Seis de cada millón de personas en el norte del Perú aceptan convertirse en donantes de órganos y tejidos, índice que no cubre la necesidad que actualmente presentan los pacientes en lista de espera. En el caso de Lambayeque, más de 800 personas requieren el trasplante de un riñón.
Desinformación y escasa formación cultural respecto a la donación de órganos y tejidos, son las principales causas del bajo índice de trasplantes en el Perú. Así lo explica el jefe de la Unidad de Procura, Pedro Rodríguez Quesñay, quien señala a los medios de comunicación como difusores de contenidos errados respecto a este acto de solidaridad.
“El trasplante es un tipo de terapéutica médica, así como entregamos medicamentos, muchas personas necesitan un trasplante. En caso del riñón, hay en promedio 800 personas en diálisis en hospitales y clínicas privadas. Todos los pacientes que se dializan requieren un trasplante, pero no es tan sencillo porque necesitan una preparación previa, pasando por diferentes especialidades hasta llegar a la lista de espera”, refiere Rodríguez Quesñay.
En las listas de espera están aquellos pacientes preparados para recibir un órgano. Como señala Pedro Rodríguez, no es tan sencillo hacer la preparación, porque a veces el hospital no tiene los recursos disponibles para realizar tomografías, análisis de laboratorio y especialistas de turno. Los estudios previos que se realizan evitan o disminuyen la probabilidad que el paciente rechace un órgano, asegurando que esté en condiciones óptimas para recibir el nuevo órgano o tejido.
“El porcentaje de rechazo es menor al 10 %. Incluso si el donante es el hermano gemelo hay posibilidad de rechazo”, menciona Rodríguez Quesñay.
Actualmente, la tasa es de 3.2 donantes por millón de habitantes en el Perú, y un promedio de seis donantes por millón en la macroregión norte. Sin embargo, la cantidad es baja si se considera que en Lambayeque, de las 800 personas que tienen problemas de insuficiencia renal, en hospitales y clínicas, estadísticamente el 50 % necesita un trasplante.
“Son 35 pacientes los preparados y en lista de espera de un riñón, y solo tenemos seis donantes al año. En promedio, al año se realizan 12 trasplantes de riñón. En el Perú hay alrededor de nueve mil personas con insuficiencia renal”, indica la coordinadora de Procura, Patricia Arriola Huerta.
Los órganos más necesitados, después del riñón, son el hígado y el corazón. En el Perú se realizan trasplantes de riñón, hígado, corazón, pulmones, córnea, intestinos y páncreas. Sin embargo, el HNAAA solo está habilitado para trasplantar riñones en caso de órganos, y en caso de tejidos, córneas y médula ósea.
“Cuando una persona necesita un trasplante de hígado o corazón, necesariamente tiene que ser referida a Lima, porque ahí si encuentran los hospitales autorizados por la Organización Nacional de Donación y Trasplantes – ONDT. Asimismo, cuando hay un donante de corazón o hígado, se envía el órgano a Lima.”, añade Arriola Huerta.
Lambayeque tiene una población de más de un millón de habitantes, no obstante el HNAAA es un hospital referencial que abarca ocho departamentos: Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Cajamarca, San Martín, Amazonas y Áncash.
La lista para corazón e hígado es más reducida y, a nivel nacional, hay siempre en promedio de 10 u ocho personas en espera. Lima, al ser única ciudad donde se trasplanta pulmón, hígado, páncreas y corazón, maneja una lista a nivel nacional. En el Perú solo el Instituto Nacional Cardiovascular – INACOR, realiza trasplantes de corazón.
PRINCIPALES OBSTÁCULOS
Unos de los primeros obstáculos en la donación de órganos, según el jefe de la Unidad de Procura, es que el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil – RENIEC, no realiza la consulta sobre si el ciudadano desea o no donar sus órganos, a pesar que la ley exige a los registradores formular la pregunta.
“El segundo problema es que no estamos completamente informados. La ley establece que en la educación peruana debe haber un capítulo extenso sobre donación de órganos, pero no se cumple. Es más, ni en las universidades se trabaja eso. Los medios de información cumplen una labor importantísima, porque pueden transmitir conceptos errados a la población”, añade Pedro Rodríguez.
Al mismo tiempo, se identifica un gran problema en la población sobre el entendimiento del concepto de muerte.
“La mayoría entiende por muerte cuando el corazón deja de latir. Sin embargo, una persona está técnica y legalmente muerta cuando el cerebro cesa irreversiblemente, a pesar que, por el avance de la tecnología, su corazón siga latiendo”, acota Patricia Arriola.
A diferencia del fallecido por muerte encefálica o cerebral, la persona en estado de coma o vegetativo puede recuperarse y su corazón late espontáneamente, aunque puede mantener esta condición por meses o años.
