El Fenómeno El Niño vuelve a situarse como una de las principales amenazas para la estabilidad económica, la infraestructura y el bienestar social de las regiones del nororiente peruano. Según explica Carlos Gallardo Torres, gerente general del Instituto Peruano de Economía - IPE, la economía nacional avanza actualmente a dos velocidades muy marcadas. Por un lado, las actividades no primarias sostienen el crecimiento; por el otro, los sectores primarios sufren los estragos climáticos, configurando un escenario de alta vulnerabilidad para los próximos meses. A pesar de la resiliencia mostrada en la primera mitad del año por la inversión privada, la falta de preparación adecuada del Estado, el estancamiento de obras de prevención, el deterioro de las condiciones de crédito y el incremento de la inseguridad ciudadana representan serios desafíos para las nuevas autoridades.
Gallardo Torres, quien llegó a Chiclayo invitado por Alternativa, señala que durante los primeros siete meses de 2026, el Producto Bruto Interno – PBI, acumuló un crecimiento general de 3.1 %, apoyado en el desempeño del sector no primario, que registró dinamismo en rubros clave como la construcción y el comercio. Esta aceleración responde a una mayor confianza empresarial tras el periodo electoral y al impulso de la inversión privada.
Asimismo, el déficit fiscal mostró una moderación ubicándose en -1.0 % del PBI a agosto de 2026, favorecido por la coyuntura de altos precios internacionales del cobre y el oro, los cuales elevaron la recaudación minera a 2.8 % del PBI. Sin embargo, las actividades primarias experimentaron un marcado deterioro, cayendo por primera vez desde el segundo trimestre de 2022.
Sectores clave para el empleo y la producción nacional como la pesca, la manufactura primaria y los hidrocarburos registraron contracciones significativas en el periodo enero-julio de 2026. Al evaluar este escenario heterogéneo, Carlos Gallardo Torres enfatizó que la economía avanza con dos ritmos diferenciados debido a que la actividad primaria está siendo afectada por el impacto de las condiciones climáticas del fenómeno.
El impacto pesquero ha sido dramático debido al calentamiento del mar, permitiendo capturar solo una cuarta parte de la cuota de anchoveta en la primera temporada de la zona norte-centro. A ello se suma la pérdida de más de cien mil empleos en las actividades primarias a nivel nacional durante el primer semestre del año. Paralelamente, la inflación total acumuló seis meses continuos por encima del rango meta del Banco Central de Reserva del Perú, situándose en 4.4 % anual a agosto, arrastrada por el rubro de transporte a raíz del conflicto en Medio Oriente.
El fenómeno
Las señales de alerta climática han escalado rápidamente a lo largo del año. En la región Niño 1+2, ubicada frente a la costa norte y centro del Perú, las anomalías de la temperatura superficial del mar registraron hacia septiembre incrementos de hasta 4.6 grados centígrados, superando incluso los valores observados durante el evento de 1983. Esta semana, la temperatura del mar llegó a 7 grados.
De acuerdo con las estimaciones de la Comisión ENFEN, la probabilidad de que el país enfrente un episodio de El Niño de magnitud cálida extraordinaria entre diciembre de 2026 y marzo de 2027 se ha elevado progresivamente hasta alcanzar un 48 %, mientras que la probabilidad de una magnitud cálida fuerte es de 45 %. En los últimos cincuenta años, los episodios extraordinarios causaron reducciones significativas sobre el crecimiento del PBI. Para el episodio previsto en 2027, el Instituto Peruano de Economía calcula una pérdida preliminar de 0.8 puntos porcentuales en el PBI, concentrada en los sectores primarios. Respecto a la magnitud de la amenaza actual, Gallardo Torres advirtió que en 2026 las anomalías de la temperatura del mar registran niveles similares a 1983 y que hacia el verano de 2027 predominarían las condiciones cálidas extraordinarias.
El nororiente
Durante el primer semestre de 2026, las regiones del nororiente aún mantuvieron tasas positivas de crecimiento, lideradas por Lambayeque, Cajamarca, La Libertad, Piura, Amazonas y San Martín, debido a la recuperación agropecuaria tras los embates de 2023. No obstante, el antecedente del fenómeno en el 2023 evidencia el severo riesgo al que se exponen, dado que en aquel año regiones como Tumbes, Lambayeque, Áncash y La Libertad sufrieron importantes caídas económicas.
