El próximo mes, Rosa Jacinto deberá llevar a su madre, una señora de casi 90 años, a su consulta de geriatría, cita por la cual estuvo esperando por varios meses. Sin embargo, hasta ahora no sabe cómo hará para sacar a su madre de casa, pues desde que rompieron su vereda ha quedado prácticamente encerrada. Y hacer que una nonagenaria baje por la pendiente que ha quedado de su casa a la pista, también rota, se vuelve una tarea casi imposible.
La situación de Rosa Jacinto la viven todos los vecinos de las calles José Olaya, San Martín, La Libertad y Diego Ferré, en Puerto Eten, quienes desde finales de abril vieron cómo rompieron sus pistas y veredas, sopretexto de una obra de mejoramiento de la transitabilidad, que a los días de iniciarse quedó paralizada.
“La obra nos generó ilusión. ¿Quién no va a querer tener su calle bonita, arreglada? Pero como dicen, fue carrera de caballo y parada de burro. Me siento demasiada defraudada por el alcalde. Yo no voté por él, pero me dio gusto ver que empiece esta obra, pero vean lo que está haciendo ahora”, señala con tristeza Yolanda Quesada, otra vecina del sector.
Parafernalia
La obra “Mejoramiento y ampliación del servicio de movilidad urbana en José Olaya cdra. 3 y 4, Av. San Martín cdra. 5, 6 y 7, y calle Diego Ferré cdra. 2, 3 y 4” tiene un monto contractual de 5 millones 318 mil 761.16 soles y se encuentra a cargo del Consorcio Adonai, cuyo plazo de ejecución es de 150 días calendario. La obra fue financiada con recursos del Fondo de Compensación Regional.
Rosse Esparza Huamanchumo, hija de la propietaria de uno de los restaurantes ubicados en la calle Diego Ferré, recuerda que el 24 de noviembre del año pasado se puso entre bombos y platillos la primera piedra de esta obra. Incluso, a los emprendedores de los restaurantes de la zona comercial se les pidió que colaboraran con la preparación de platos típicos para recibir a la comitiva encabezada por el gobernador regional Jorge Pérez Flores y el alcalde de Puerto Eten, Enrique Baca Castañeda.
Tras esto, un grupo de 99 vecinos envió una carta a la autoridad edil para pedir que la ejecución de la obra se realice por tramos, empezando por aquellas calles de menor actividad comercial y dejando para marzo de este año a las de mayor dinámica como Diego Ferré y José Olaya, a fin de que no se perjudique a los emprendedores porteños, quienes aprovechan los meses de veranos para capitalizar y resistir el resto del año, donde la afluencia de visitantes es mucho menor.
“No recibimos respuesta del alcalde, por el contrario, se tejió el discurso de que la obra no iniciaba porque los restaurantes nos oponíamos y eso era totalmente falso, porque la autoridad edil nunca se acercó a conversar con nosotros. Pero bueno, finalmente la obra empezó a finales de abril, algo que nosotros saludamos porque quién no quiere vivir en un distrito con sus pistas y veredas renovadas, nos ayuda a embellecer nuestros negocios, pero a los quince días la obra se paralizó y desde entonces no hemos tenido novedades del alcalde, que ni nos ha visitado ni convocado para siquiera explicarnos por qué se paralizó la obra y cuándo se reanudará”, señala.
Son alrededor de 35 los negocios que se han visto perjudicados entre restaurantes, hoteles, boticas, bodegas, panaderías, tiendas y cocheras las que se han visto afectadas.
Por su parte, Pablo Lamas, otro morador porteño, cuestiona que estando Puerto Eten en la Ruta del Papa se encuentre en esta situación. Él teme que esta obra corra la misma suerte que la de la calle Simón Bolívar, que también quedó paralizada y tardó cerca de un año en reanudarse.
“Queremos la presencia del alcalde con sus regidores, lo mismo del gobernador regional, que vengan. Ellos le echaron la culpa a los restaurantes de que la obra no empezaba, ahora ya empezó y está paralizada. La obra de saneamiento se hizo hace dos años, el alcalde recibió esta obra, y ahora dice que porque los desagües han colapsado no se puede avanzar. Aquí hubo otra obra igual, la de Simón Bolívar, donde ya hasta plantas habían crecido. El pueblo se tuvo que levantar para que la reinicien y se pueda culminar. Temo que lo mismo será acá”, indica.
