El 26 de septiembre, el amauta Guillermo Baca Aguinaga cumpliría 100 años de vida. La existencia de este admirable ciudadano estuvo colmada de servicio a la comunidad, en especial a los jóvenes, a cuya atención dedicó su mayor esfuerzo, convencido en que en ellos radica la reserva moral del país.
Guillermo Baca puede es considerado uno de los más ilustres lambayecanos del siglo XX. Su trayectoria política, profesional y social fue coronada con los más altos galardones de la patria, no perdiendo por ello la sencillez y el trato amable que siempre lo caracterizó.
Vida admirable
Nació el 26 de septiembre de 1923 en Chongoyape, en el seno de una familia acaudalada. Su padre fue el hacendado Víctor Francisco Baca Burga, quien llegó a ser senador de la República, y su madre fue María Agustina Aguinaga Bazán.
Estudió en la escuela “Juana Alarco de Dammert” de las Hermanas Bulnes y en el Colegio Nacional de San José, para posteriormente llegar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde siguió la formación profesional en las facultades de Derecho y Letras y Educación.
En su juventud llegó a ser presidente de la Federación de Estudiantes del Perú - FEP, electo en el Congreso Nacional realizado en el Cusco, el mismo cargo que décadas antes había ocupado Víctor Raúl Haya de la Torre, el líder al que siguió toda su vida.
“Fue elegido igual que Haya, también en el Cusco. Baca Aguinaga apostó por una vida de justicia social, luchó por las ideas apristas, siguió a Haya como su discípulo y lo concibió como su maestro y, cómo es la vida, siendo hijo de hacendado prefirió la lucha por la justicia social antes que las comodidades que le ofrecía su familia”, rememora Guillermo Pérez Sialer, quien durante 35 años acompañó al amauta en su trajinar diario.
Maestro y político
Fue profesor del Colegio de San José y docente fundador de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, de la que cesó tras 36 años de servicios académicos. La Organización de Estados Americanos – OEA lo becó a Colombia y Puerto Rico, recorrió diversos países de América y Europa y siempre mostró admiración por el desarrollo cultural de Alemania, país del que importó el modelo para su obra más importante: La Casa Comunal de la Juventud, que hoy con justicia lleva su nombre.
Por su militancia aprista sufrió persecución y cárcel. El recordado líder Armando Villanueva del Campo escribió en sus memorias que en una oportunidad vio salir esposado del penal El Sexto a Baca Aguinaga, a quien pidió que notificara a su familia de su situación.
También fue presidente de la Federación Departamental de Educadores de Lambayeque.
En 1963 fue electo diputado por Lambayeque y dedicó su labor al servicio del departamento, siendo impulsor de iniciativas como la ley del Proyecto Tinajones para la irrigación del valle Chancay – Lambayeque.
Su obra
Años más tarde, por Ley Nº 16736, del 30 de noviembre de 1967, publicada en el cuadernillo de normas legales del Diario Oficial el Peruano el 11 de diciembre de ese año, logró la creación de la ‘Casa Comunal de la Juventud’ de Chiclayo, con la que el Estado inició la transferencia de recursos a un fondo exclusivo para la ejecución del anhelado proyecto, aunque dichos recursos nunca se desembolsaron en favor de la obra.
En 1978 fue elegido como integrante de la Asamblea Constituyente formando parte de la Comisión de Educación.
“La Casa Comunal es la obra de mi vida, porque es tan grandiosa y su extensión no es únicamente para el presente, sino también para el futuro. Una vida es poco para sostener una obra de este tipo, por ello lo que siempre trato es que hayan más personas que trabajen por este anhelo hecho realidad, porque uno no vive para siempre”, declaró en su última entrevista a Expresión, en septiembre del 2010, el amauta.
El proyecto de la casa debió esperar muchos años para hacerse realidad, debido a que el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado incumplió la ejecución de la ley del 67. A los 61 años de edad, en 1984, Guillermo Baca Aguinaga fue elegido alcalde de Chiclayo, emprendiendo una serie de obras de modernización urbana al tocarle la celebración del sesquicentenario de la creación de la provincia.
En 1985 el Concejo de Chiclayo aprobó, a través de su Acuerdo Municipal Nº 015-85 CPCH/A, del 6 de septiembre de ese año, asignar al proyecto de la Casa Comunal los terrenos contiguos al Centro Cívico, área que actualmente ocupa.
“Los creadores, los genios, los pro hombres no ven su obra. Por ejemplo Bolívar soñó con América unida y murió sin ver su sueño hecho realidad. Haya de la Torre, soñador de todo Indoamérica, murió sin ver realizado su proyecto. Yo, sin ánimo de compararme con ambos hombres, expresión de grandeza, puedo decir que tengo la satisfacción de ver día a día cómo miles de jóvenes disfrutan de lo que hace muchos años deseé para ellos: un espacio donde todos son iguales y tienen los mismos derechos”, dijo en vida Guillermo Baca.
El 30 % de lo ejecutado en el proyecto de la Casa Comunal de la Juventud fue gracias a los fondos administrados por la Corporación de Desarrollo de Lambayeque – CORDELAM, de la cual Baca Aguinaga fue presidente.
Desde su fundación, hasta ahora, la Casa Comunal nunca ha aceptado ningún tipo de subvención del Estado o fuentes cooperantes. “Esto por dos razones: porque no han existido y porque de haberlas aceptado se hubiese creado una dependencia innecesaria. La Casa Comunal de la Juventud es autónoma y soberana”, señaló el amauta a nuestro medio.
