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ISABELLA ARÉVALO: “SE PUEDE SER FEMENINA Y FUERTE”

Escribe: Semanario Expresion
Edición N° 1410

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  • La candidata al certamen Miss Lima reflexiona sobre el rol de la mujer en la sociedad y cómo hacer visible un mensaje de amor y esperanza.

Isabella Arévalo Goicochea, candidata al certamen Miss Lima, fundadora de Dolce & Bella, conversa con Expresión, sobre su candidatura al evento de belleza más importante de nuestro país.

“Con profunda gratitud y admiración, agradezco de corazón el profesionalismo tan generoso de abrirme un espacio en su prestigioso semanario Expresión. Recibir su respaldo en esta etapa tan significativa de mi vida no solo me honra, sino que me compromete aún más a representar con autenticidad, fe y propósito a la juventud peruana”, señaló en sus primeras declaraciones a nuestro medio.

Arévalo Goicochea refirió: “Sé que, en un mundo lleno de ruido, crear espacios para visibilizar mensajes con contenido, alma y esperanza es un acto de enorme valor. Gracias por brindarme la oportunidad de compartir mi historia desde el amor, desde mis raíces, y desde el sueño de construir un país más justo, más empático y más humano”.

Agregó: “Estoy convencida de que la comunicación, cuando nace desde la verdad, tiene el poder de transformar corazones. Y hoy, gracias a Expresión, ese mensaje puede llegar a más personas que quizás necesiten una palabra de aliento, una inspiración o una luz en su camino”, esbozó.

También manifestó: “Reciban los lambayecanos, peruanos en general, y de manera particular los periodistas de Expresión, mi cariño, respeto y mi oración sincera para que Dios siga guiando su labor con sabiduría, sensibilidad y visión. Gracias por creer en mí y por permitir que mi voz, como la de muchas otras mujeres, florezca en un espacio tan digno como el suyo.

¿Cuántos años tienes? ¿Quiénes son tus padres? ¿Dónde naciste? ¿Cuántos hermanos son?

Tengo 24 años y nací en Lima, Perú. Desde muy pequeña, Dios me regaló la posibilidad de conocer muchas ciudades del país, ya que mi padre es militar y su vocación nos llevó a vivir en distintas regiones. Eso me permitió absorber lo mejor de cada cultura, valorar las diferencias y entender que cada ser humano guarda una historia sagrada que merece ser escuchada.

Soy hija de Jorge Arévalo, un hombre íntegro y disciplinado, y de Silvia María Goicochea, una mujer espiritual, valiente y llena de sabiduría. Ellos, con su ejemplo, me enseñaron a caminar en la vida con propósito, fe y compasión.

Tengo un hermano menor, Alejandro, que es uno de mis mayores tesoros. Está estudiando en Inglaterra, pero seguimos profundamente conectados por la oración, el amor y los sueños compartidos. Creo firmemente que la familia es el primer lugar donde aprendemos a amar, a perdonar y a creer en nosotros mismos.

¿Dónde estudiaste el nivel inicial, primario, secundario y superior?

Mi educación fue itinerante, rica en contrastes y profundamente formativa. Estudié en el colegio Salcantay de Lima, luego en el colegio Maristas de Sullana, más adelante en Pensilvania, Estados Unidos, y terminé mi secundaria en el colegio Pedro Ruiz Gallo. Cada ciudad fue un altar donde Dios me mostró la diversidad del mundo, y cada cambio fue una oportunidad para crecer interiormente.

Estar en contacto con personas de diferentes creencias, costumbres y realidades me enseñó a mirar con los ojos del alma, a no juzgar, y a valorar lo invisible. Más allá del aula, Dios fue mi principal maestro, formándome en silencio, en los desafíos, en los momentos de adaptación, y también en los pequeños milagros cotidianos.

¿Cuál es tu profesión?

Estudio Diseño y Gestión de Modas, pero para mí, más que una carrera, es una vocación. A través de ella, descubrí que vestir es también sanar, abrazar, proyectar y dignificar. Creo que la verdadera moda nace desde el alma y se manifiesta como una expresión del amor propio, del respeto por nuestro cuerpo y del mensaje que queremos llevar al mundo.

Por eso fundé Dollce & Bella, una marca que Dios puso en mi corazón no solo para inspirar, sino para servir. En ella hablamos de belleza, pero también de propósito, de espiritualidad, de autenticidad. Porque cada mujer que se mira al espejo con amor conecta con lo más divino de su ser. Mi profesión es mi plataforma para sembrar autoestima, fe y luz.

¿Por qué elegiste ingresar al concurso de Señorita Perú?

Porque sentí que Dios me estaba llamando a algo más grande. A levantar una voz distinta, a demostrar que se puede ser femenina y fuerte, espiritual y visionaria, hermosa por fuera y, sobre todo, por dentro.

Entrar a este certamen es para mí una oportunidad de representar a una generación de mujeres que no teme al cambio, que no se rinde ante el juicio ajeno, y que encuentra en Dios su identidad más profunda.

Quiero caminar esta etapa con la certeza de que, si él me ha puesto aquí, es porque hay una misión por cumplir: inspirar, acompañar y recordar que la belleza no se impone, se irradia desde el alma.

¿Cuál es el aprendizaje que tienes hasta ahora del concurso?

He aprendido que cuando pones tu corazón en manos de Dios, él te moldea en silencio. Este proceso me ha hecho más fuerte, pero también más humilde. Me ha enseñado que la seguridad no nace del aplauso externo, sino de la paz interior que viene de saber quién eres y para qué estás aquí.

Cada paso en este concurso ha sido una oportunidad para soltar el ego y abrazar la autenticidad. Para mí, la competencia no es contra otras mujeres, sino contra mis propios temores. Y allí, en ese lugar de vulnerabilidad, es donde Dios obra sus mayores milagros. Hoy me sé más mujer, más completa, más enraizada en mi propósito.

