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PERÚ: PAÍS DE HERENCIA AFRODESCENDIENTE

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1073

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Cuando llegaron las poblaciones africanas a la costa del Perú, en la época colonial, también lo hicieron sus tradiciones musicales. Bailes como la marinera, el festejo, el landó y el tondero constituyen las manifestaciones de identidad del país y son el resultado del mestizaje entre los descendientes negros con la población criolla a través del tiempo. Esta cultura rica en tradiciones, bailes y rituales aún se conserva por el trabajo de las agrupaciones artísticas que expresan el folclor afroperuano.

 

Ejemplo de ello es el Grupo de Arte Herencias, que hace 23 años es embajador de la música negra, las danzas y las décimas. Herencias fue fundado el 13 de febrero de 1995 por Iván Santa María Saavedra, profesor de música y danzas folclóricas afroperuanas.

 

Él inició como bailarín y percusionista afro desde 1989, al concluir la etapa escolar. Desde entonces integró el Taller de Estudios Artísticos - TEA, una agrupación conformada por un elenco de música, danzas y poesía.

 

“Posteriormente, en 1995, algunos amigos y yo formamos Herencias. Al inicio solo lo integramos seis personas: cuatro danzantes, yo en el cajón y un ejecutor de bongó. Ahora somos cerca de 25 artistas, entre niños, jóvenes y adultos", cuenta Iván Santa María.

 

EVOLUCIÓN

El artista menciona que como toda agrupación joven tenían dificultades porque no contaban con el vestuario necesario y eran pocos integrantes para gestionar ingresos económicos.

 

"De a pocos aprendí a dirigir al grupo y conforme avanzamos adquirimos la experiencia necesaria para hoy presentar números artísticos de calidad. Esa labor requiere entrega, disciplina y constancia. Actualmente interpretamos danzas afroperuanas, música criolla y poesía, haciendo hincapié en la décima. Las danzas que más desarrollamos son el festejo, la zamacueca, el landó, el alcatraz y en cuanto a percusión tenemos dos secuencias de cajones”, detalla.

 

Iván Santa María señala que una de las secuencias se llama ‘Fantasía criolla’, donde el patrón rítmico es el festejo. En esta destacan el cajón, la cajita, la quijada y el checo.

La segunda secuencia tiene por nombre ‘Terror’ y surge ante la disyuntiva entre el halloween y la canción criolla. Esta secuencia es exclusivamente de cajones con un pequeño fragmento de hip hop. Aquí los músicos inician tocando el cajón cubiertos con una mascarilla, posteriormente se incorpora el hip hop con una coreografía, mientras otro grupo sigue el ritmo con ligeros golpes de cajón.  

 

EL APORTE AFRO A LA CULTURA

“Hablar de afroperuanidad es remitirnos a la llegada de los primeros africanos traídos por los conquistadores españoles a la zona costera del Perú y aunque su historia esté marcada por la esclavitud, lograron atravesar las adversidades con sus manifestaciones culturales que actualmente corren por las venas de la propia identidad nacional”, dice Iván Santa María.

 

Dentro de Lambayeque destaca Zaña, lugar donde se encuentran comunidades afrodescendientes que realizaron, dice el artista, grandes aportes a la cultura en la cocina, la música, la religiosidad y la literatura.

 

“Antiguamente los esclavos negros preparaban comidas a base de menudencias y entre los platos tradicionales encontramos los anticuchos, la sangrecita, y la chanfainita. Asimismo, en la zona de Chincha un plato bandera es la carapulcra. En Lima el plato típico que destaca es el tacu tacu, esa riquísima tortilla gruesa de frijoles y arroz frito en la sartén que cautiva todos los paladares”, menciona.

 

Iván Santa María agrega que la población afrodescendiente estuvo ligada a la elaboración dulcera y muchos de los postres que hoy poseemos provienen de Chincha y Zaña.

 

“Hasta la fecha destaca el frejol colado, postre de manos afroperuanas originario de Chincha y Cañete. También está el turrón de Doña Pepa, dulce tradicional que acompaña la festividad de El Señor de los Milagros que data desde el año 1800”, informa.

 

En cuanto a la música, una de las características principales de la danza afroperuana es el lenguaje rítmico. Géneros musicales como amor fino, el canto de jarana, la copla, incluso las décimas son parte del folclor negro típico que llena de orgullo a la nación.

 

“La música afroperuana es un arte popular. Por ello, los instrumentos que le dan ‘ritmo, color y sabor’ merecen reconocimiento. En primer lugar tenemos al cajón peruano que fue prohibido en la época de la esclavitud por considerarlo como pagano. En el 2007 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación y desde esa fecha se lleva a cabo el Festival Internacional del Cajón. También está el checo, un instrumento a base de calabaza que se toca para acompañar el baile tierra en Zaña, de igual manera para el landó y el festejo”, expresa.