Negocios a la baja
Los empresarios como Virginia Huamanchumo también están preocupados al ver que sus negocios se descapitalizan ante el desinterés de los visitantes por llegar a Puerto Eten.
“En esta época del año, los únicos días que tenemos afluencia de gente son los sábados y domingos, pero ahora ni siquiera esos días llega gente por el estado de las calles. Tenemos pérdidas económicas, además de préstamos en los bancos. Y los intereses no esperan. Yo le pediría al alcalde que por favor reinicie la obra que comenzó entre bombos y platillos, que se ponga la mano al pecho”, señala la empresaria.
Aún más crítica es la situación de un hotel ubicado en la calle Diego Ferré, que ha tenido que cerrar totalmente sus actividades, desde que un huésped iba a alojarse y se cayó en una zanja de desagüe.
“A este hotel sí llegaban personas, pero desde que rompieron las pistas y veredas los dueños decidieron cerrarlo. Cómo es posible que los turistas vengan y se caigan en los desagües abiertos. No hay condiciones de acceso para ellos. Yo conozco al dueño. Para qué va a pagar personal si ya no llega nadie y cuando alguien llega corre el riesgo de contagiarse de enfermedades por los malos olores o incluso de caerse. El alcalde como autoridad debería pasar por aquí para que al menos tape estos desagües, pero nada”, sostiene Luz Ucañay.
Ni las misas
La afectación de esta obra es tal que hasta la parroquia ‘Nuestra Señora del Perpetuo Socorro’ dejó de celebrar misas en su templo y ahora el párroco se ha visto obligado a oficiar misas en los salones parroquiales, pues los adultos mayores no podían acceder a las gradas por la falta de vereda.
“Una vez que empezaron a ejecutar la obra la iglesia tuvo que cerrar. Ya la gente no podía venir los sábados por la noche y escuchar su misa. Ahora todo se hace en la casa parroquia. El padre debe trasladar todos sus ornamentos para hacer la celebración al frente, donde no hay tampoco señalética ni seguridad”, cuenta el vecino Aldo Casas, quien refiere que en toda la calle La Libertad, colindante a la parroquia, los vecinos son en su mayoría adultos mayores.
Desagües
Por si fuera poco, a lo difícil que se ha vuelto la transitablidad, se suma el colapso de los desagües, que ha traído visitantes poco agradables al puerto como roedores y cucarachas.
“Tengo una vecina que tiene a su mamá, la señora Chicoma, en silla de ruedas y ya no la puede sacar. Las ventanas de mi casa permanecen cerradas porque tengo agua estancada al frente, donde ya está creciendo hasta vegetación. Mi niña tiene nueve años y no puede salir por los olores nauseabundos, los roedores y los insectos. Si viera usted en las noches cómo salen las ratas, todo apesta”, lamenta Aldo Casas.
Al respecto, el vecino cuenta que la semana pasada salió con un pico y una palana para hacer un cauce artesanal y evitar que el agua putrefacta del desagüe circule hacia la puerta de su vivienda. También han improvisado unas gradas para que la gente pueda subir de la pista a la vereda, que ha quedado con una pendiente de casi 50 centímetros.
“Hace unos días se cayó una señora en un hueco. Fuimos alertados por sus gritos y tuvimos que auxiliarla, porque ni un agente de serenazgo había. No tenemos ni un punto de señalización para que estas personas mayores puedan transitar. Por aquí no pueden pasar carros, mucho menos una ambulancia, tenemos que sacar cargada a la gente. Estamos encerrados como en la pandemia. Necesitamos que el alcalde venga y nos apoye, si no puede reanudar la obra, que por lo menos venga y solucione el problema de los desagües”, pide el vecino.
Y es que por estos lares de Puerto Eten no hay vecino que no conozca de alguna mala experiencia producto de esta obra paralizada. “La señora Tina se cayó hace unos días, se abrió el brazo, tuvieron que ponerle platino, más de mil soles le costó. Yo tengo que apoyarme para subir a mi casa y no resbalarme. A esta edad ya tenemos los huesos porosos”, cuenta Víctor Medina, adulto mayor de la zona.
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