Marlene Villalobos Benel, 28 años de educadora, muchos logros académicos y sobre todo en enseñanza, así como unas merecidas Palmas Magisteriales en el grado de Educador.
Desde hace 26 años la profesora Marlene Villalobos enseña a los alumnos del nivel primario de la Institución Educativa N° 10797 “Micaela Bastidas”, en el distrito de José Leonardo Ortiz, que ahora también tiene el nivel secundario.
La docente reseña que allá por 1990, cuando llegó a este plantel, las condiciones de infraestructura y de aprendizaje eran más adversas.
“Cuando yo llegué, hallé un aula con niños con bastantes dificultades para leer y escribir; es más esa aula había sido prácticamente segmentada de las demás, pero asumí el reto y logré sacarlos adelante gracias a la empatía que apliqué”, señala.
PROYECTOS PARA PALMAS
El colegio Micaela Bastidas está ubicado en el pueblo joven César Vallejo, una zona que si bien está en situación de progreso, todavía debe afrontar varios retos.
“Tenemos niños que provienen de las invasiones del sector de Villa Hermosa y ellos, por ejemplo, tienen problemas para utilizar los servicios higiénicos y para ello se diseñó el proyecto de Voluntariado, en el que las madres de familia facilitan el aprendizaje de hábitos de limpieza. Para ello, hemos convocado a un grupo de 20 madres de familia, las capacitamos con varios talleres sobre estos hábitos y empatía”, explica la docente.
Por ese trabajo, dice, la visitaron representantes del Ministerio de Educación para verificar el avance, en ese entonces le pidieron sistematizar ese trabajo y presentar un expediente. Luego le enviaron una felicitación; aquel fue el primer paso para ganar varios reconocimientos.
Para los años siguientes, hasta el 2015, se amplió el proyecto a las buenas prácticas ambientales. Con este, los padres de familia y estudiantes llevaban incentivos a otras instituciones educativas pero que tengan buenas prácticas de reciclaje o sembrado de árboles.
“Nosotros tenemos muchas necesidades, pero existen otras instituciones que tienen todavía más. Para recabar recursos, el equipo de voluntariado prepara las ‘Loncheras saludables’, que las adquieren los estudiantes que así lo desean y con esos fondos se va ahorrando para incentivar las prácticas ambientales. Nosotros lideramos un proyecto de reciclaje en cuanto a selección de materiales”, señala.
A este se sumó el proyecto “El combito”, que consiste en que los estudiantes accedan a alimentación sana y de calidad entre toda la comunidad académica para lograr aceptación. “Para ello los estudiantes de varias aulas realizan un estudio de mercado evaluando alimentos sanos y aplican encuestas a todos sus compañeros para determinar qué alimentos son los más aceptados. Luego un aula por semana se encarga de preparar”, explica.
Por este proyecto, el colegio recibió un reconocimiento por parte del Ministerio de Educación dentro del proyecto de Loncheras Saludables.
LA INCLUSIÓN
La docente recuerda que hasta el año pasado, y durante tres años, logró que una niña con síndrome de Down mejorara su comportamiento y aprendizaje, propósito en el que también se involucraron estudiantes y padres de familia.
“La pequeña estudiaba en otro colegio pero su madre solo recibía quejas por parte de la profesora e incluso de las madres de familia incapaces de comprender que no todos los niños son iguales”, explica.
Ella asumió el reto de incluirla en su aula y cuando empezó a percatarse que – en efecto, la menor era muy inquieta y que copiaba todos los modales de sus compañeros, decidió sensibilizar a los padres para que estos a su vez involucren a sus hijos.
La meta era hacer entender a los padres que la menor no debía recibir la exigencia estándar de sus compañeros y que los niños logren una mejor conducta para que así la niña copie actitudes positivas. Poco a poco – dice con orgullo – la menor mejoró notoriamente sus conocimientos e incluso maneja redes sociales.
“Fue tanto el éxito que posteriormente tuve a otro niño en el sistema inclusivo, él era opuesto a la primera niña. Si lo dejabas sentado en un sitio, allí permanecía, ambos lograron mejorar”, recuerda.
Por esto y otros, a nivel regional Marlene Villalobos ganó el premio “Maestro que Deja Huella” de Interbank.