¿Tienes algún emprendimiento?

Sí. Dollce & Bella nació en mi corazón como un acto de fe. Quería crear un espacio donde la mujer no solo se sienta linda, sino también vista, acompañada y fortalecida. Es una marca que promueve el cuidado personal como acto espiritual, y el empoderamiento femenino desde la aceptación y la verdad.

No vendemos solo productos, compartimos mensajes. No perseguimos solo estética, buscamos impacto. Todo lo que hago en mi marca tiene una oración detrás. Es mi forma de servir, de llevar esperanza y de decirle a cada mujer: “eres suficiente, eres amada, fuiste creada con un propósito”.

¿Qué piensas del papel que cumple la mujer en el sector público y privado?

Creo que la mujer, cuando lidera desde el amor, transforma todo lo que toca. En el sector público y privado, la presencia femenina ha traído no solo eficiencia, sino compasión, sabiduría, justicia y renovación.

Las mujeres somos constructoras de paz, guardianas del cuidado, y portadoras de una fuerza silenciosa que levanta, organiza, inspira y bendice. Nuestra esencia es espiritual, y desde allí ejercemos un liderazgo que no busca dominar, sino armonizar. El mundo necesita más mujeres que gobiernen desde la ternura, que innoven desde la intuición, y que sirvan desde el alma.

 ¿Qué piensas de la violencia contra la mujer?

Es una herida abierta en el corazón de nuestra sociedad. Y duele porque nos habla de una desconexión con lo sagrado. Cada mujer que sufre violencia está viendo quebrado su reflejo divino. No podemos normalizarlo ni callarlo.

Creo que la única forma de erradicarlo es restaurando el amor: en las familias, en las escuelas, en las iglesias. Enseñando que una mujer no es objeto, no es propiedad, no es inferior. Es hija de Dios, portadora de vida, fuente de sabiduría.

Combatir la violencia es devolverle a la mujer su dignidad espiritual y recordarle al hombre que el verdadero poder se manifiesta en el respeto, no en el control.

¿Crees que el Estado peruano no hace lo suficiente para acabar con la violencia contra la mujer?

El Estado ha avanzado, pero aún falta alma en las políticas públicas. No basta con leyes, necesitamos corazones transformados. La violencia persiste porque hay una herida en lo profundo del ser humano, una ausencia de amor y de fe que se refleja en conductas dañinas.

Creo que la solución pasa por un cambio de mentalidad, pero también por una revolución espiritual: necesitamos volver a educar con ternura, a formar varones con empatía, a rodear a las mujeres con redes que sanen, contengan y levanten.

La justicia debe actuar, sí, pero también la familia, la comunidad y el espíritu.

¿Crees que es posible vivir en paz en todo el mundo?

Sí. Pero no será por decretos internacionales, sino por una decisión personal y colectiva de reconciliarnos con Dios y con nosotros mismos. La paz no empieza en las cumbres políticas, empieza en el silencio de nuestra oración, en el perdón que damos, en la compasión que elegimos.

Yo creo en la paz como fruto del Espíritu, y sé que, si más personas nos atreviéramos a vivir desde el amor, podríamos cambiar el mundo. No será fácil, pero sí es posible. Y empieza por ti, por mí, por el corazón que se abre a amar sin condiciones.

¿Te gustaría ingresar a la política? ¿Si te invitaran a participar para la Cámara de Diputados o al Senado, te animarías?

Sí. Siempre y cuando esa participación esté guiada por la verdad, la ética y la voluntad de Dios. Creo que la política es también un llamado al servicio, y si lo hacemos desde la fe, puede ser una herramienta de restauración social.

No quiero estar en la política para figurar, sino para transformar. Para defender causas justas, para levantar voces silenciadas, para legislar con conciencia espiritual. Si algún día ingreso a ese mundo, lo haré con los pies en la tierra, pero el corazón en el cielo.

¿Qué piensas del aborto?

Creo en la vida. Y creo también en el dolor de muchas mujeres que se sienten solas, desamparadas o sin opciones. Por eso, más que condenar, propongo acompañar. Escuchar sin juzgar, proteger sin imponer, amar sin condiciones.

El aborto no es una solución, es una herida. Pero también es una oportunidad para que la sociedad despierte y abrace más. Necesitamos educar con amor, prevenir con verdad, apoyar con justicia. Y, sobre todo, necesitamos volver a creer que toda vida tiene valor, aún antes de nacer.

¿Qué harías para acabar con la pobreza?

Empezaría por sanar el alma de quienes la padecen. Porque la pobreza material muchas veces nace de una pobreza interior: la falta de esperanza. Por eso, además de generar empleo, salud y educación, apostaría por proyectos que despierten el propósito, fortalezcan la autoestima y conecten a las personas con su dignidad espiritual.

La pobreza no se resuelve solo con pan, sino con sentido. Si logramos que cada ser humano se sepa valioso, capaz y amado por Dios, entonces empezará a construir una vida nueva. Desde el interior hacia el exterior.

¿Qué mensaje nos dejas?

Que tu vida tiene sentido. Que no estás aquí por azar, sino por diseño divino. Que Dios te soñó, te pensó y te formó para brillar, para amar, para servir.

La belleza no es un ideal estético, es una fuerza del alma. La verdadera mujer hermosa es la que vive con propósito, que inspira con sus acciones y que ama con entrega.

Y si algún día dudas de tu valor, recuerda esto: no necesitas aprobación del mundo si ya tienes la mirada de Dios sobre ti.

Sigue adelante, cree en ti, abraza tu fe y permite que tu vida sea un reflejo de la luz que llevas dentro.

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