La suboficial Raquel Rubiños Salazar ingresó el 27 de febrero pasado al Hospital Regional de la Policía Nacional del Perú, sanidad de Chiclayo, presentando dolor abdominal, habiendo recibido un diagnóstico previo de cálculos biliares, por lo que se encontraba en lista de espera para ser intervenida quirúrgicamente, habiendo pasado los controles preoperatorios correspondientes. Fue dada de alta el 7 de marzo. Sin embargo, sus familiares afirman que no habría recibido atención oportuna y eficaz, lo que habría propiciado su fallecimiento seis días después.
Raquel Rubiños Salazar tenía 42 años y era la menor de tres hermanas, teniendo a su cargo el cuidado de sus padres.
“Mi hermana ingresó el 27 de febrero a la sanidad con un fuerte cólico, por lo que quedó internada. Durante los días que estuvo en el hospital le administraron medicamentos que nosotros comprábamos, porque no había disponibilidad. Los doctores no informaron que había que intervenirla, pero que era necesaria una referencia que debía enviarse a Saludpol, para que desde Lima se autorice la intervención, que sería aquí en Chiclayo. Yo llamaba a Saludpol mañana, tarde y noche pidiendo información, me atendían muy bien pero no me daban una solución”, comenta Mabel Rubiños, su hermana.
El 6 de marzo, viendo que no se daba solución a la referencia, Mabel Rubiños solicitó la presencia del Ministerio Público, a través del fiscal de Prevención del Delito, apersonándose el fiscal provincial Erland Sánchez Díaz, quien recibió como respuesta de parte del personal de Saludpol que el cuadro de colelitiasis (cálculos dentro de la vesícula biliar) que presentaba la agente era una urgencia, mas no una emergencia, aun cuando incluso contaba ya con la medicación prescrita por el anestesiólogo para ser intervenida.
Solo una “urgencia”
En la Oficina de Gestión de Calidad de Atención al Asegurado del Fondo de Aseguramiento en Salud de la PNP, la responsable, Rhandy Chávez Zuñe, refirió que la paciente debía solicitar una interconsulta con cirugía general para la evaluación por especialidad, donde se determinaría si la cirugía procedía o no. Después de ello, recién se emitiría el documento correspondiente para la intervención.
La fiscalía exhortó a la directora de Prestaciones de Salud de Salupol Chiclayo, Marissa Muñoz Ayala, dar atención a la situación de Rubiños Salazar. Sin embargo, fue dada de alta en la mañana del 7 de marzo.
Empero, ese mismo día la agente policial volvió a presentar cólicos más fuertes, por lo que sus familiares solicitaron la atención del médico Robinson Cairopoma, también trabajador de la Sanidad y quien conocía del diagnóstico, ofreciéndose a intervenirla, decisión de la que posteriormente desistió.
“Llamé al doctor varias veces hasta que en una de esas llamadas contestó y me dijo que había recibido una orden superior de no operar a mi hermana, así sea de manera particular”, precisa Mabel Rubiños.
Complicación
Ante la situación, la familia contactó con el médico Carlos Neyra Campos, quien el 8 de marzo recomendó nuevos exámenes para determinar la situación en la que se encontraba la vesícula y la bilirrubina. Al conocer los resultados, el galeno dispuso que se practique una CREPE para limpieza del conducto biliar principal previa a la operación, acto que fue realizado al día siguiente.
El cuadro de Raquel Rubiños se fue complicando hasta que finalmente sus familiares lograron contactar al médico Kenny Torres, quien realizó la cirugía el 11 de marzo en la Clínica San Eduardo, logrando estabilizarla. Sin embargo, dos días después la paciente presentó baja saturación y presión arterial, por lo que fue referida al Hospital Regional de Lambayeque, donde falleció la tarde del 13 de marzo. Según el certificado de defunción, la causa fue un infarto.
“Como familia, lo que queremos es que se esclarezca qué pasó, porque para nosotros es un misterio cómo es que mi hermana, que ingresó caminando a la Sanidad, murió días después a la espera de una intervención para la que ya tenía riesgo quirúrgico. Ella en todo momento estuvo consciente, era una persona joven, llena de vida, con ganas de vivir. El médico que la operó y los médicos que nos recibieron en el Hospital Regional nos dieron el apoyo que necesitábamos, pero no se pudo hacer más. No estamos en condiciones de decir dónde estuvo la falla, pero sí queremos que lo sucedido se aclare, para poder decirle a mis padres qué pasó con mi hermana y ellos puedan encontrar algo de consuelo”, refiere.
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