 

Asimismo, destaca la cajita afroperuana, declarada Patrimonio Cultural el 28 de diciembre del 2007. La quijada de burro constituye otro elemento de percusión.

 

EL BAILE TIERRA

El baile tierra es considerado como antecesor del tondero y la marinera y tiene como su principal elemento al checo. Este género musical apareció en Zaña y su principal característica es el frenetismo y la velocidad.

“Zaña es un importante espacio afrodescendiente reconocido como ‘Sitio de la Memoria y Herencia Cultural Africana’. Además, en el 2015 el Ministerio de Cultura reconoció al lugar como Repositorio Vivo de la Memoria Colectiva por albergar el recuerdo vivo de la esclavitud”, informa.

 

El baile tierra es un patrimonio cultural que hace poco se ha incorporado al reportorio artístico de Herencias. Esta manifestación artística estuvo vigente hasta finales de los años 70, pero por falta de documentación no se supo nada de él.

 

“Existe una referencia del baile tierra anterior a la marinera y al tondero. En los videos realizados por el Museo Afroperuano de Zaña con los pobladores más viejos de la localidad se observa que la danza tiene alguna similitud a la marinera y al tondero en ciertos pasos”, detalla.

 

El artista cuenta que el baile tierra tiene una estructura similar a la del tondero, pero solo en algunas partes. El tondero está estructurado por la glosa, el dulce y la fuga. En la primera parte se da el galanteo de la pareja, en la segunda es el acercamiento y en la tercera el zapateo, la parte más alegre y vivaz. En cambio, el baile tierra pasa automáticamente de la primera parte a la tercera.

 

EL CAJÓN PERUANO

“El cajón nació como una necesidad expresiva. Los esclavos al ser traídos de África fueron vendidos en Perú y tenían la prohibición expresa de tocar tambores. Esta restricción obligó a los afrodescendientes a buscar maneras de expresarse y animarse: las cajas rústicas de madera, los trozos huecos de calabazones o cuanto artefacto que pudiera percutirse fue una buena opción, forjándose así dicho instrumento”, cuenta.

 

El cajón nace para la música negra. A principios de la década del 50 se incorpora a la marinera, tondero, el golpe áureo y de manera incipientemente al vals en la década de los 60.

 

En la década de los 70 el cajón se difunde ampliamente entre grupos de folclor negro de la época y más tarde el cajón brilla como un instrumento necesario en toda manifestación criolla, alcanza su apogeo en las épocas de ‘Arturo Zambo Cavero’ y aún no pierde vigencia. 

 

“El ritmo negro tiene sabor, tiene esa energía que hace vibrar a todas las personas no solo por sus movimientos, sino también por el golpe del cajón y las voces vivaces que lo acompañan”, señala.

 

El arte en todo lugar

La agrupación ha participado en diversas actividades y encuentros culturales a nivel regional y nacional.

 

"Hemos viajado a Cajamarca, Rioja, Moyobamba, Talara, Huancayo y tuvimos dos salidas al extranjero en las que participamos en dos festivales internacionales realizados en la ciudad de Guayaquil - Ecuador, en el 2004 y en el 2006", comenta.

 

Santa María Saavedra cuenta que muchas han sido las anécdotas que ha vivido Herencias en todas sus presentaciones.

 

"Una vez fuimos a un festival de danzas en Guayaquil y por el apuro y los nervios olvidamos nuestra bandera. Cuando llegó el momento del desfile todas las delegaciones de los países que participaron tenían la suya, pero Perú no. Ahí los organizadores optaron porque la primera noche ninguna de las delegaciones presentes desfilara con su emblema nacional”, relata.

 

Agrega que ese día Gonzalo Freire, un amigo que dirige la Compañía de Danzas Freire de Guayaquil le dijo que el Perú es su segunda patria y que le confeccionaría una bandera.

 

“En la siguiente noche desfilamos con nuestra bandera. Eso fue para mí muy bonito, incluso estuve a punto de llorar. Todos estos años inmerso en el arte me dejan recuerdos muy bonitos. No hay nada mejor que representar al país, el arte es algo sublime que dignifica al hombre”, anota.

 

Peruanidad

“La danza es importante en la formación del ser humano porque lo sensibiliza, lo hace tolerante. Cuando yo conocí el folclor quería ser negro. Cuando entendí la marinera, la zamacueca y los otros ritmos tradicionales de Lambayeque, la transmisión oral y muchos otros aspectos me sentí orgulloso de tener sangre chola, negra, y serrana”, dice. 

 

Sostiene que ese sentimiento intenta transmitirle a sus alumnos. “Perú posee una identidad riquísima, pero siempre esperamos que un extranjero la cultive para darle el valor que merece, tal como sucedió con el cajón”, reflexiona.

 

“Lambayeque tiene mucha historia y muchos aspectos por los que sentirse orgulloso. El ritmo negro expresado en su música, en sus danzas y en sus comidas son una parte de un todo, una parte de ese sentimiento llamado peruanidad”, finaliza.

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