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LA IGLESIA MATRIZ: CAPILLA BAUTISMAL DE CHICLAYO

Escribe: Velia Beltrán Centurión
Edición N° 1058

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En 1961 destruyeron totalmente – sin haber elaborado ningún tipo de levantamiento – la Iglesia Matriz, “capilla bautismal de Chiclayo”, en torno a la cual se desarrolló una población indígena y que con el tiempo se había convertido en una de las principales ciudades del país, aquella que había cumplido un papel protagónico en la vida de varias generaciones de chiclayanos.

 

Cuentan los antiguos ciudadanos que hubo una cierta oposición de algunos intelectuales por estar en total desacuerdo con este atentado en contra de la magnífica iglesia, pero acaso fueron tan pocos o tan poco influyentes que no fue suficiente y más pudo la indiferencia del grueso de la población que pasivamente permitió que Chiclayo perdiera su verdadero patrimonio monumental.

Al contrario, mucha gente influyente presionaba desde hace tiempo para que fuera demolida.

 

También hay versiones del dolor de ver a madres, tías y abuelas llorar por esta demolición, sobre todo ante las escenas del despojo de las sacras imágenes, las que se supone terminaron dispersas o acaso pertenecen hoy a colecciones privadas.

 

Inclusive, muchos chiclayanos recordaron siempre a monseñor Jerónimo Mondoñedo, obispo de Chiclayo, con lágrimas de impotencia contemplando su malhadado, condenable y totalmente injustificado derribo.

 

Por antigüedad no se puede justificar su demolición, pues las construcciones de antaño estaban hechas para perdurar en el tiempo. Ejemplos varios tenemos en los templos coloniales de ciudades vecinas que han soportado exitosamente el paso del tiempo.

 

LA FACHADA

Si bien revelaba en su fachada clara tendencia renacentista, en ella también empezaban a asomar elementos que posteriormente definirían el barroco. Constaba de dos pisos o cuerpos, ambos de tres calles que se articulaban mediante pilastras pareadas con aletones y el ritmo exterior reproducía el ritmo interior, reflejando la distribución de las naves.

 

El frontispicio era destacado con un portal definido mediante un frontón partido, entre el primer y el segundo nivel, remarcando el eje axial de la solemne puerta principal. Todos los vanos, así como todas las hornacinas, fueron de arco de medio punto. Inclusive la hornacina de la calle central del segundo cuerpo en el lugar del rosetón que igual servía de ventana, pero una reja rectangular y cuadriculada recubierta con vidrios la disimuló por algún tiempo.

 

Las calles laterales en sus dos niveles tenían sendas hornacinas y eran delimitadas en sus extremos por pilares simples. Las cuatro hornacinas remataban en cuarto de esfera, pero solo las dos inferiores contaban con sus respectivas peanas. Si bien las hornacinas son típicamente renacentistas, la presencia de peanas y el frontón partido con volutas enrolladas hacia abajo son influencia barroca.

 

En este segundo nivel los aletones de las pilastras se multiplicaban desdoblando sus aristas cuatro veces hacia el centro, creando una profundidad justo sobre el frontón partido. Igual sucede con las pilastras que enmarcan las cuatro hornacinas pero en ese caso solo se desdoblan dos veces a cada lado, de modo que el plano de arranque de los nichos es menos profundo que el del vano central de toda la fachada. Como consecuencia de ello, la cornisa ampliada rompe su continuidad, resultando rítmicamente fragmentada yendo hacia delante o hacia atrás, cosa que posteriormente en el estilo barroco se acentuaría aún más.

 

El imafronte, si bien estilísticamente corresponde al estilo renacentista, constructivamente resulta más similar a una espadaña renacentista, por cuanto es tan solo una prolongación de la fachada en lugar de ser un volumen. La relación armónica entre el ancho del cuerpo inferior y el cuerpo superior de la fachada es algo más estrecho y fue resuelto con dos aletones cóncavos, muy propios del renacimiento. Presentaba además un vano en arco de medio punto, con resalte moldurado simple y era rematado por un frontón triangular.