EL PADRE, TERCER PILAR PARA LA BUENA EDUCACIÓN
Actualmente, uno de los grandes debates dentro y fuera del aula está a la necesidad de que el niño lleve tarea a casa. Para la docente, que los padres y madres de familia se involucren en la educación de sus hijos hace la diferencia entre un alumno que destaca académicamente y uno que no.
“Es diferente a enviar una hoja de tarea a casa que lograr que el padre asista un día al aula y observe y sienta el proceso de enseñanza – aprendizaje. El padre llega, se sienta, empezamos con la motivación, les planteamos a los chicos la situación problemática y empezamos a debatir para de allí sacar ideas fuerza sobre lo que necesitamos, cómo se soluciona el problema, etc. Entonces a casa lleva muy poca tarea en el cuaderno, pero sí muchas ideas en la cabeza y el padre y la madre deben estar preparados para seguir reforzando el aprendizaje de sus hijos con el mismo sistema del colegio”, explica Villalobos Benel.
Es decir, el padre o madre deben conocer el sistema de enseñanza del colegio y seguir debatiendo soluciones con sus hijos sobre temas netamente académicos o cotidianos, porque la enseñanza debe ser útil en la vida cotidiana.
Por ello, la educadora saluda las estrategias de trabajo con familias que ha implantado el Ministerio de Educación llamadas “Jornada y Encuentros”.
“En las jornadas se le explica al padre o madre de familia cómo ayudar a sus hijos en casa para que estos mejoren su desempeño; mientras que en los encuentros nosotros observamos la relación que existe entre el padre o madre con el niño, cómo le ayuda en la tarea que se les encomienda dentro del aula. Al año tenemos cuatro encuentros y cuatro jornadas”, precisa.
Sin embargo, lamenta que algunos padres se muestren renuentes a participar de esta estrategia, “Por eso yo pienso que nos falta mejorar la comunicación entre maestros y si nosotros no le damos una comunicación asertiva, el padre muchas veces no responde. El padre debe saber lo que hace su hijo para apoyarnos, si él no observa, muchas veces no se involucra”, afirma.
Marlene Villalobos recuerda que las llamadas Jornadas y Encuentros ya se aplicaban en el Micaela Bastidas desde antes que el Ministerio las implementara, y que ello contribuyó mucho para que mejorara el nivel de los estudiantes de su primera aula en este plantel.
PALMAS MAGISTERIALES
Por todas estas iniciativas y muchas otras que serían muy extensas de recopilar, es que la docente Marlene Villalobos fue merecedora de las Palmas Magisteriales en el grado de Educador en el 2015, premio honorífico que el Ministerio de Educación otorga a los mejores profesores del país.
“Mis colegas me propusieron para este premio, tras el tamiz regional, mi expediente fue evaluado por el Consejo de Orden en la sede del ministerio en Lima y obtuve este premio que me impulsa a mejorar cada día”, señala con entendible orgullo la educadora.
Asimismo, señala que no solo es ella la que innova en favor de la comunidad estudiantil, sino también sus colegas, pero – cree, que falta difusión pues el propósito de todos es que el Perú tenga mejores ciudadanos y mayores esperanzas de sobresalir académicamente.
“Siento que puedo dar más, siempre me reto a mejorar. Mi responsabilidad creció cuando se me otorgaron las Palmas Magisteriales, porque caí en cuenta que estoy dentro de los 30 mejores docentes del país, esa es una gran responsabilidad y espero no defraudar a los demás y tampoco a mí misma”, enfatiza Marlene Villalobos.
EL NUEVO CURRÍCULO
Para la docente Marlene Villalobos, la oposición cerrada de un sector de padres de familia a la nueva currícula obedece a la falta de información apropiada.
“Pienso que no la terminan de comprender. La gente se está dejando llevar, yo les pediría que lean el verdadero currículo. Esta estuvo en consulta durante cuatro años, y se recibieron los aportes de la ciudadanía pero ahora, probablemente por intereses, la están tergiversando”, explica la docente.
Con conocimiento de causa, la maestra resalta que la esencia del currículo que se aplicará desde marzo es el trabajo por competencias, formar al estudiante para la vida: lo que él prende en el colegio debe saber aplicar en su cotidiano vivir. “Si yo enseño matemáticas, el niño debe poder ir a la bodega y comprar lo que la mamá de indica, debe saber cuánto pagar y cuánto de vuelto recibir, esa es la verdadera esencia de este currículo”, finaliza.
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