En nuestro país se tropieza de escándalo en escándalo por los actos de corrupción de los distintos sectores, pero principalmente de la clase política y jurídica: Presidentes, congresistas junto a magistrados, jueces y fiscales, sin dejar de lado a empresarios y militares, han hecho del latrocinio su modo de vivir, su modus operandi delincuencial.
Muchas veces los términos principios, valores y virtudes suelen ser usados cotidianamente como sinónimos, no lo son aunque tengan alguna relación: la vivencia ética.
En el ámbito de las acciones humanas, los principios son normas orientadoras del vivir, cuando, por ejemplo, alguien afirma: “Debo de ser justo” denotando más una intención que una acción. Por su parte, los valores son cualidades que dan sentido a los principios “vale ser justo” o “la justicia es valiosa”. Tanto los principios como los valores quedan en el plano del conocer, en cambio, las virtudes necesitan realizarse, pues es la puesta en práctica de los principios y valores.
Un mal juez o magistrado sabe en principio que debe ser justo. Sin embargo, por coima, decide sentenciar injustamente. De igual manera ‘sabe’ que la justicia es un valor que le compete directamente, pero hace caso omiso de sus exigencias. Tanto la mala autoridad como cualquier delincuente conocen de qué manera actuar el bien, saben de principios y de valores, pero no los tienen porque no los viven, es decir les falta ponerlos en práctica, les falta ser virtuosos.
De nuestro país puede decirse que se encuentra en crisis política e institucional de corrupción no por falta de principios y valores, sino de virtudes, de poner en práctica tanto las personales como la honestidad, la veracidad, la lealtad, y las sociales como la justicia y la solidaridad, por poner algunos ejemplos.
PRINCIPIOS, VALORES Y VIRTUDES DEL PERUANO
Escribí en el libro “Prolegómenos para una nueva peruanidad” (2015) que cuando los españoles vinieron al nuevo mundo escuchaban de los indígenas que más al sur había un territorio con abundancia de riqueza y bienestar, narraciones que los deslumbraban y llenaba de codicia y audacia, confirmándose con la escena de la Isla del Gallo: ‘… por acá se va hacia el sur a ser ricos’.
Tanto los propios habitantes de otras zonas de nuestra América como los europeos admiraban ancestralmente este territorio, y no carecían de razón, pues los descubrimientos arqueológicos de nuestras culturas pre incásicas, diseminadas por todo nuestro país, revelan sus expresiones de riqueza material y cultural que siguen deslumbrando a propios y extraños. Todas demuestran asombrosas habilidades cognoscitivas aplicadas.
De acá se infiere que desde nuestros antepasados pre incásicos y pre hispánicos, la riqueza de nuestra creatividad es una constante. Un valor del peruano es ser creativo, pero una creatividad sin educación integral puede desviarse hacia la ‘viveza criolla’, de la que tanto se hace gala perniciosamente en el diario vivir.
Un valor muy nuestro es la solidaria laboriosidad. El peruano es solidario, el mancomunado trabajo ancestral de la mita, la minka y el ayni nos lo demuestran antaño, como hoy cotidianamente ‘las polladas’ o ‘las juntas’. Pero la solidaria laboriosidad sin educación puede trastocarse en ‘argollas’, ‘coimas’ y ‘diezmos’, generadoras de corrupción institucionalizada por doquier.
Quedan otros muchos valores, pero quiero mencionar acá nuestra fe y esperanza. El peruano cree, confía y espera en Dios, sintetizando aún en la desacralización de hoy, lo más íntimo de la humanidad, aunque no lo acepte y reconozca muchas veces: la aspiración de trascendencia. El papa Francisco nos pidió en su visita a nuestro país que no permitamos que nos roben la esperanza, reconociendo nuestra identidad comunitaria y espiritual como país, pues “el alma de una comunidad se mide en cómo logra unirse para enfrentar los momentos difíciles, de adversidad, para mantener viva la esperanza”.
¿CRISIS DE VALORES EN EL PERÚ?
Cuando recorro nuestra ciudad y las diferentes regiones a las que visito por trabajo o distracción siempre se filtran las nocivas expresiones: “Hay crisis de valores en el Perú”, “No hay nada más qué hacer”, “La política es cochina”, “Todo está perdido”, que traen a colación la consabida pregunta de nuestro nobel “¿en qué momento se jodió el Perú?”. Sin embargo, veo mucha gente, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores responsables, solidarios, creativos, esforzados y amables, resistiéndose a la impasividad, lejos, muy lejos de una vida sin esperanza.