 

Todos estos elementos y juego de profundidades daban a la fachada ritmo y sumado a las molduras en todos sus niveles, le aportarían juegos de luz y sombras a diversas horas del día, dotándola de una sensación dinámica pues variaba sutilmente conforme el movimiento solar.

 

LAS TORRES

Las torres de sección cuadrangular, aparentemente eran exentas, pero en realidad, al menos en el primer nivel fueron parte de la fachada corrida. De paramento sencillo, sin fenestraciones ni ornamentación alguna, correspondiéndose con cada una de las naves laterales.

 

Con la finalidad de suavizar el pase del paramento llano del muro y articularlo a la primera cornisa, aparece a poca distancia de ella una delicada moldura de medio bocel, que a manera de cordón recorre las caras del cuerpo interior de las torres.

 

En su segundo nivel si presentaban cuatro vanos en arco de medio punto, uno en cada una de sus caras estando delimitado cada vano en su tramo inferior por sencillísimos barandales de madera.

Entre el primer y segundo cuerpo de cada una de las torres aparece un volumen intermedio cuya presencia denota la intención de aumentar la altura de las mismas, ornada con un friso moldurado en sus extremos inferior y superior, presentando como únicos elementos decorativos tres discos de relieve hundido, en cada una de sus caras visibles.

 

Estos cuerpos intermedios de las torres presentaban machones en cada uno de sus cuatro vértices, que sobresalían del plano de los frisos, en consecuencia la línea de las cornisas superiores también se quebraban ligeramente hacia adelante siguiéndoles el ritmo.

 

Y coronando el segundo cuerpo de las torres, como haciendo un marco que suavice la transición ente la planta cuadrada de ellas a este nivel y la base octogonal del propio remate de las torres aparecía un barandal de madera.

 

Este, a manera de balcón, rodeaba sus cuatro costados, contando en cada una de las esquinas con pilarotes de ángulo remarcados por pináculos para iniciar el cambio de sentido de cada tramo de barandas.

 

Todos estos sencillos detalles dotaban a nuestra Iglesia Matriz de una gran singularidad y podríamos decir serena belleza, pues contrastaba con el a veces recargado estilo mestizo que floreció en templos contemporáneos a este al centro y sur del Perú.

 

LOS CHAPITELES

Lo que no resultaba singular, sin embargo, eran los agudos chapiteles piramidales de madera con sendas cruces en sus ápices, con los cuales se remataban las torres.

 

Estos resultaban totalmente incoherentes con el estilo que se venía desarrollando, por ser de una plástica totalmente ajena a él. Muchos templos a inicios del siglo XX utilizaron este recurso para dar un completamiento volumétrico, a modo de prótesis a cada una de sus torres, tras haber sufrido derrumbes a causa de sismos o de intensas lluvias en el caso del norte.

 

Pero en la mayoría de los casos estos elementos eran sólo temporales hasta que se dieran las condiciones para su reconstrucción en el estilo correspondiente. Es por esta razón que a pesar de haber sido un recurso algo común, no permanecieron mucho tiempo y por ello no nos resultan tan familiares.

 

Estos agudos chapiteles piramidales de base octogonal tenían en sus cuatro lados correspondientes a las cuatro caras del segundo cuerpo de torres, unos vanos triangulares agudos con su respectivo armazón saledizo a modo de lumbreras o buhardillas que más que iluminar contribuían a atenuar la dureza de sus líneas.

 

Mientras que los otros cuatro lados de los chaflanes eran totalmente lisos, en sus vértices había unos cuerpos esféricos que hacían la transición entre el ápice de los chapiteles y las bases de las cruces metálicas que estos sustentaban.

 

LATERALES

Su fachada lateral era aún más sencilla. La torre de este lado tenía el mismo diseño que al frente y era seguida de un largo muro cuyo vano era el correspondiente al portón lateral que también era de medio punto, enmarcado por una sencilla y elegante portada realzada por un frontón circular, puramente renacentista.