El paciente cadavérico tiene que cumplir la condición de muerte cerebral para ser donante. Sin embargo, una vez que su corazón deja de latir, los órganos dejan de estar aptos para ser trasplantados a otra persona.
“Cuando una persona hace parada cardiaca hace inservible el resto de órganos, al menos en nuestro país. En España, sí se usan órganos de personas fallecidas con paro cardiaco, porque inmediatamente llega la ambulancia, las logran conectar y las mantienen. Acá no, tiene que venir la Fiscalía y ordenar el levantamiento del cadáver y ahí ya no se hace viable ningún órgano por el tiempo que toma”, expresa el jefe de la Unidad de Procura.
PROCEDIMIENTOS EN LA DONACIÓN
“La Ley 28189 establece que se tiene que cumplir la voluntad del fallecido. Una de las formas de verificar eso es en el DNI, pero regresamos al primer problema donde no te preguntan si deseas o no donar tus órganos. El DNI no hace mucha validez”, Rodríguez Quesñay.
Al conocer el caso de una persona con posible muerte encefálica, se coordina con los especialistas para constatar y se verificar el diagnóstico. El neurocirujano evalúa los signos o reflejos que evidencian que el cerebro ya no funciona.
Una vez confirmado el diagnóstico se firma un acta por muerte encefálica y el médico especialista lo informa ante familia. Por ley, el fallecido permanece conectado a un respirador artificial hasta que naturalmente deje de respirar.
“Lo que hace la Unidad de Procura es brindar todas las facilidades y apoyo a la familia. Horas después o al siguiente día, buscamos un momento donde la familia esté en condiciones de escucharnos y nos cercioramos que ha entendido el diagnóstico, porque si están pensando en una posibilidad de recuperación no van a aceptar la donación e incluso no se les puede tocar ese tema. Nunca tratamos de obligar o de convencer a que donen; sino, en primer lugar, ayudarlos a sobrellevar el momento que atraviesan y por último, dejar la posibilidad que su ser querido pueda donar, que su muerte no sea en vano y que pueda seguir dando vida a otras personas. Una vez planteado, la familia empieza a conversar, algunos ya en vida lo conversaron y aceptan de inmediato, otros esperan que lleguen otros familiares para una respuesta”, refiere Patricia Arriola.
A pesar que el DNI del fallecido indique ‘sí’ para la donación de órganos, la Unidad de Procura no asume por confirmada la donación.
“Siempre hacemos la consulta a la familia y ellos tienen la última palabra. Una fiscal nos recalcó en una exposición que al tener una tasa baja de donación y cuando el DNI dice ‘sí’, debemos proceder. Sin embargo, nosotros respetamos la decisión final de la familia”, añade Vilma Torres Alegría, trabajadora social.
La familia al aceptar la donación debe firmar un acta. Si el donante es menor de edad deben estar ambos padres de acuerdo, si es casado, el esposo(a) y, si es un hijo mayor de edad, con uno de los padres o sus hermanos. En caso no tenga ningún familiar se estudia el caso con quién ha vivido más tiempo. Una vez firmada el acta, se coordina con la ambulancia y se pone a disposición una enfermera y un médico para evitar que el donante haga paro cardiaco y certificar que no se transmitirá ninguna enfermedad al receptor.
ESTADÍSTICA
Actualmente, el Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo realiza trasplantes riñón, córnea y médula ósea a asegurados de EsSalud de Áncash, La Libertad, Piura, Tumbes, Cajamarca, Amazonas y San Martín.
Desde el año 1991 se han realizado 218 trasplantes de riñón, 159 de córnea desde 1996 y, 28 de médula ósea desde 2012. Hasta marzo de este año se realizaron cuatro trasplantes de riñón, dos de córnea y dos de médula ósea. Durante el 2015, la cifra ascendió a ocho y 11 trasplantes de riñón y córnea, respectivamente, sumados a 13 trasplantes de médula ósea.
Desde el 2011 hasta el año pasado, cinco corazones, cinco hígados, 12 riñones y cuatro córneas que se obtuvieron en el HNAAA fueron trasplantados en otras redes a nivel nacional.
A cada receptor de órganos o tejidos se le realiza el trasplante dependiendo del seguro que tenga. Es decir, si un asegurado del Seguro Integral de Salud – SIS, consigue un donante de riñón, el trasplante se ejecuta en un hospital del SIS en Lima.
“Hay un convenio firmado donde por aseguramiento universal el paciente del SIS se puede trasplantar en un hospital de EsSalud. Sin embargo, el Ministerio de Salud aún no tiene el presupuesto para los reactivos, sustancias persevantes y medicamentos. Cualquier paciente del SIS es referido a Lima, si son de la Sanidad, son referidos al Instituto de Trasplantes de Órganos y Tejidos de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú – ITOT”, acota Patricia Arriola.
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