Desde el siglo XVIII diversos levantamientos y conspiraciones se registraron en el Perú con el afán de lograr la independencia de la corona ibérica. Con antecedentes muy remotos como el del levantamiento de Juan Santos Atahualpa hasta momentos cumbres como la rebelión de Tupac Amaru, los actos emancipadores sentaron entre los criollos y naturales peruanos las bases de lo que a partir de la segunda década del siglo XIX serían los años culminantes de esta lucha.
Innegablemente la llegada del general José de San Martín, luego de su campaña libertadora en Chile, fue el detonante de la lucha que en diversos pueblos ya se había iniciado de manera silenciosa. En aquel momento, varias eran las posturas en relación al dominio español, sobre todo en la población criolla. Algunos preferían seguir leales al rey y otros ansiaban la libertad.
San Martín comprendió que la libertad de los pueblos argentinos, chilenos y de toda la Sudamérica colonial dependían del éxito de una campaña emancipadora en el Perú, constituido en el más poderoso bastión realista en la costa del Pacífico. De allí que hacia 1814 empezó a trabajar en lo que más tarde se conocería como la Corriente Libertadora del Sur, adoptando el arriesgado plan de cruzar los andes, liberar Chile y luego arribar por mar a las costas peruanas.
EL DESEMBARCO EN PARACAS
Seis años después de iniciar los preparativos para cruzar los andes, San Martín desembarcó con el Ejército Libertador en la bahía de Paracas, en Pisco, el 8 de septiembre de 1820. Aquel momento se convertiría en uno de los más significativos de la historia emancipadora peruana, no solo porque – según cuenta la tradición – durante un sueño a la sombra de una palmera el general argentino tomó el vuelo de las parihuanas como inspiración para la primera bandera nacional, sino que además este hecho desencadenó que los planes libertarios en las provincias se acrecienten.
La expedición partió de Valparaíso el 20 de agosto y fue posible gracias a los esfuerzos realizados por el general Bernardo O’Higgins, elegido por el pueblo chileno como su jefe supremo tras el triunfo de Maipú, batalla con la que se selló su independencia.
La flota compuesta por 11 naves de guerra de alto bordo y 15 transportes, donde se trasladaron casi cuatro mil soldados naturales de Argentina, Chile y el Perú, fue conducida por el vicealmirante inglés Thomas Cochrane y navegó bajo bandera chilena.
La finalidad de la expedición era desembarcar cerca de Lima, establecer una cabeza de playa segura y realizar una rápida incursión militar que aislara a la capital y permitiera enfrentar de manera disgregada al ejército realista. Un hito clave de la estrategia era tomar Lima, hasta entonces llamada Ciudad de los Reyes, y proclamar la independencia, nombrándose San Martín Protector del Perú, para desde esta posición llamar a sumarse a la causa patriota al resto del Perú.
Tomando control sobre la ciudad de Pisco, de donde las guarniciones realistas habían escapado ante la presencia de los libertadores, San Martín instaló su estado mayor cerca a la Plaza de Armas desde donde empezó a diseñar la estrategia para la toma de Lima y se aceptó a los primeros voluntarios peruanos. Ese mismo día, gracias a una imprenta portátil, el libertador lanzó su primera proclama:
“Compatriotas: […]. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad […]. El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza está ya lejos de nosotros, y solo existe la historia de las calamidades pasadas. Yo vengo a acabar de poner término a esa época de dolor y humillación. Este es el voto del Ejército Libertador”.
LAS CAMPAÑAS DE ÁLVAREZ DE ARENALES
El general argentino – español Juan Antonio Álvarez de Arenales se incorporó en 1819 al Ejército de los Andes en Chile, siendo designado por San Martín para estar al mando de una división de la expedición libertadora del Perú.
Tras su arribo en Paracas se hizo cargo de las dos importantes campañas a la sierra para obtener el control sobre esa área antes que los realistas pudieran utilizarlas como base de operaciones.
Durante la primera campaña logró cuatro victorias en Palpa, Nasca, la Cuesta de Tarma y, la más importante, la batalla de Cerro de Pasco. Logró tomar varias provincias para los patriotas: Ica, Huamanga, Huánuco, Huancavelica y Pasco.
