una partida al cielo, la tristeza puede ser aplacada con una melodiosa cumbia si solo es de Armonía 10. No había derecho de quebrar la voz de este modo y ser parte de la noticia, que refleja la incompetencia de Santivañez, pero que vive forrado del insulso poder, cuyo cómplice se llama blindaje. La cumbia no podría ser el límite para ver que el vaso rebalse, nunca debió tener un destino así y que los responsables bailen el mismo ritmo. Será innegable que contagioso ritmo bailable sea motivo para pasarla bien, aunque el recuerdo de Ruso poco a poco cambie de color.
Escala la cumbia
Con el tiempo y como cualquier género, la cumbia había transitado de ser marginal y sus relaciones con la pobreza a ser parte de otros estratos sociales, era como mirar la pobreza a ritmo de cumbia y sin negarse a ella. Los barrios «populares» o los «coneros» construyeron, al margen de las diferencias, el sentido de identidad nació hace 52 años, nunca se preocuparon por ser banda, siempre la denominación de agrupación musical, resistió al poder de Banda Blanca (Honduras), recorrió el mismo tiempo que Grupo 5, cuando por los 80 solo llenaban callecitas a ritmo de la Garza Blanca. Agua Marina no se queda atrás, cada quien en su espacio, cada quien en su dominio, cada quien se labró un nombre. Bronco lo hizo en México y no lejos estaba el Grupo Niche en Colombia. Hay cumbia de salón para disfrutarla solamente oyéndola, hay cumbia que alborota la economía, pues de pobres no es. Armonía 10 sembró un delicioso ritmo de la voz del Ruso y su artificio con el trombón de vara nos dejó un legado y evidenció, para pensar, que otros políticos mediocres bailaban a ritmo de la muerte y solícita ley de abandono.
La música y las diferencias, la cumbia y sus ritmos, la letra y sus melodías, ya sea para un corazón serrano o costeño, siempre serán la pauta que nació diferente. Si la consagrada cumbia permitió que seamos un país cumbiambero, alegre, festivo, con credo que le rinde culto a la naturaleza humana; los políticos, dentro de su circo, definieron la miseria humana que corre contracorriente en la misma moto asesina portando la ilegalidad, llevando el manuscrito que se llama ley de modo irresponsable. Para finalizar, antes de que el Ruso cierre los ojos, había un gazmoño protegido por las faldas presidenciales que bailaba su propio ritmo, tan miserable que no le importó lo que pueda suceder para terminar con una visita de cortesía en el congreso antes de su negada censura cantada a los cuatro vientos y con preludios siniestros de quienes bailan sobre mojado.
(*) Docente universitario e investigador Renacyt. Palmas Magisteriales 2016.
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