El interés de Renzo Espinoza Arocemena por la vida militar nació con los relatos de su abuelo, don José Félix Arocemena, quien participó como combatiente en la campaña de 1941 en la guerra con el Ecuador. Esta razón, la mística, el civismo y la disciplina que adquieren los defensores de la patria, lo animaron a iniciar su preparación para ingresar a la Escuela Naval del Perú, objetivo que logró tras un riguroso proceso de evaluación, para el cual tuvo que radicar durante un mes en la lejana ciudad de Iquitos.
Renzo, estudiante del Colegio Privado de Ciencias Peruano Canadiense, se confiesa admirador de Diego Ferré, el valeroso lambayecano que se encontraba junto a Miguel Grau cuando la torre de mando del Huáscar, en el combate de Angamos, fue bombardeada.
Diego Ferré precisamente se llama el pueblo joven donde el chiclayano de 17 años vive junto a su familia, la que ha sido de fundamental soporte para concretar su sueño de ingresar a la Marina. En octubre pasado rindió el examen, postulando en Iquitos junto a otros tres aspirantes, a quienes venció en los exámenes físicos y la entrevista personal.
“La Naval es una escuela de disciplina y decidí postular ahí precisamente por eso, porque se inculcan muchos valores. Hace tres años empecé a proyectarme en mi futuro y a principios de este año inicié mis entrenamientos físicos, a practicar la natación y a buscar información sobre la Marina, videos y otro tipo de información”, comenta.
EL INGRESO
En el Colegio Peruano Canadiense los alumnos de quinto de secundaria estudian mañana y tarde, pero con Renzo se hizo una excepción a fin de permitirle que por las tardes desarrolle sus entrenamientos para postular a la Escuela Naval.
“El proceso fue largo y tedioso, me aislé de mis amigos y estuve plenamente enfocado en el entrenamiento. Tuve un entrenador de atletismo y los sábados practicaba natación. Todo eso fue durante cinco meses, y dos meses antes del examen intensifiqué la preparación”, refiere Espinoza Arocemena.
Resalta el apoyo de su madre, María Genara Arocemena, y de su madrina, Gardenia Cortez, quienes estuvieron permanentemente acompañándolo durante estos meses. “Mi madrina fue como mi luz, siempre ha estado alentándome y preparándome”, señala.
VIAJE A IQUITOS
Ni Renzo ni su familia conocían Iquitos, pero hasta allá fue necesario viajar e instalarse durante un mes para que él pueda rendir las evaluaciones.
La estrategia fue ir hasta la capital loretana porque existían más posibilidades, por el menor número de postulantes, en comparación a las sedes de Piura y Lima, que son las que más aspirantes concentran.
Sin embargo, el reto de Renzo Espinoza fue superar a dos contrincantes que pertenecían al colegio naval y, por lo tanto, tenían mayor experiencia y rendimiento físico. El clima fue otro de los factores que casi le juega en contra, pero su perseverancia le permitió sobresalir y hacerse de una de las 60 vacantes disponibles para la Escuela Naval en todo el país.
“Primero di el examen médico, luego el psicológico, la prueba física y la entrevista personal. Fui exonerado de la prueba de conocimientos porque pertenezco al tercio superior de mi colegio. Esa fue una de las ventajas en la admisión anticipada. Las evaluaciones físicas fueron las más difíciles, porque el calor es agotador, y tenía a competidores que eran de la zona y sabían perfectamente cómo desenvolverse. Sin embargo, entendí que la mente manda al cuerpo”, menciona.
Renzo Espinoza aspira en convertirse en un oficial ejemplar, tributando al ejemplo que su abuelo como exmilitar le inculca. Refiere que le gustaría ser guardacosta.
“Nada es fácil en la vida, y tanto la vida militar como las carreras universitarias demandan de mucho esfuerzo y preparación. Si se elige es para el mejor en ello”, asegura.
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