Este año se conmemora el centésimo septuagésimo quinto aniversario del nacimiento del Capitán de Corbeta Elías Aguirre Romero, uno de los más ilustres chiclayanos y hombre ejemplar de la Marina de Guerra del Perú, cuya vida sacrificó en defensa de la patria junto a otros epónimos hombres de la armada como Grau y Ferré.
Este heroico y valeroso marino nació en Chiclayo el 1 de octubre de 1843, hijo del matrimonio de Carlos Aguirre y María Candelaria Romero. Las primeras letras las aprendió en su ciudad natal. Al cumplir los 10 años sus padres lo enviaron a Lima para que continuara sus estudios bajo el control de sus tíos José y Manuel Romero, quienes lo matricularon en el colegio denominado “El Liceo”. Posteriormente pasó al colegio del señor Jacobo López Castilla.
En una breve biografía de Aguirre, en el “Catecismo Patriótico”, José Luis Torres dice lo siguiente:
“De fisonomía alegre, carácter enérgico e inteligencia superior, revela una extraordinaria vocación por la difícil y peligrosa profesión de la Marina. En ella creyó encontrar sin duda aquello que la superioridad de su inteligencia y la energía de su carácter necesitaban para poder prestar a su patria servicios de la más alta importancia”.
FORMACIÓN MILITAR
Antes de cumplir los 15 años ingresa en la Escuela Naval Militar, el 7 de julio de 1858. Después de dos años de estudios obtiene el grado de Guardiamarina y es destinado a servir en la fragata “Amazonas”. Durante cuatro años realiza sus prácticas profesionales en diversos buques de la escuadra y el 20 de enero de 1864 obtiene el grado de Alférez de Fragata.
Oficial serio, competente, cumplidor de sus deberes, de trato afable y caballeroso es apreciado por sus superiores y sus ascensos se suceden sin interrupción. El 11 de junio de 1865 alcanza el grado de Teniente Segundo y el 23 de noviembre del mismo año se le otorga la efectividad en el grado.
Al año siguiente, el conflicto con España se agudiza con la Revolución de Arequipa y las acciones bélicas entran en una fase crítica. Para enfrentar a la poderosa escuadra española, el gobierno había mandado construir en Inglaterra dos blindados: el “Huáscar” y el “Independencia”, que ya estaban en viaje al Perú. El resto de la escuadra se envió a Chile, para reunirse con ellos en la región de los canales y presentarse unida para el encuentro final con la flota española. A la poderosa escuadra peruana debían agregarse las dos únicas naves chilenas: la “Covadonga” y “La Esmeralda”, que por su antigüedad e ínfimo valor militar no significaban ningún aporte efectivo.
LA CAMPAÑA EN CHILE
La División Naval Peruana sale del Callao rumbo al sur está constituida por las fragatas “Apurímac” y “Amazonas” y las corbetas “Unión” y “América”, recientemente adquiridas. Al mando de esta fuerza está antiguo y prestigioso marino peruano, el capitán de navío don Manuel Villar, quien iza su insignia en la fragata “Apurímac”.
La escuadra de Villar llega a Chile y se une a las dos naves chilenas al mando del capitán de navío Wlliams Rebolledo, que por ser más antiguo que Villar asume el mando general de la flota unida.
La escuadra española al tener información sobre estos movimientos de la escuadra aliada envía al Sur a dos de sus fragatas: “Villa de Madrid” y “Blanca”, con el fin de desbaratar estos aprestos bélicos.
La escuadra aliada escoge la rada de Challahué, cerca de la Isla de Abtao, para esperar a las naves enemigas. El 16 de enero el Perú pierde a la histórica fragata “Amazonas” al tomar uno de los canales cerca de Abtao. El día 7 de febrero tuvo lugar el memorable combate de ese nombre. La escuadra aliada está al mando de Villar, pues días antes Williams Rebolledo tuvo que dirigirse a Valparaíso en “La Esmeralda”.