Señor de señores
“La Casa Comunal es la obra de su vida y en verdad yo no tengo memoria para recordar a otro político que haya hecho algo igual por su tierra. Guillermo Baca siempre pensaba en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones, como los políticos en general. Cuando le preguntaban cómo le gustaba que lo llamen, él no decía ni político, ni doctor, siempre decía: ‘considérenme como un educador, como un servidor’”, rememora Pérez Sialer.
En 1990 fue elegido senador de la República y en 2006, a los 83 años, el gobierno nacional lo designó Prefecto del Departamento.
En el 2003, los representantes de las instituciones centenarias de Chiclayo, como la Sociedad Obreros Primero de Mayo, la Sociedad de Tiro Elías Aguirre, la Sociedad Obreros de la Unión, la Sociedad Amantes de la Artes y la Sociedad de Artesanos del Santo Sepulcro, aprobaron por unanimidad que la Casa Comunal lleve el nombre de Guillermo Baca Aguinaga, al conmemorarse sus 80 años de vida.
Sin embargo, por decisión del amauta el acuerdo no fue implementado, sino hasta el 2007, cuando se sumaron a la iniciativa el Gobierno Regional de Lambayeque, la Municipalidad Provincial de Chiclayo, la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, el Instituto Nacional de Cultura, la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque, los clubes rotarios y de leones y la Asociación de Scout del Perú.
“Guillermo Baca tiene dentro de su historia vital muchos galardones. Recuerdo que el presidente Alan García bromeaba con él y le decía: ‘Tú eres prefecto a perpetuidad’ y él respondía que era prefecto honorífico, porque honorario sonaba a dinero y él nunca cobró un sol al ocupar dicho cargo. Él apostaba por el honor”, refiere Pérez Sialer.
En el 2006, tras el incendio del Palacio Municipal y la pugna por el poder de los exalcaldes José Barrueto Sánchez y Arturo Castillo Chirinos, Baca Aguinaga asumió el gobierno transitorio de la ciudad, tocándole la difícil tarea de devolver la calma institucional al municipio de Chiclayo.
“Fue alcalde de Chiclayo y ese cargo él lo exaltaba, le significaba mucho. Decía Guillermo Baca que el alcalde está muy cerca de la gente porque es uno, a diferencia de los congresistas que son 130 y, a veces, pasan desapercibidos. Cuando fue electo senador de la República dio lección de lo que significaba una campaña austera, cercana al pueblo, resultando elegido entre los 16 senadores que tuvo el APRA en el año 90”, comenta Guillermo Pérez.
Añade que en muchas ocasiones le preguntó si sus gestos de humildad no eran exagerados, a lo que siempre respondió con la frase: “En la sencillez está lo extraordinario”.
Amauta de la Nación
Guillermo Baca Aguinaga recibió las máximas condecoraciones del país. El Estado le confirió la Orden del Sol del Perú en el grado de Gran Oficial y Comendador; la Medalla del Congreso de la República y, en el 2009, las Palmas Magisteriales.
Chiclayo lo reconoció como su Hijo Predilecto, al igual que su natal Chongoyape y cientos de instituciones de toda índole le ofrecieron en vida diversos homenajes por su aporte al desarrollo de Lambayeque y el país.
El corazón del amauta dejó de latir el viernes 15 de mayo víctima de un paro cardiaco, sumando hasta ese día 92 años de vida.
“Se fue Guillermo Baca con su erudición, con su inmensa entrega a la Nación. Una lágrima y una flor para este gran luchador. Guillermo Baca merece todos los homenajes en la mente y el espíritu de todos los lambayecanos, porque ilustró en su honestidad, en su intelectualidad. Fue grande como persona humana y siempre admiró lo que significaba el trato”, menciona Pérez Sialer.
La Fanfarria
Para el último adiós al maestro Baca Aguinaga, cuyos restos fueron velados en el Gran Salón de la Casa Comunal, volvieron a sonar los acordes de la emblemática Fanfarria Aprista de Lambayeque, la legión de músicos y gallardos jóvenes que fundó el 7 de julio de 1963 y que se convirtió en el más vistoso agrupamiento del APRA en el Perú.
Fue el mismo Víctor Raúl Haya de la Torre quien apadrinó a la Fanfarria, cuyos instrumentos fueron traídos desde Alemania. La dirección de la banda de músicos, compuesta por 100 jóvenes, fue encargada a Victorino Amaya Paiva.
La Fanfarria tuvo participaciones apoteósicas, una de ellas en 1967 en Trujillo, para el Día de Fraternidad Aprista. Estuvo conformada por la banda de músicos, las insignias del partido, el estandarte de Haya de la Torre, el escalón femenino de banderas Indoamericanas y los escalones femenino y masculino de banderas peruanas, banderas de los departamentos, estandartes y banderas de diversos países del mundo.
El 12 de julio de 1979, minutos después que Haya de la Torre firmara la Constitución que había elaborado la Asamblea que presidió, la Fanfarria de Lambayeque hizo sonar sus cornetas y clarines en las puertas de Villa Mercedes, donde se encontraba el líder aprista en su lecho de agonía, por iniciativa de Baca Aguinaga. Días después los jóvenes lambayecanos volvieron al encuentro de Haya, pero esta vez en Trujillo, para sus exequias.
Esos mismos jóvenes volvieron a juntarse más de 35 años después para despedir a su maestro y acompañarlo en su último recorrido de la Casa Comunal de la Juventud a la Plazuela Elías Aguirre, donde se ubica el local del APRA, cuya compra se debió también a su esfuerzo.
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