Palabras del nuevo rector de la Universidad Señor de Sipán, en la Ceremonia de Apertura del Año Académico 2024
Con profundo agradecimiento a la Alta Dirección de la Universidad Señor de Sipán representada por la Dra. Carmen Rosa Núnez Campos y el Mag. Richard Acuna Núñez y con gran entusiasmo y compromiso asumo el reto que con mucha confianza se me ha encomendado, estar al frente del rectorado de esta bellísima casa de estudios. Estoy plenamente consciente de la dignidad de este encargo y del compromiso y responsabilidad que el encierra.
Según su filosofía y su misión, la Universidad Señor de Sipán busca coadyuvar en un ambiente participativo, de libertad y respeto al desarrollo, difusión y consolidación del saber y a la formación de profesionales e investigadores con profundo sentido humano y académico comprometidos con el servicio a sus pares para el logro de comunidades más justas, éticas y humanamente solidarias.
Es por ello que, lo que pretendemos con nuestro trabajo educativo es formar líderes para el servicio y la cooperación, hombres y mujeres de alta competencia académica y científica, conscientes y comprometidos en el desarrollo regional y nacional y siempre al servicio de los demás para poder edificar una comunidad libre, sustentable y equitativa. El aprendizaje de nuestros estudiantes se fundamenta en la comprensión reflexiva de lo cotidiano a través de la contemplación y la experimentación, involucrándolos al conocimiento de sí mismos, a la integridad ya la exactitud.
En primera instancia, el trabajo universitario es básicamente la transmisión de saberes. La preservación de esos saberes que posee una comunidad debe ser la esencia misma de la educación. Pero, la universidad no esta creada para resguardar los conocimientos de antaño y privilegiar lo novedoso del momento reciente, fue creada para mostrar a las futuras generaciones el mundo tal cual como lo creemos y pensamos. Por eso, les hemos de entregar de la misma manera las múltiples posibilidades que pueden llegar a ser como profesionales.
Cabe precisar, además, que las sociedades deben contar con lugares libres como este, en donde maestros y discípulos se juntan a compartir sus conocimientos; el ejercicio de la discusión es un elemento vital para forjar espíritus libres con una cuota altísima de humanidad. La universidad es el lugar para forjar el intelecto, donde hombres y mujeres pensantes y hablantes trabajen en la discusión con otros expertos que hablen y piensen en la indagación, la edificación y la reafirmación de la verdad.
En ese contexto, tras fecundas reflexiones podemos decir que la universidad no es más que el lugar donde se producen diálogos organizados entre diversas formas de ver el mundo. Para construir un lugar de esa naturaleza toma un tiempo prudencial más de los 25 años que cumple nuestra joven institución, pero continuar con esa edificación es y debe ser una faena a la que nos reúne nuestra propia responsabilidad frente al país ya las personas que viven en él.
Dicho de otra manera, este recinto que construimos con nuestro trabajo no está justificado en sí mismo, se justifica en todo caso por su rol y la tarea que va a desempeñar en lo social. De esta forma, no debemos hacer del pensamiento y de la rigurosa metodología científica meros objetos de carácter utilitario, pero si poseer el raciocinio necesario de la hipoteca social que pende de ellos. La verdad del momento actual se encuentra escrita en cada hombre y mujer del mundo, desvelarla, hacerla nuestra y transformarla para el bien es el reto mayor que deseo proponer para nuestra universidad. Esta es, por cierto, una postura epistemológica, donde se pone en discusión la justeza y la razón del conocimiento y del quehacer universitario. No queremos una universidad replegada hacia sí misma, deseamos una universidad abierta a las ideas y a los cambios que impone la modernidad.
No queremos caer en ideales educativos que contravienen los ideales de la universidad, queremos formar profesionales exitosos en sociedades exitosas, no solo seremos una universidad profesionalizante, queremos acercar la atención de los estudiantes a los intereses de lo público para que, con sus conocimientos, colaboren con sumo profesionalismo, entusiasmo y desinterés al desarrollo de las comunidades.
Nuestra universidad debe de formar seres de pura autonomía, participes de transformaciones sociales y capaces de ensancharse sin perecer; convencidos de que el mejor bien que produzcamos es una auténtica humanidad. Nietzsche decía: "De nada sirve un libro que no te lleva más allá de los libros". De esta manera el trabajo universitario no debería servir tan solo a la economía, sino también, debería servir para ofrecerle un espacio a la esperanza.
No puedo concluir mi participación sin antes expresar mi reconocimiento sincero a la labor realizada por el doctor Huber Rodríguez Nomura, a lo largo de todos estos años como rector de nuestra universidad. Recibo de sus manos una institución sólida y en constante camino a la excelencia.
Nos toca educar en el cultivo de la humanidad, ese es el único camino posible para poder pensar en un futuro mejor para los humanos.
Dr. C.P Alejandro Cruzata Martínez / Rector de la Universidad Señor de Sipán
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