Después de un rudo cañoneo las naves españolas tuvieron que abandonar el campo ante la imposibilidad de batir a las naves peruanas que habían elegido excelente posición defensiva. En ese combate encontramos al Teniente Aguirre en la dotación de la gloriosa corbeta “Unión”, que esta vez está al mando del Capitán de Corbeta don Miguel Grau.
Elías Aguirre tenía a cargo las baterías de la corbeta y su desempeño fue excelente, dirigiendo con eficacia y energía el fuego de su nave. En esta oportunidad Grau pudo apreciar las excelentes cualidades del joven oficial a sus órdenes.
Por su valiente y digno comportamiento en acción, Aguirre fue ascendido a Teniente Primero, se le dio medalla conmemorativa y el título de Benemérito de la Patria. Iguales distinciones se otorgó a los jefes y oficiales que participaron en el combate.
EL INCIDENTE TUCKER
Como la guerra ya se había concluido con la retirada de la escuadra española, el gobierno contrató los servicios de un marino norteamericano, el Contralmirante Tucker, para que tome el mando de la escuadra peruana y emprenda una campaña marítima sobre las Filipinas, islas en las que se supone se habían refugiado las naves españolas.
Este nombramiento produjo el general desagrado en el personal de la escuadra. Era desestimar los merecimientos de almirantes antiguos y experimentados como Mariátegui, De la Haza, Montero y otros que habían demostrado su competencia para comandar empresas de esta naturaleza. La protesta se tradujo en una renuncia colectiva. La respuesta del gobierno no se hizo esperar y fue drástica, se les aceptó la renuncia y se envió al “Chalaco” llevando los relevos con órdenes de conducir presos a los revoltosos para su enjuiciamiento. Entre los detenidos figuraban destacados y prestigiosos marinos, entre ellos: Montero, Manuel Ferreyros, Grau, Aurelio García y García, Otoya, Tellería, Cobián, Elías Aguirre, Nicanor Alayza, Meza, Ureña, Proaño y otros.
Los enjuiciados, después de una prolongada prisión preventiva en la Isla de San Lorenzo recibieron la sentencia que fue más intimidatoria que efectiva en atención al prestigio de muchos de los afectados que en gran mayoría fueron absueltos y reincorporados al servicio.
EL VIEJA EN EL “MANCO CÁPAC”
Al año siguiente el Perú adquirió en los Estados Unidos dos monitores fluviales, bautizados con los nombres “Atahualpa” y “Manco Cápac”, construidos para operar en el río Misisipi y no en mar abierto. Lentos, pesados y sin quilla tuvieron que hacer el viaje desde New Orleans al Callao a remolque. La cubierta principal sobresalía de la superficie solamente 12 pulgadas, motivo por cual las escotillas y tomas de aire debían permanecer permanentemente cerradas durante la navegación, haciendo condiciones de navegabilidad de un sacrificio verdaderamente insoportable, particularmente en la frígida zona del estrecho.
Elías Aguirre fue nombrado a la dotación del “Manco Cápac” y en él efectuó todo el azaroso viaje en las condiciones más adversas que se pueda imaginar. Solamente la gran capacidad profesional y el inquebrantable espíritu del sacrificio de sus tripulantes pudo culminar con éxito uno de los más increíbles viajes de la historia naval. Los norteamericanos al verlos zapar decían: “Ahí van los peruanos en sus ataúdes de fierro…”. Aquí vemos cómo se va forjando el carácter de Aguirre.
Al llegar al Callao la corbeta “Unión” es enviada a Inglaterra para su carena y reparación. Va como comandante Nicolás del Portal y como segundo Elías Aguirre. La navegación se efectúa en gran parte a la vela, adquiriendo sus tripulantes una excelente práctica en ese tipo de navegación. La estadía en Inglaterra duró más de año y medio. Salieron del Callao en el mes de septiembre de 1871 y regresaron el 11 de julio de 1873.