Es entonces cuando pienso y reafirmo que las crisis son sinónimo de oportunidad de cambio planificado para bien, que hay mucho por hacer y es por eso que desde ya se debe comenzar, que es posible limpiar el rostro y el cuerpo de la política con un ejercicio auténtico de la misma… que no todo está perdido, y que el Perú se jode cada vez que alguien quiere joderlo con su desánimo y desatinado actuar delincuencial. Peor aún, del que lo hace desde la “encubierta elegancia” de un puesto de poder público o privado… Se daña nuestro país cuando aquél que ha jurado velar por el bien público o trabajar con autenticidad, perjura con sus acciones delictivas.
No hay crisis de valores en el Perú, hay crisis de algunas personas que viven sin valores, que a veces, muy a nuestro pesar, son quienes ejercen algún tipo de poder sin autoridad moral que los respalde. En el Perú no todo está perdido, están perdidos los deshonestos, los que roban y defraudan a sí mismos, a su familia y al país. Están perdidos los políticos y jueces y cualquier persona que actúa con coima y argolla, al margen de la ley o coludida con ella por una interpretación malsana.
COMBATIR LA CORRUPCIÓN CON FORMACIÓN CIUDADANA
Un país que actúa habituado a un sistema dinamizado por la corrupción en función del engorde del propio bolsillo en desmedro de los que menos tienen, vive en la fragilidad de una falsa democracia, habita en la tiranía del dinero mal habido que compra conciencias y violenta dignidades. Por ejemplo, en vano se ambienta con rosas oficinas congresales, cuando el friaje del clima y de la indiferencia política asesina a niños y ancianos de nuestras periferias urbanas y campesinas…
¡Señores la solución va más allá de la entrega de frazadas! Va por el lado del diseño y ejecución de leyes y políticas trasparentes, y esto se logra con la elección de ciudadanos probos en su actuar, creativos en su pensar y con un demostrado profundo amor por nuestro Perú; que, con conciencia ciudadana, enfatice en políticas educativas integralmente formativas, pues no se logran profesionales idóneos en la ciencia, la tecnología, la empresa y la jurisprudencia sin la formación del pensamiento ni lejos de las virtudes humanas y sociales.
La corrupción y el abuso del poder tienen asidero en personalidades poco formadas en la fortaleza de su interior, de hecho el político sin virtudes es fácil presa de la soberbia, y altamente propenso al actuar maquiavélico. Lo mismo en cualquier persona.
OPORTUNIDAD DE CAMBIO Y ACCIONES
Invoco a todos los ciudadanos que en su integridad iniciemos no una revolución, sino una renovación ciudadana auténtica, de hacer una política y una jurídica con ética, sin ambages, de personas con moral definida. Este es el momento de un nuevo liderazgo, no de un líder caudillista o jefe de clanes, mesiánico y mediático… de esos ya hemos tenido muchos con los pésimos resultados que ya conocemos.
Es el momento de nuevos líderes, de empoderamiento ciudadano, que con su pensamiento y acción trasciendan las estrecheces de derechas e izquierdas, de sistemas e intereses personales, que su máxima preocupación sea el bien común de la persona, buscando la calidad de vida de todos y cada uno de los ciudadanos, con prioridad de los que menos tienen.
Este es el momento para el surgir de nuevos partidos políticos que más que etiquetarse en estrecheces ideológicas, su idea sea solo una: la dignificación de la persona; que en términos prácticos se traduce en propuestas para la mejora en la calidad de vida, promoción de la vida y la familia; educación integral, cultura, formación de ciudadanía y salud. Es el momento de la renovación integral ciudadana, de ciudadanos libres, no que obren así por miedo al castigo, sino que así actúen por amor a la justicia.
No más transfuguismo, no más vende patrias, no más enriquecimiento ilícito. Más lealtad, más amor al Perú, mayor honradez. Que los políticos, magistrados y empresarios que han delinquido sean sancionados con severidad, sanción que debe incluir la devolución íntegra de lo robado además de la muerte civil. En otras palabras debemos promover mayor virtud en los gobernantes y en los ciudadanos.
Es momento de poner en práctica nuestros principios y valores de creatividad, solidaria laboriosidad, la fe y la esperanza… hagámosla virtudes poniéndolas en práctica diariamente, donde estemos y en la función que nos desempeñemos.
Hay que agudizar nuestra memoria selectiva para recordar lo bueno y también para aprender de aquello que fue negativo; además, ejercitar nuestra prudencia lógica para no arruinar el presente y planificar razonablemente el futuro de nosotros mismos y de nuestras instituciones; finalmente, hay que promover entre las próximas generaciones un optimismo desafiante para encarar el futuro con responsabilidad y amor a la trascendencia, a uno mismo, a la familia y al país.
(*) Filósofo y docente universitario.
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