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SIGUE LA CRISIS: EN SERVICIOS DEL ALMANZOR SE PRESTAN HASTA EL ALCOHOL

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 968

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El Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo es uno de los nosocomios más representativos de la macroregión norte. Sin embargo, los problemas infraestructurales siguen siendo un problema tanto para servidores, pacientes y familiares. Hace unos días, la enfermera Blanca Puican Pachón denunció haber quedado atrapada en uno de los ascensores y a decir de Liseth Villalobos Cachay, secretaria general del Sindicato de Enfermeras del hospital, no es la primera vez que esto sucede en la institución.

 

El ejercicio de la enfermería en el HNAAA se ha visto dificultado por las malas gestiones administrativas, según manifiesta Liseth Villalobos, pues son las enfermeras quienes tienen mayor contacto con pacientes y familiares en los centros de salud. Por tal motivo, son ellas quienes reciben las mayores quejas –muchas veces justificadas– por parte de los familiares ante cualquier problema que se pueda suscitar.

 

Uno de los más persistentes en el hospital es la falta de medicamentos y material médico en diferentes servicios. Esta insuficiencia ha sido reclamada reiteradas veces por el cuerpo de enfermería mediante documentos dirigidos a la gerencia de la Red Asistencial de EsSalud – Lambayeque. 

 

“Esto escapa muchas veces de las manos de las enfermeras y, al mismo tiempo, tenemos que asumir muchas de esas cosas al ser quienes damos la cara al paciente. Nosotros somos quienes tenemos que mandar a comprar al asegurado, que no debería hacerlo, pidiéndole una llave de doble vía o un abocat, por ejemplo”, expresa Villalobos Cachay.

 

BUSCANDO MATERIAL MÉDICO

Liseth Villalobos asegura que son los jefes de los diferentes servicios quienes gestionan el intercambio de insumos como el alcohol, que es un insumo primordial para la desinfección y demás procedimientos de enfermería.

 

“En vez de solucionarse, este problema se ha venido agudizando cada vez más. Entendemos que es por una serie de situaciones hasta burocráticas. Estamos aliviados hasta cierto punto porque nuestras jefas, dentro de su labor de gestión, ven lo que se necesita e intercambian”, expresa.

 

Comenta que se ha enviado documentos a la Gerente de la Red Asistencial Lambayeque, Rosa Pascual Albitres, quien asumió el cargo en marzo del presente año y ha tratado de solucionar algunos aspectos movilizando insumos entre servicios y hospitales que no tengan.

 

“Sin embargo, el HNAAA es una hospital grande y de alta complejidad en Lambayeque que no se abastece de movilizaciones”, alega.

 

La escases de medicamentos en el hospital, según comenta, va desde lo más común hasta lo más complejo y esto limita la labor de las enfermeras, quienes, a pesar de no ser las encargadas de Farmacia, tienen que solicitar la compra de los insumos a los familiares de los pacientes para cumplir las dosis del tratamiento. Liseth Villalobos responsabiliza al área administrativa por comprar pocos insumos y medicinas.

 

“Hubo un tiempo donde estaba agotado el diclofenaco, que es lo más común; en otro tiempo, las pastillas de enalapril o el irbesartán. Otras veces, se ven agotados medicamentos especializados en servicios como oncología. La medicina debería estar en el almacén. Nosotros utilizamos lo que compra el área administrativa para cada servicio”, cuenta.

 

CAMAS INADECUADAS

Uno de los principales problemas del HNAAA, según Liseth Villalobos, es que los servicios cuentan con camas muy antiguas. Comenta que no ha habido grandes modificaciones aparte del pintado de ambientes y el mantenimiento del desagüe.

 

“El problema de infraestructura es algo álgido porque el hospital es un edificio viejo, que se repara, pero no cubre las necesidades. Es un hospital que cuenta con los mismos servicios que contaba anteriormente, con las mismas camas. Las jefas encargadas de enfermería hacen pedidos reiterativos cada año, pero la gerencia no realiza las adquisiciones y solo mandan a remodelar y a pintar”, asegura.

 

Por ejemplo, Liseth Villalobos afirma que el servicio de Traumatología no cuenta con camas especializadas, muchas de ellas están malogradas o desarticuladas.

 

“Estamos hablando de camas de hace más de 20 años y que no tienen barandas. Nuestra población adulta hacia la geriatría está avanzando vertiginosamente y lo que anteriormente era solo un servicio puramente traumatológico de fracturas a mediana edad, actualmente, se ha convertido en traumatológico geriátrico, porque quienes se fracturan ahora son los ancianos, hay que protegerlos con barandas y nuestras camas no las tienen”, asegura.

 

Asimismo, señala que la jefa del servicio de Traumatología, María Violeta Vásquez, lleva solicitando la compra de camas especializadas desde hace tres años.

 

A pesar de no tener algún cambio resaltante, Liseth Villalobos reconoce actitudes positiva en la nueva gestión y, sobre todo, en la rapidez de los procesos.

 

“En tres meses no le podemos pedir resultados si comparamos las tres gestiones anteriores que tuvieron casi 10 años. Estoy viendo que la gestión actual está haciendo un diagnóstico de la situación del hospital. Nosotros como sindicato aún no podemos evaluarla”, manifiesta.