El peligro que entraña este evento no responde únicamente a la fuerza de las lluvias, sino a las profundas deficiencias de la infraestructura pública y los servicios básicos en la macrorregión norte. Entre enero y marzo de 2027, el porcentaje de población potencialmente afectada por inundaciones en distritos de muy alto riesgo alcanza niveles alarmantes, con Piura liderando la exposición con un 62 % de su población en riesgo, seguida por Lambayeque, La Libertad, Cajamarca y San Martín.
En Lambayeque, distritos enteros como Íllimo, Saña y José Leonardo Ortiz se encuentran catalogados bajo nivel de muy alto riesgo, comprometiendo al 40 % de los habitantes de la región. La precariedad habitacional agrava el cuadro, dado que un elevado porcentaje de viviendas urbanas ha sido construido de manera informal en esta parte del país.
A esto se suma la vulnerabilidad sanitaria, ya que la zona norte cuenta con solo trece horas promedio al día de continuidad en la provisión de agua y apenas un 13 % de acceso a agua segura con cloración adecuada, lo que reaviva el riesgo de epidemias tras lo sucedido en el 2023 con el dengue.
Respuesta estatal
Frente a esta coyuntura crítica, la respuesta estatal presenta serios retrasos. Una encuesta realizada por el IPE a los principales economistas del país revela que la gran mayoría está en desacuerdo con que el gobierno saliente haya implementado las medidas necesarias de prevención y señala que la transición de autoridades dejará escaso tiempo de preparación.
Las cifras físicas respaldan dicha percepción: las tres cuartas partes de los proyectos a cargo de la Autoridad Nacional de Infraestructura iniciados antes del 2023 acumulan un avance físico promedio muy bajo. Asimismo, en el programa presupuestal enfocado en la reducción de vulnerabilidad y atención de emergencias por desastres, regiones como La Libertad y Amazonas registran niveles de ejecución deficientes al cierre de septiembre. A su vez, una parte sustancial de las obras públicas destinadas a la gestión de riesgos y emergencias se encuentra paralizada o abandonada a nivel municipal y regional en toda la franja nororiental.
Sector financiero
Las repercusiones de la emergencia climática proyectada se extienden directamente hacia el sistema financiero. De acuerdo con la Encuesta de Condiciones Crediticias del Banco Central de Reserva del Perú, las expectativas de la oferta de crédito muestran un severo endurecimiento, tocando su nivel más bajo registrado para el segmento de micro y pequeñas empresas. Este comportamiento replica lo sucedido durante el evento climático del 2023, cuando el crecimiento del crédito a las pequeñas unidades productivas colapsó y la mora crediticia en el nororiente aumentó de manera notable. Sobre estas presiones financieras, Gallardo Torres remarca que las condiciones crediticias para todos los segmentos empresariales tienden a endurecerse, afectando con especial énfasis a las micro y pequeñas empresas.
A las presiones climáticas y crediticias se les añade la inseguridad ciudadana, identificada por la mayoría de los economistas como el principal riesgo de corto plazo para la economía. Distritos norteños como Pataz registran tasas de homicidios sumamente elevadas en comparación con el promedio nacional. En cuanto a las extorsiones, distritos como El Alto, Chepén y Yonán encabezan las denuncias dentro de la macrorregión, mientras se proyecta un alto volumen de exportaciones asociadas al oro ilegal.
“Ante este complejo escenario, el sector privado no financiero de la zona norte ha comenzado a implementar acciones de autoprotección, incluyendo el refuerzo de instalaciones, el diseño de planes de continuidad operativa y la búsqueda de rutas logísticas alternativas o la diversificación de productos e inventarios. Estas decisiones abren una ventana de oportunidad para que las instituciones financieras estructuren líneas contingentes de capital de trabajo, créditos para reposición de insumos y préstamos para el reforzamiento de viviendas en los sectores más expuestos”, mencionó.
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