En los últimos 35 años el país ha sido testigo de pactos políticos cuestionados, cuyo propósito no era otro que mantenerse en el poder para imponer sus ideas y proyectos. Históricamente se recuerda el vergonzoso acuerdo político entre el APRA y la UNO en las elecciones de 1962, para evitar el triunfo de Fernando Belaunde. Y hoy se ha vuelto a revivir un episodio nefasto con la alianza contranatura entre los partidos Perú Libre y Fuerza Popular, en aras de alcanzar la mesa directiva del Congreso. Los extremos radicales en el Parlamento -de izquierda y de derecha- se han unido para no perder las gollerías del poder.
Las alianzas electorales con propósitos políticos han existido a lo largo de la historia. En casi todas siempre ha existido un cordón umbilical que los conecta: de tipo ideológico, programático o simplemente por simpatías políticas. En los últimos 35 años, diversas agrupaciones se unieron básicamente para las elecciones presidenciales o cuando pretendieron la conducción de la mesa directiva del Congreso. En casi todos los casos, el hilo conductor fue la aproximación de ideas o de planes políticos. En 1988, el Movimiento Libertad, Acción Popular y el Partido Popular Cristiano formaron el Frente Democrático (Fredemo), en respuesta a la severa crisis económica, el populismo y al viraje estatista que había tomado el primer gobierno de Alan García. Luego, en 1990, el Fredemo postularía al escritor Mario Vargas Llosa como candidato en los comicios de ese año y perdería ante el fenómeno Fujimori. Como se aprecia, este frente nació de la conjunción de ideas y de partidos anclados en la derecha conservadora del país, de principios económicos liberales. En el proceso electoral del 2006, se conformó la Alianza Unidad Nacional, integrada por el Partido Popular Cristiano, Solidaridad Nacional, Renovación Nacional y Cambio Radical, todos ellos grupos de derecha y de pensamiento liberal, encabezado por Lourdes Flores Nano, quien perdía por segunda vez en su intento de llegar a la Presidencia de la República.
Para las elecciones presidenciales del 2011 se sellaron nuevos pactos políticos, como la Alianza por el Gran Cambio, compuesta por el Partido Popular Cristiano, Partido Humanista, Restauración Nacional y Alianza para el Progreso. Esta coalición -calificada como un sancochado- no tendría mayor éxito en esa lid, tal vez porque ideológicamente uno de los partidos disonaba del resto, pese a la voluntad de sus líderes su propuesta que no llegó a calar en la ciudadanía. Un partido representaba a la derecha conservadora, dos eran de centro derecha y uno de centroizquierda. Su postulante fue el ultraneoliberal Pedro Pablo Kuczynski, quien quedó en tercer lugar. En ese mismo proceso se presentaría la Alianza Perú Posible, formada por los partidos de centro derecha Perú Posible, Acción Popular y Somos Perú, llevando como candidato a Alejandro Toledo, que terminó en cuarto lugar. La danza de las alianzas continuaría en el plebiscito del año 2016, cuando inesperadamente el tradicional Partido Aprista, de orígenes izquierdistas, y luego convertido por Alan García hacia la centro derecha, pactó con el Partido Popular Cristiano, de la derecha rancia y conservadora, y formaron la denominada Alianza Popular. A esta alianza contranatura, como se denominó en su momento, le fue muy mal, apenas alcanzó el 5,8% de los votos. Este sería el comienzo del final político de García, y cómo no de Lourdes Flores, que desapareció de la escena política.
No quieren perder gollerías del poder
Uno de los acuerdos políticos más vergonzosos que registra la historia es la que se produjo en la década del 60, entre el APRA y la Unión Nacional Odriísta (UNO). Ambas fuerzas políticas querían evitar el triunfo de Fernando Belaunde y decidieron unirse en las elecciones de 1962. Ello no tendría nada de malo y tampoco es ilegal, porque así funciona la política en el país, sino fuera por el propósito subalterno y los intereses personales que estaban en juego. Lo vergonzoso de aquel pacto político, como ha recordado el periodista Carlos Cornejo, es que “Manuel Odría se había dedicado a perseguir a los militantes apristas, los había encarcelado, torturado y asesinado, porque consideraba al APRA una organización subversiva”. La dignidad y el honor tirado por los suelos por cálculos políticos, ambiciones y mezquindades. Y este episodio del pasado cobra vigencia ahora con la cuestionada alianza entre Perú Libre y Fuerza Popular en su intención de llegar a la mesa directiva del Congreso. Este ha sido un pacto infame entre los grupos más radicales del Parlamento; uno de extrema derecha y otro de extrema izquierda. Cómo así, los líderes de ambos partidos, con ideas totalmente disimiles política e ideológicamente, han arribado a “acuerdos convenientes y espurios”. Todo ello, para no perder las gollerías que les da el sistema, seguir ostentando las influencias del poder, y a través de él imponer sus ideas y proyectos. La repartija está asegurada. Como precisa Cornejo, hay una sensación de estupor ante la ausencia de la ética en la política.
El politólogo Alberto Adrianzén, advierte que “la extrema derecha y la extrema izquierda han sumado esfuerzos para apoderarse del botín estatal y controlar el aparato público. Waldemar Cerrón cataliza todo lo que se repudia en la política: el populismo, la cofradía, el misterio, la poca o ninguna transparencia durante la gestión. En tanto, el fujimorismo ha actuado de espaldas al país. Desde antes lo ha hecho con su líder Keiko Fujimori y ahora lo reproduce con una bancada que se ha encargado de establecer cambios alineados a las necesidades partidarias”. Tenemos un Congreso atomizado, con 12 bancadas, con una profunda crisis de representación, donde no hay liderazgos fortalecidos y todo se negocia; pero no en bien del pueblo, sino para satisfacer intereses personales, económicos y políticos. Tenemos una clase política decadente, carente de credibilidad, con caudillos-líderes envueltos en actos de corrupción que degradan a la política. Así recibimos los 202 años de la independencia, con más incertidumbres que certezas, con un pueblo indignado por este presente que los invisibiliza y los excluye del sistema, que reclama cambios profundos en el Estado.
-----------
(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
Deja tu Comentario