Uno de los retos ante la crisis sanitaria que ha golpeado a nuestro país y al mundo entero es mantener en condiciones seguras a toda la comunidad educativa y un estándar de calidad que permita el retorno progresivo a las aulas, con la participación y la responsabilidad de todos los actores.
Con la llegada de la pandemia todo el ecosistema educativo se vio inmerso en una nueva realidad con desafíos para estudiantes, docentes e instituciones. En este contexto, la educación híbrida es un reto que se avecina. Este modelo educativo combina la educación virtual con la presencial. Su proceso de enseñanza-aprendizaje permite la flexibilidad entre las clases y las actividades en Internet, al igual que las evaluaciones, orientaciones y otros aspectos específicos que fueron vistos tradicionalmente de manera presencial en la escuela.
Mediante esta enseñanza el docente puede emplear la autoevaluación y coevaluación; adaptar sistemas eficientes de gestión educativa; equipamiento, infraestructura y conectividad. Por otro lado, permite una visión de equidad involucrando a todos los estudiantes en el proceso de aprendizaje. Además, cuenta con mayor flexibilidad y movilidad, ya que el proceso se adecúa en gran parte a sus rutinas.
Para Isabel Peñaherrera, especialista de Corefo y Microsoft - Ecuador, es importante realizar nuevas pedagogías que permitan la gamificación, crear conexiones sólidas maestro-estudiante, una experiencia de aula vinculante, personalizada y significativa; y contención socio-emocional. Por su parte, Gabriel Zúñiga, especialista de Corefo y Google for Education - Chile, señala que el rol que cumple la comunidad educativa (docente, estudiante, padres de familia, etc) es adaptarnos a nuevos recursos sincrónicos de forma progresiva.
Frente a este panorama, los especialistas de Corefo explican cuatro beneficios de la educación híbrida:
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