LA DESGRACIA DEL “CHANCHAMAYO”
Terminando este largo viaje Aguirre es nombrado subdirector de la Escuela Naval. Es un jefe destacado, un brillante profesional, sus dotes personales y su innata simpatía le granjean el aprecio de superiores y subalternos. En adición a sus funciones tiene a su mando a la cañonera “Chanchamayo”, nave en la que realizan sus prácticas efectivas en el mar los alumnos de la Escuela de Grumetes.
Infortunadamente, en uno de los numerosos viajes que hizo por la costa norte, aproximadamente a la cinco de la tarde, el oficial de guardia anuncia que se había avistado tierra muy próxima. La nave impelida por vientos favorables de popa avanzó rápidamente varándose totalmente en plena rompiente cerca de la Punta de Falsa Aguja. La proximidad de la noche y la falta de medios impidieron que los denodados esfuerzos hechos por Aguirre y sus tripulantes pudieran evitar la pérdida de toda la nave. Aguirre después de varios días de infructuosos esfuerzos logró salvar a su gente y parte del equipo de la cañonera y tuvo que afrontar las graves consecuencias del desastre.
Con la entereza y nobleza de su carácter, asume plenamente sus responsabilidades, exime a sus oficiales y subalternos de toda responsabilidad y se presenta noblemente para que caiga sobre sus hombros todos el peso de la ley. Su prestigio y bien ganada fama de brillante oficial influyen en el ánimo del Consejo de Guerra y Aguirre es separado del servicio durante dos años.
Con este motivo dirigió una carta a su padre “concebida en términos propios de la altivez de su carácter y de la idea que todas las almas nobles conciben de las obligaciones que la dignidad nacional impone a sus servidores”. Los hermosos conceptos vertidos en ella dieron lugar a que se publicara en “El Nacional”.
En el corto lapso que permanece en esta condición fue solicitado por la Compañía de Guano y continúa navegando en buques de esa compañía.
LA GUERRA CON CHILE
Al declararse la guerra con Chile, Aguirre se presenta para ofrecer sus servicios. Es nombrado a la dotación de su antiguo buque la Corbeta “Unión” en abril de 1879 como Mayor de Órdenes del Comandante Aurelio García y García. Participa del apresamiento de la fragata chilena “Adelaida”, de la barca “Adriana Luisa” y del transporte “Rímac”. El 28 de julio de 1978 es trasladado al “Huáscar” como Segundo Comandante a solicitud del Almirante Grau.
Es la tercera y será la última vez que ambos héroes se encuentren para rubricar con su sacrificio y su sangre el amor y devoción a su bandera. Entre agosto y septiembre acompaña a Grau en sus osados ataques a Antofagasta y puertos chilenos, hasta que llega Angamos, epopeya en la que alcanza el zenit de su fama.
En la memorable mañana del 8 de octubre, el enemigo ha preparado convenientemente los pesados cañones de sus blindados para que a muy corta distancia disparen sobre la torres de combate del “Huáscar”, lugar donde saben que se encuentra Grau… No se habían equivocado. Las salvas barren el puente, la torre recibe los mortíferos impactos. A pocos minutos de iniciado el combate el ínclito y heroico Almirante y su ayudante, el teniente Diego Ferré, mueren víctimas de la explosión.
El Capitán de Fragata Melitón Carvajal avisa a Elías Aguirre que el almirante había muerto y debía asumir el mando del glorioso monitor. Aguirre sabe que su nave está perdida, los buques enemigos lo atacan por todos los sectores del horizonte.
En esta fatal emergencia surge la vena heroica de Elías Aguirre y sólo encuentra una solución: el uso del espolón. Con voz reposada y firme ordena rumbo de colisión sobre su más cercano perseguidor, el “Cochrane”. Aguirre no rindió el viejo monitor.
Sus restos reposan en la Cripta de los Héroes, en uno de los seis sarcófagos de mármol de la nave principal, al lado de los que guardan los restos de Grau, Cáceres, Carvajal, Bolognesi y Recavarren.
Texto publicado en “Héroes y Marinos Notables – Apuntes Biográficos Vol. 1”.
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