 

A pesar de su ubicación lateral, para los feligreses resultaba siendo el acceso principal dado que el ingreso cotidiano, tanto como el ceremonial a los sacramentos de bautismos, matrimonios, primera comunión o confirmaciones, invariablemente se daba por este lado.

 

A cierta distancia era posible vislumbrar el lado externo del clerestorio ubicado en la diferencia de niveles de techos entre las naves laterales y la nave central, que contaba con seis ventanas a cada lado, con arcos de medio punto intercaladas con contrafuertes, que iban desde las torres hasta el transepto, y que bajaban para formar las naves laterales.

 

Las ventanas del clerestorio servían de marco a hermosos vitrales en los que predominaban los colores básicos, los cuales filtraban la tenue luz cenital que envolvía al interior de la nave central en una atmósfera musical.

 

INTERIOR Y CÚPULA

El espacio interior de la Iglesia Matriz era estrecho y profundo, una combinación de planta de una nave mayor y con dos alas haciendo cruz latina y con transepto de brazos cortos, coro alto, cúpula y robustos pilares cuadrangulares y moldurados, por lo que suponemos debe ser de la época del protobarroco o manierista, pues antes, en el Renacimiento Americano, los templos solo tenían una nave.

 

A juzgar por las fotos aéreas presenta una solución de cubiertas muy especial: la nave central se encuentra cubierta con una bóveda de medio punto que toma unos 40° a 45° de desarrollo. En cuanto a su expresión exterior, era posible apreciar esta redondez a medias, puesto que solo se asomaba la parte más elevada del trasdós, que lógicamente coincidía con el eje de la nave. En cambio en las partes laterales la cobertura era plana. En las vistas laterales es evidente la presencia de una serie de canes simples que sustentaban estas cubiertas planas.

 

La cúpula de media naranja sobre pechinas conocida también como bóveda compuesta, que se ubicó en el crucero de la iglesia, estaba inscrita en el “Cubo de la cúpula” que resultaba conteniendo los empujes de esta. La presencia de bovedillas a su interior debió corresponder al diafragma que debía sostener al nivel del coro en buen trecho de la nave central.

 

La Iglesia Matriz, con sus cuatro siglos de antigüedad, cuna de Chiclayo, fue arrasada totalmente. Según atestiguan varios documentos de la época, por los años cuarenta el complejo franciscano ya estaba condenado a desaparecer y el Colegio de San José ya había sido mudado a su nuevo local. Este abandono contribuyó a acelerar su sentencia.

 

(*) Publicado en “Historiografía del Centro de Chiclayo y del Palacio Municipal”.

 respuesta de EDWIN JAVIER QUELOPANA MONDOÑEDO el 2021-07-19.

SIEMPRE SERA UN ATENTADO A LA CULTURA HUMANA LA DEMOLICION DE UN MONUMENTO QUE DEBIO DECLARARSE PATRIMONIO CULTURAL, SIN EMBARGO ME INTERESA SABER DONDE PUEDO ENCONTRAR LOS DATOS DE VIDA DE UN PERSONAJE QUE MENCIONANA EN TAN DEPLORABLE DESAPARICION: MONS SEÑOR JERONIMO MONDOÑEDO. AGRADECERIA ME INFORMARAN SOBRE LA FUENTE DE SU BIOGRAFIA Y ALGUNA OBRA. GRACIAS ANTICIPADAS

 respuesta de Enrico el 2019-11-02.

Este no es el "imitador" (casi fonomimico) de Alan.. Puro bla, bla, bla que repite como "lorillo" las mismas frases repetitivas de los politicos con "vocacion para servirse" de las instituciones y "tragar" lo que puedan cuando obtienen cargos publicos. La entrevista constata en la boca de "jovenes" aventureros de la politica, el "viejo" paradigma de Politica= Corrupcion.

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