Cuando la ineficiencia se antepone a la proactividad, lo poco avanzado en estos momentos de emergencia se convierte en argumentos inconsecuentes por parte de los gobernantes locales de turno, quienes, con facilismo extremadamente puro y acciones írritas, técnicamente mal motivadas, pretenden hacerle entender a la población de su jurisdicción, que lo poco o nada que lograron hacer, puede ser creíble viendo lo contrario o al revés, lo que hasta hoy no han podido hacer medianamente bien.
La emergencia decretada, producto de las precipitaciones pluviales que hasta hace unos días se han presentado en la región Lambayeque, han puesto al descubierto que muchas autoridades locales, por no decir todas, no han mostrado la capacidad necesaria para atacar la realidad trágica y tangible en la que hasta hoy se encuentran las localidades a su cargo, producto de los dos fenómenos naturales que arreciaron hasta hoy, a las ya dañadas e indefensas infraestructuras del ámbito regional de Lambayeque.
¿Qué es lo que se tiene hoy?
Asumiendo que la verdad es diferente a la credibilidad, hoy se tiene pueblos y ciudades devastadas, deterioradas en su composición de habitabilidad de las personas y el daño ocasionado a la infraestructura básica de la salubridad y las actividades elementales de producción y transporte que hasta hoy no han sido recuperadas, por lo menos, al estado calamitoso en el que se encontraban hasta antes de la ocurrencia de los dos fenómenos, el ciclón Yaku y El Niño. Es decir, no se ha reparado nada tanto en la zona rural como en la urbana, peor aún, no se ve mejora alguna sobre la infraestructura que ya venía dañada.
Sin duda, lo que hoy la región Lambayeque tiene es un “naufragio colectivo”, el cual, cuando este pase, las autoridades y la ciudadanía en su conjunto, habremos aprendido lo que nunca quisimos aprender: prever, ser diligentes y cautelosos ante la adversidad, aunado a ello, la no elección de personajes obstinados compulsivamente para obtener el poder conociendo su falta de capacidades, liderazgo, la inconsecuencia de sus actos y la falta de humanidad de alguno ellos para encarar la crisis situacional en la que hoy se encuentra la región en todos los ámbitos de su jurisdicción.
La pronta acción
Los días pasan, los daños crecen, la contaminación masiva invade cuanto lugar este desprotegido, por supuesto que es la mayoría. En ese estadío, la ciudadanía viene exigiendo y seguirá pidiendo una pronta acción de sus autoridades y su aparato gubernamental, para encarar y superar este bochornoso y triste momento conformado por errores grotescos y clamorosos y acciones que hasta hoy no han dado los resultados esperados, donde la acción conjunta de los órganos competentes para encarar la situación de desastre ha brillado por su ausencia. Pero aún no es tarde, hay mucho por hacer y resolver si cambian de actitud y modifican sus planes de acción para lograr, por lo menos, atenuar el daño causado.
Los paliativos inconsistentes
En los últimos días venimos viendo cómo en algunos sectores del casco central de Chiclayo se vienen reparando – por tramos – pistas y veredas de algunas calles tradicionales de la ciudad, utilizando para tal fin concreto armado para parchar roturas de las pistas y conformar veredas muy dañadas, dejando algunos otros con desgastes muy visibles probablemente a punto de colapsar, donde incluso el sistema de alcantarillado no podría haber sido cambiado, los desniveles mal estructurados y el sistema de drenaje no considerado.
Respecto al manejo de los cauces de los ríos desbordados y el tratamiento de los canales y quebradas por parte de la gobernación regional, si bien se muestra cierta actividad con maquinaria pesada para descolmatar los cauces de los ríos y encausar las fuertes avenidas, todo ello, hasta hoy, resultaría ser insuficiente, por lo que estando a lo descrito, se puede colegir que falta mucho por hacer.
En los distritos, a quienes incluso se le ha asignado millonarias sumas de dinero para enfrentar la emergencia declarada, el accionar de sus autoridades no muestra una labor efectista de resolver en parte los daños ocasionados, tal es así que algunos alcaldes, a pesar de hacer esfuerzos denodados para conseguir no solo dinero, sino también productos de primera necesidad para los damnificados de su jurisdicción, no logran paliar en parte el embalsamiento de ríos y quebradas y, sobre todo, mejorar la habitabilidad de sus conciudadanos, quienes, en su mayoría de los casos lo perdieron todo.
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(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
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