Encuesta revela que existe un rechazo muy fuerte a la lideresa del fujimorismo en una pretensión de postular el 2026, pese a que congresistas y dirigentes de Fuerza Popular lo consideran como la “candidata natural” de ese partido. Esta es una sanción de la ciudadanía a su nefasta performance en la crisis política de los últimos seis años, donde ella ha tenido una alta responsabilidad en la inestabilidad política que ha vivido el país. Las investigaciones fiscales sobre las donaciones de dinero a sus campañas electorales y las acusaciones de liderar una organización criminal, también abonan en su mala imagen.
El 18 de junio pasado, la lideresa de Fuerza Popular había señalado que “no iba a renunciar a su derecho de postular en las elecciones del 2026, aunque todavía no había tomado esa decisión definitiva”. Incluso, para dar fortaleza a esa expresión dijo “estar agradecida por el respaldo que había recibido en tres oportunidades, ya que era la primera mujer en haber llegado a segundas vueltas electorales en el país”. Sin embargo, ese optimismo y su lógica pretensión de postular por cuarta vez a la Presidencia de la República, puede derrumbarse, o por lo menos llevarlo a la reflexión si una candidatura suya es oportuna. Ello, tras conocerse la última encuesta de Ipsos, realizada para Perú 21, donde la resistencia a la lideresa naranja es mucho mayor de lo que se piensa: un 61% de la ciudadanía sostiene que “definitivamente no votaría por ella” en una eventual postulación. Si bien los congresistas y dirigentes de Fuerza Popular lo consideran como la “candidata natural” de ese partido, estos resultados negativos respecto de su popularidad, pueden hacerla cambiar de opinión o entrar en periodo de meditación profunda. Se abre el espacio de consultar con su entorno político más íntimo, su entorno familiar (que incluye a su padre) y su conciencia.
Cosecha lo que sembró
Keiko mantiene un rechazo importante de más de dos tercios de la población, como ha ocurrido con estudios anteriores. Y si se ve el desagregado, en el interior del país el rechazo llega a un 66%, y a nivel de regiones este sube a 81% en el sur. La lideresa del partido naranja está cosechando lo que sembró desde el 2016, cuando su partido colocó a 73 congresistas y se convirtió en la principal fuerza opositora al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Tras su tercera derrota electoral, el partido de Fujimori se constituyó en una fuerza arrolladora y obstruccionista a ese régimen, provocó la censura de varios ministros y fue pieza fundamental en la renuncia de Kuczynski. Esta imagen de todopoderosa y de que ella, a través de su opulenta bancada, era quien prácticamente gobernaba el país, le pasó la factura en los comicios extraordinarios al Parlamento de 2020-2021, donde sólo consiguió ocho representantes. Fue una respuesta a su forma tan vil y mezquina de hacer política. Pero regresemos a la encuesta de Ipsos. Otro aspecto que coloca bajo la lupa el sondeo está relacionado a la gestión del actual Congreso, el cual tiene un elevado nivel de desaprobación por la enorme decepción que tiene la población respecto a este poder del Estado, y donde la bancada de Fuerza Popular juega un rol importante en la aprobación de leyes intrascendentes que solo benefician a grupos de poder económico y político, y no miran las grandes necesidades de la población. Todo esto suma en contra de la popularidad de Keiko.
Una mochila bien pesada
La hija mayor del exdictador Alberto Fujimori carga una mochila super pesada desde hace mucho tiempo, lo que se ha traducido en un enorme anti voto que no le permitió triunfar en ninguna de las tres finales que disputó con Ollanta Humala, Kuczynski y Pedro Castillo. Nunca fue capaz de reducir ese anti voto que se instaló en el colectivo ciudadano, que recordaba en cada elección los momentos más nefastos del gobierno de su padre y del cual nunca pudo tomar una posición clara sobre temas cruciales de derechos humanos o de la corrupción a gran escala que se gestó en su régimen. Además, en los últimos años ha estado involucrada en hechos poco transparentes que le han merecido varias investigaciones fiscales y hoy afronta un pedido de 22 años y 8 meses de cárcel por el caso Cócteles, y en otra han solicitado más de 30 años de cárcel por la presunta comisión de los delitos de lavado de activos, crimen organizado, obstrucción a la justicia y falsa declaración por la presunta financiación irregular de las campañas electorales de 2011 y 2016. El antropólogo Javier Torres Seoane, sostiene que “el alto rechazo a Keiko Fujimori debe ser leído como una sanción de la ciudadanía a su nefasta performance en la crisis política de los últimos seis años. Las investigaciones fiscales sobre las donaciones de dinero a sus campañas también abonan en su mala imagen. De alguna manera simbolizaría todo lo que los peruanos rechazan de los políticos: la corrupción y su incapacidad de llegar a acuerdos para sacar al país de la crisis”.
No hay cuadros de relevo
Como dije en un artículo anterior, descifrar el pensamiento político de Keiko en estas circunstancias es muy complejo, porque no se sabe cuándo dice la verdad o cuándo esconde algo (aunque en política vale todo). El implacable tiempo dirá si la lideresa del fujimorismo tentará por cuarta vez llegar la Presidencia, que más parece una obsesión enfermiza o querer reivindicar su apellido. Sin embargo, vale preguntarse qué pasará si vuelve a ser derrotada, hará sus típicas pataletas de niña perdedora o apelará al tema del fraude. Lo que evidencia, además, es que este partido no ha preparado cuadros políticos de relevo para sustituir a la Fujimori, considerando su perfil de perdedora consecutiva. Como bien precisa César Hildebrandt: “El fujimorismo es la peor peste que hemos tenido. Es lo peor que nos sucedió y nos va a seguir sucediendo mientras las Juárez, los Galarreta, las Moyano, sigan ahí”. Y agregó que “sus representantes en el Congreso han creado un ‘capítulo delincuencial’ de la política peruana”.
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(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
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