El tráfico ilegal de vida silvestre es una actividad que genera alrededor de 20 mil millones de dólares cada año a nivel mundial. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente – PNUMA, y la Interpol, se posiciona como la cuarta actividad ilícita más rentable, superada únicamente por el narcotráfico, la falsificación de billetes y la trata de personas.
Este comercio ilegal representa una grave amenaza para la conservación de la vida silvestre en todo el mundo. En la actualidad, aproximadamente una de cada cuatro especies animales salvajes en el planeta se ve afectada por la explotación con fines comerciales. Sin embargo, a diferencia de otros delitos, la opinión pública desconoce la magnitud del tráfico ilegal de vida silvestre, ya que es percibido como un problema menor o anecdótico, quizás por ello, no se le otorga la relevancia debida y no existe urgencia para combatirla.
De acuerdo con la Estrategia Nacional para Reducir el Tráfico Ilegal de Fauna Silvestre 2017-2027, el tráfico de fauna tiene diversos fines, entre los que se incluyen coleccionistas y zoológicos extranjeros, la biomedicina, los mercados de mascotas nacionales e internacionales, la industria del cuero y las pieles, así como otros usos como trofeos, medicina tradicional o amuletos.
Especies y rutas
Brasil se destaca como el país con la mayor biodiversidad del mundo, pero también enfrenta un grave problema de tráfico de vida silvestre, especialmente aves y peces ornamentales, debido a su posición como uno de los principales mercados en esta actividad ilícita. Otros países como Indonesia también enfrentan desafíos similares, con un gran tráfico de aves, primates, reptiles y anfibios. Según algunos estudios, aproximadamente el 90 % de la exportación de reptiles desde Indonesia se realiza de manera ilegal, mientras que Tailandia y Filipinas también se encuentran entre los países afectados por este problema.
En Perú, la demanda de animales vivos como mascotas es la principal causa del tráfico de animales silvestres. Además, el comercio ilegal de partes de animales para la fabricación de recuerdos y adornos también contribuye significativamente a este problema. El país se destaca como uno de los principales puntos de origen y tránsito de fauna traficada en la región andina y amazónica de Sudamérica. En particular, las regiones de Ucayali, Madre de Dios y, en mayor medida, Loreto, son áreas donde se concentra el tráfico de vida silvestre. De este modo, ciudades como Iquitos y Pucallpa desempeñan un papel importante como puntos de acopio, desde donde se distribuyen hacia otras ciudades de tránsito, como Tarapoto, Moyobamba, Chiclayo y Trujillo. Finalmente, las especies traficadas llegan a las ciudades de destino, como Lima, donde se comercializan en mercados de abasto o se envían al interior o exterior del país.
Es importante recordar que el 3 de noviembre de 2022, el Pleno del Congreso de la República aprobó con 93 votos el allanamiento de la autógrafa observada de los Proyectos de ley 196/2021-CR, 463/2021-CR y 933/2021-CR, los cuales tienen como objetivo combatir los delitos de depredación y tráfico de flora y fauna silvestre, en el marco de la Ley 30077, conocida como Ley Contra el Crimen Organizado. Esta medida incorporará específicamente el tráfico ilegal de vida silvestre en la Ley contra el Crimen Organizado, lo que permitirá investigar y perseguir a las organizaciones criminales involucradas en este tipo de actividad, tanto terrestre como acuática. Aunque si bien esta legislación es una buena noticia en la lucha contra el tráfico de vida silvestre, hay controversias en cuanto a su posible efecto sobre los pescadores artesanales. Existe preocupación de que puedan ser criminalizados injustamente. No obstante, en comparación con otros países de la región, esta medida representa un paso importante para abordar el problema del tráfico ilegal de especies y proteger la biodiversidad.
El tráfico ilegal y la salud pública
El tráfico ilegal de vida silvestre no solo afecta la biodiversidad, sino que representa un grave peligro para la salud pública a nivel global, como se evidenció con la pandemia de la COVID-19, que se presume surgió en los mercados chinos de Wuhan donde se vendían especies de fauna silvestre. En este sentido, un reciente estudio realizado en Perú y publicado en marzo de 2024 examinó la presencia de parásitos zoonóticos en monos capturados en diferentes contextos: cautiverio (como zoológicos y centros de rescate), mascotas (en hogares) y comercio (recientemente confiscados o destinados al tráfico). Se identificaron 32 tipos de parásitos, incluyendo micobacterias, foamyvirus de simios, bacterias, helmintos y protozoos. Estos hallazgos revelan que el tráfico de vida silvestre implica la exposición a múltiples parásitos zoonóticos que pueden causar enfermedades en humanos, monos y otras especies. Es importante destacar que estas amenazas no se limitan únicamente a los mercados donde se comercializa inicialmente la vida silvestre. Los monos traficados para el mercado de mascotas continúan siendo reservorios de parásitos zoonóticos y contribuyen a su transmisión en hogares y otras instalaciones de cautiverio donde el contacto con humanos es frecuente.
En Perú, el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) es la autoridad encargada de la gestión de la flora y fauna silvestre en el país a nivel nacional, regional y local. Su principal función es promover la gestión sostenible de estos recursos. Según las autoridades de esta institución, el viaje de un animal silvestre durante el comercio ilegal es cruel, estresante y a veces mortal. Estos animales son transportados en condiciones extremas de hacinamiento, dentro de botellas, cajas, sacos de polietileno y otros envases, expuestos a condiciones extremas de frío y calor, antes de llegar a su destino final. Muchos de ellos no sobreviven debido a las terribles condiciones y al trato cruel e insensible al que son sometidos. Para los infractores, la vida de estos animales es vista como una mercancía sin valor.
Es de vital importancia reconocer el tráfico de especies como un crimen organizado y otorgar mayores facultades legales a las fuerzas policiales y al sistema de justicia para desmantelar las redes criminales transnacionales involucradas en este delito. Asimismo, resulta crucial educar e involucrar a la sociedad civil en la lucha contra este problema, al mismo tiempo que se impulsan mecanismos efectivos de identificación, seguimiento y trazabilidad de las cadenas productivas que involucran fauna silvestre, con el fin de combatir esta actividad ilegal. Finalmente, se requiere fortalecer la cooperación transfronteriza y el intercambio de información entre países, dado que el tráfico de especies es un delito de alcance global y exige una respuesta coordinada a nivel internacional.
(*) Decano del Colegio de Biólogos del Perú – Consejo Regional III Lambayeque y responsable del Laboratorio de Inmunología y Virología del Hospital Regional Lambayeque.
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