 

ATRAPADA EN UN ELEVADOR

El 21 de junio pasado, la enfermera Blanca Puican Pachón, de 63 años de edad, quedó atrapada en uno de los ascensores del HNAAA desde las seis de la tarde hasta pasadas las siete de la noche.

 

Durante más de una hora la profesional de salud, quien regresaba de trasladar a una paciente postoperado al servicio de Traumatología, tuvo que gritar y pedir ayuda, hasta que finalmente le indicaron que debía salir por un agujero abierto, luego que se retirara una de las puertas del ascensor.

 

"No es justo que tanto pacientes y trabajadores tengamos que soportar la negligencia de las autoridades actuales de cambiar esos vetustos ascensores del HNAAA. ¿Qué estaban esperando? ¿Mi muerte, para invertir el dinero que les llega a manos llenas para recién hacer algo? Este cambio lo venimos pidiendo hace años", cuestionó la enfermera mediante su cuenta de Facebook.

 

 

Liseth Villalobos afirma que no es la primera vez que un evento de esta naturaleza sucede y que ella quedó encerrada de la misma manera hace dos años. Asimismo, el sindicato de enfermeras se encuentra consternado por la situación de la licenciada Blanca Puican, pues tuvo que “tirarse por prácticamente una abertura, con el riesgo que el ascensor se mueva y caiga”.

 

“Al ser una colega de 63 años, ha mellado bastante su situación emocional, porque el riesgo de una taquicardia o un infarto es próximo a su edad. Nadie está libre, ella ha mostrado su valentía a tirarse y salir, pero qué hubiese pasado si hubiese sido un familiar o un paciente, alguien que está con oxígeno, pacientes postoperados o de traumashock que salen de emergencia y tienen que bajar al sótano para tomarles tomografías o resonancias”, afirma.

 

Asimismo, señala que situaciones similares están siendo más frecuentes y, en algunos casos, los pacientes han tenido que esperar que arreglen el ascensor para poder usarlo, e incluso, manifiesta que algunas veces el ascensor no se detiene en ciertos pisos y pasan de largo. El sindicato de enfermeras ha enviado reiteradas cartas para el cambio de estos ascensores, pero fueron las gestiones de los exgerentes Ernesto Castañeda Alarcón, Walder Carpio Montenegro y José Novoa Piedra, quienes dieron una respuesta negativa.

 

“Ellos nos decían que la compra tiene que entrar a licitación para cambiarlos en tres años. Actualmente, lo único que hacen es cambiar fajas y darles mantenimiento, pero es insuficiente porque dura tres días y se vuelven a malogran. Son tres ascensores con los que contamos, sumado a un cuarto en el servicio de Pediatría. Ha habido momentos en que los cuatro no han funcionado al mismo tiempo”, revela Villalobos Cachay.

 

Por otro lado, comenta que en el 2014 hubo fotografías de niños del servicio de Pediatría siendo trasladados en hamacas ante el desperfecto del ascensor. También, indica que los  ascensores no cuentan con sensores fotoeléctricos, lo que ocasiona que los pacientes en camillas o en sillas de ruedas se estrellen con las puertas.

 

OTROS PROBLEMAS

Lisseth Villalobos manifiesta su incomodidad ante el cierre del paso a Medicina Interna y Pediatría en el segundo piso tras la llegada de una filial de Instituto Nacional Cardiovascular – INCOR, al HNAAA. 

 

“Ahora tienen que dar una tremenda vuelta. Está bien que avancemos con un instituto del corazón altamente a la vanguardia de lo que se necesita, pero no podemos negar que ha cerrado el libre paso a otros servicios. El hospital ha sido creado con una estructura de movimiento de aire y de paso de gente. Han puesto paredes, lo cual está prohibido. ¿Y si viene un temblor? Es un riesgo”, señala.

 

De igual forma, Villalobos Cachay explica el problema que hubo este año con ampliación de la sala de operaciones durante la gestión de Castañeda Alarcón.

 

“Justificamos que no se podía, una ampliación tiene que estar bien justificada, no se puede poner paneles de yeso por poner. El problema es que nadie nos consulta, recién reclamamos cuando lo vemos como sucedió con el INCOR, una vez que te ponen la pared ya no puedes modificar, porque ya hay pacientes y no nos vamos a negar a esta situación”, lamenta.

 

Ante la posible ampliación de la sala de operaciones, el sindicato de enfermeras se comunicó con la Superintendencia Nacional de Salud - SUSALUD, y realizó la queja respectiva. Según indica Villalobos Cachay, “querían recibir más pacientes, pero para afuera y eso no se puede hacer en un hospital, porque todo tiene sus medidas”.

 

“Nosotros no nos negamos a la mejora del paciente. Necesitamos más camas, pero no las podemos poner en cualquier sitio y de eso siempre nos quejamos en Emergencia. Últimamente, sentimos que el usuario está más vulnerable y lo entendemos. Ellos sienten que sus necesidades no están satisfechas y nosotras damos la cara ante las situaciones violentas y agresivas. Es fácil exigir un cuidado humanizado, pero si no tenemos los recursos, cómo lo hacemos. A veces tenemos que reír por fuera cuando estamos llorando por dentro”, lamenta.

 

Finalmente, revela que algunas enfermeras son denunciadas por los familiares, quienes impacientes, llegan a grabar y llaman a los representantes del Ministerio Público. De esta manera, las enfermeras quedan manchadas como profesionales, situación que, según Liseth Villalobos, no era común.

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