Los realistas temieron perder contacto con el interior, de modo que evacuaron Lima, y aunque San Martín lo envió a una segunda campaña a la sierra, no pudo impedir la retirada del virrey José de la Serna y su ocupación de todo el interior del país. La última resistencia en esa zona fue la de algunas guerrillas dirigidas por el futuro caudillo mendocino José Félix Aldao, pero finalmente tuvo también que retirarse.
La segunda campaña de Arenales en la sierra del Perú son las acciones militares emprendidas entre abril y julio de 1821.
El general Arenales al tener conocimiento de la reunión de fuerzas realistas se retiró a Jauja, y bajo instrucciones de José de San Martín de evitar un revés, y en la creencia de que se trataba de fuerzas superiores en número, abandonó la sierra para entrar en Lima el 26 de julio de 1821 que ya había sido ocupada por José de San Martín.
SAN MARTÍN EN HUAURA
Al poco tiempo de permanecer en Pisco, el 10 de noviembre de 1820, San Martín y sus tropas desembarcaron en Huacho, para luego instalar su nuevo cuartel general en Huaura. Es aquí que el líder patriota promulga un reglamento provisional creando los primeros departamentos del Perú: Lima, Trujillo, Tarma y Huaylas.
Venturosas noticias llegaron a San Martín entre diciembre de 1820 y enero de 1821. El ejército de Arenales derrotó al realista O’Reilly en la batalla de Cerro de Pasco, el almirante Cochrane capturó el buque realista ‘La Esmeralda’, el batallón ‘Numancia’ desertó y se unió a los patriotas, el intendente Torre Tagle y el cabildo de Trujillo proclamaron la independencia del norte del país y la desmoralización cundía en el bando realista.
San Martín hace su entrada triunfal en Huaura el 13 de noviembre. Dos semanas después (el 27) proclama allí por la Independencia del Perú. Antes de ello, declara a Francisco Vidal, quien había combatido con éxito en Valdivia, Chile (donde hasta hoy hay un fuerte que lleva su nombre), “Primer Soldado Peruano de la Independencia”, otorgándole el grado de Capitán. Con ese rango Vidal organiza en Oyón, Cajatambo, Huarochirí y Canta, así como en las alturas de Barranca, Sayán y Chancay un batallón de guerrilleros que sumaron más de mil.
Con ellos, al mando de los Caciques Ninavilca y Huavique, así como otros grupos sitiaron Lima y contribuyeron a la fuga del virrey La Serna en los primeros días de julio de 1821, el ingreso de San Martín a Lima y la Proclamación de la Independencia del Perú el 28 de julio de ese año.
EL INGRESO EN LIMA
José de San Martín ingresó a Lima el 10 de julio de 1821, a las 7:30 de la noche, luego de lograr la adhesión de diferentes sectores de la población. Al respecto, Jorge Corbacho, en su obra “El 28 de julio de 1911”, presenta la versión del viajero inglés Basil Hall, testigo presencial de la primera entrada del Libertador. En ese entonces, el marino se encontraba al mando de un buque de su país de estación en el Pacífico. El texto es el siguiente:
“San Martín no hizo uso de los derechos que tenía ganados, desdeñó el acompañamiento de un numeroso cortejo y no entró sino de noche, acompañado de un solo ayudante. No era, sin embargo, su intención entrar aquel día, se hallaba fatigado y deseaba reposar en una posada, a medio vestir. Había descendido del caballo, y colocándose desapercibido en un rincón bendiciendo a su estrella y a la providencia por haber salido con bien de esta gran operación”.
Hall continúa: “Dos sacerdotes descubrieron su escondite; era necesario darles audiencia. Cada uno de ellos pronunció un discurso, que él escuchó con su acostumbrada bondad; uno lo comparó a César, el otro a Lúculo. Santo Dios esclamó (sic) el general una vez que los padres se retiraron, ¿dónde hemos venido a caer? - Oh mi general, respondió el ayudante, hay más de dos mil del mismo temple.- Lo creo contestó él. Y bien, haga Ud. ensillar los caballos y partamos”.
Según el inglés Hall, San Martín se dirigió luego a la casa del Marqués de Montemira. A pocos segundos de esparcida la noticia de su llegada, los patios, jardines y sala de la residencia se llenó de curiosos, muchos de los cuales se mostraban impacientes por descubrir al general, quien en todo momento demostró ser un hombre modesto y enemigo de la ostentación.
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