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FIESTAS PATRIAS ENSOMBRECIDAS: La gesta independista celebrada con algarabía hoy no será igual

Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
Edición N° 1311

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Sin duda, la fiesta por la patria libre hoy más que nunca se ve oscurecida con la inestabilidad política reinante en el país, producto de la fragmentación de ideas, la polarización y la confrontación constante que cada cierto tiempo tratan de encubar personajes golpistas y la población antagónica al régimen de turno, pretendiendo para ello que el Perú transite por los linderos de un descalabro socio económico total, para colocarnos en el nivel de convivencia precaria, invadida por la inmoralidad y las malas costumbres de aquellos que dicen ser los que nos representan.

La historia

Transportarnos hacia aquellos años de una nación independiente resulta sumamente difícil cuando se trata de equiparar lo que los peruanos del siglo XIX pudieron vivir y lo que desde décadas atrás, después de la gesta independentista, hoy nos toca convivir, por cierto, sin razones evidentes del por qué año tras año la moral ha sido devastada y los principios de humanidad certera han sido vulnerados por uno y otro truhan de ocasión, quienes haciendo uso y abuso de la autoridad conferida, ponen al país como una sociedad invadida por delincuentes de saco y corbata.

Los hechos insoslayables

Se dice y se sostiene que en el Perú pasa de todo, por un lado el accionar de ladrones y ladronzuelos, y a la vuelta de la esquina, los políticos y autoridades con malas mañas que solo buscan su intereses personales, anteponiendo para ello un cinismo conducente a la maldad y la insania pura, que se ve reflejado en el arrebato sistemático, por cierto, en todas sus formas, para apoderarse de lo ajeno y enriquecerse buscando formas indebidas como cultura informal llamada corrupción enquistada en todo el aparato estatal.

Y hay más

La promiscuidad de los actores políticos es cada vez más evidente, tal es así que el “toma y daca” acrecentado que se viene dando en el Congreso de La República, es cada vez menos escondido y más efectista en su gesta oportunista y su operatividad obstinada de adquirir notoriedad de parte de la mayoría de congresistas que no roban, pero buscan con ansiedad compulsiva liderar estratagemas para favorecer a sus pares o  desestabilizar el aparato gubernamental a todo costo, encubriendo y legislando en favor de ellos, menos a favor de los que dicen representar.

El ejecutivo

El primer poder del Estado, siendo tal cual, viene jugando un rol históricamente trascedente para que el Perú alcance la miserabildad a la que ha descendido, tal es así que hoy se tiene a una cofradía de presidentes encarcelados, algunos con libertad restringida y otros ausentes por decisión propia, funcionarios públicos de alto nivel y autoridades encarceladas, todos ellos, claro está, por ser “presuntos ladrones” y uno de ellos golpista de baja monta y torpeza sin igual, pero al final están en la condición que están y donde tienen que convivir por sus adicciones que no tienen cura; es decir, el robo e insano propósito de enriquecerse a costa de sus acciones desmedidas y trasnochadas para lograr el ascenso económico personal execrable y desproporcionado en su real dimensión. 

El aparato justiciable

Cuellos blancos y por qué no de otros tonos, son los que adornan a los inequívocos jueces y fiscales encargados de indagar e impartir justicia, ambos uno más cuestionado que el otro, quienes buscando aspectos procedimentales innecesarios, buscan dilatar los procedimientos justiciables para favorecer al corrupto que con codicia facilista se apropia de los dineros estatales, cuando a la luz de las evidencias, son ellos los que miran de costado las tropelías que los ladrones de saco y corbata logran consumar hechos delictivos con total impunidad y que no tienen, hasta hoy, un plazo de cuando acabar.

La realidad tangible

Sin duda que los hechos tangibles plagados de inconducta funcional, nos siguen arrastrando a un abismo sin profundidad medible, tal es así que, la caída, siendo previsible por su condición misma, nos hace sino mantener la fortaleza y la sabiduría para no caer y seguir en la lucha constante de sobrevivir sin desmayo, con valentía y esfuerzo como un bálsamo natural de vida, mediante el cual, más tarde que tempano tendremos que lograr vencer a todos aquellos inmorales y putrefactos sujetos de baja calidad moral y arraigada falta de humanidad y nobleza, quienes desde ya conocen que lo mal hecho y el daño causado les pasara la factura con un alto costo difícil de asumir.

¿Tendremos algo que celebrar?

Definitivamente que sí y  por qué no. Nuestro patriotismos incólume, la gratitud a nuestros libertarios insoslayable, nuestra peruanidad inalienable, eso es lo que hay que celebrar, aunado a ello el arraigo de nuestra moralidad que nos hace fuertes y proclives a luchar contra lo que nos daña y engaña, máxime si el alma letal del castigo en las urnas, no solo nos otorga la prerrogativa de elegir y ser elegidos, sino como bien sabemos, aquellos que con sutiliza se atrevieron a condicionar el voto con engaño, no solo fueron perdedores, sino, luego de la vil mentira, hoy viven un encierro vasto para meditar que su trafa no les jugó a su favor. Por todo ello, aún nos queda motivos para celebrar la magna fecha de nuestra libertad.

Punto a parte

La fiesta de la peruanidad, empalidecida por cierto por los acontecimientos recientes y los destapes que se vienen dando, no será impedimento para que tanto la gobernante de turno y los parlas de ocasión se acicalen mostrando sus atuendos impredecibles en los eventos y galas llenos de hipocresía donde se mostraran tal cual son, para, aplicando los protocolos retrogradas y engañosos de la existencia de un respeto jerarjico de poderes, reciban con una sutil sonrisa a cuanta autoridad e invitados asista al evento donde más existe hipocresía, que el patriotismo puro que los parlas y algunos más, dicen profesar

La del estribo

Celebración si, aunque con mediana intensidad, algarabía no, porque no hay motivación alguna para alcanzar la emoción que permita desbordar nuestro espíritu patriótico y la alegría plena de ser peruanos a carta cabal, por cuanto el tiempo pasado y el que está por venir, nos van mostrando que el país a quien tanto queremos, irá mutando paulatinamente de la ineficiencia y la inmoralidad, al hartazgo social enardecido y la rebeldía ciudadana que luchará por su patria y buscará que por el bien de una sociedad empobrecida, se vayan todos sin posibilidad de regreso alguno de aquellos que la degradaron y la colocaron – por ahora -, en total indefensión.  

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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.

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