Millones de ciudadanos retornarán a las urnas para definir con su voto a sus nuevas autoridades regionales, que gobernarán sus jurisdicciones territoriales los próximos cuatro años. Esta campaña es de corto aliento, por tanto los postulantes deben emplear sus mejores estrategias para captar a aquellos electores que no los apoyaron en la primera vuelta o a esa gran masa de indecisos que decide su apoyo en la cola. En esta fase también se promueven las famosas alianzas electorales con aquellos grupos políticos que quedaron rezagados el 02 de octubre, pero también se suma el apoyo de las organizaciones de la sociedad civil a determinada candidatura. Las cartas están sobre la mesa y solo depende de la población saber escoger la mejor opción política que les asegure bienestar y tranquilidad.
Miles de ciudadanos de nueve regiones del país retornarán a las urnas -en fecha que aún debe definir el Jurado Nacional de Elecciones- para elegir a sus futuros gobernadores regionales, considerando que los dos candidatos que pasaron a esta fase no superaron el 30% de los votos válidos el pasado 02 de octubre. En el norte, los comicios se realizarán en Amazonas, entre Gilmer Horna Corrales del movimiento Sentimiento Amazonense Regional y Grimaldo Vásquez del movimiento Victoria Amazonense; en Piura se disputarán el sillón regional Reynaldo Hilbck Guzmán del movimiento Unidad Regional y Luis Neyra León del movimiento Contigo Región; en Cajamarca han llegado a esta instancia Roger Guevara Rodríguez del partido Somos Perú y Andrés Villar Narro del Frente Regional de Cajamarca; y en Lambayeque pelearán voto a voto por el triunfo los aspirantes Alexander Rodríguez Alvarado del partido Alianza Para el Progreso y Jorge Pérez Flores del partido Somos Perú. Horna y Hilbck ya han sido gobernadores regionales en sus jurisdicciones en periodos pasados, en tanto que Villar y Rodríguez renunciaron a la alcaldías de las municipalidades de Cajamarca y Lambayeque, respectivamente, para participar en esta contienda. Mientras que Pérez fue congresista de la República en el periodo 2020-2021 y exfuncionario de EsSalud, Neyra ha sido exregidor de Piura (2007-2010) y postuló sin éxito el 2018 a la alcaldía provincial de Piura. Por su parte Guevara, según su hoja de vida, es bachiller en Contabilidad.
Estrategias de campaña
Esta segunda vuelta será maratónica, de corto aliento (aproximadamente un mes), por ello los postulantes deberán aplicarse a fondo para poner en práctica sus mejores estrategias que les permita captar la mayor cantidad de adeptos, para salir victoriosos de manera contundente. El contacto directo con la gente será vital, y seguramente apelarán a recorrer plazas y mercados, realizar caravanas y mítines con grupos musicales, porque eso genera empatía. Los resultados de la primera vuelta entre el primero y segundo son cortísimos, la diferencia solo es de uno y dos puntos porcentuales, salvo en Piura donde Hilbck sí le saca una ventaja de casi 10 puntos a Neyra. Nadie puede cantar victoria antes de llegar a la meta, ni pecar de confiado. Por el contrario, ante esas distancias mínimas los candidatos tienen que desarrollar una campaña con mucha inteligencia, alturada, propositiva, con una fuerte dosis de carisma y sensibilidad, para procurar atraer a aquellos electores que el 02 de octubre apoyaron a otras alternativas políticas o a esa gran masa de indecisos que muchas veces define su voto el mismo día del proceso, formando su cola en el local de sufragio. Por ahora la campaña todavía está fría, no adquiere la intensidad que debiera considerando el corto periodo que tienen para llegar con su mensaje a toda una región, que aguarda con expectativa conocer a la autoridad que conducirá sus destinos los próximos cuatro años. Es necesario que el ganador alcance un triunfo holgado, para que obtenga la legitimidad suficiente para gobernar y ejerza el poder político con obediencia a la Constitución y las leyes. Esa legitimidad lo otorga el ciudadano mediante el voto popular, y es de suma importancia para la democracia. Una cosa es ejercer el poder con 20% o 25% de respaldo, y otra cosa es hacerlo con 48% o 51%, ello da pie para que la sociedad legitime a ese gobierno.
Alianzas electorales
Cada vez que se han producido las segundas vueltas, tradicionales ya en cada plebiscito, ya sea a nivel presidencial o regional, los partidos recurren a las famosas alianzas electorales con los grupos políticos que quedaron rezagados en la contienda, como una forma de fortalecer determinada candidatura. Algunas veces estos pactos son positivos, constructivos; pero también hay aquellos que en lugar de sumar restan, por ello es fundamental el olfato político para tratar de no equivocarse y enterrar cualquier pretensión. En esta fase también es importante el apoyo que puedan recibir de las organizaciones de la sociedad civil, porque ello dará una imagen de solidez, de apertura y de crecimiento político a un postulante. El propósito de estos acuerdos entre dos o más partidos, normalmente de ideas afines y que es un fenómeno común en las democracias liberales, es gobernar un país o una región en unidad, dejando de lado cualquier tipo de rencillas. En fin, las agrupaciones harán sus mejores esfuerzos por lograr amalgamar una candidatura fuerte, bien estructurada, con planteamientos serios y responsables, de tal manera que esa sea su carta de presentación ante el electorado, sobre todo aquel que aún no ha definido su voto. En el argot criollo se dice que el político con el fin de acceder al poder es capaz hasta de juntarse con el diablo, dejando de lado muchas veces sus cualidades morales y éticas. Casos hay varios: la controvertida alianza entre el líder de Perú Posible, Alejandro Toledo, y su archienemigo Fernando Olivera, quien le pidió hacerse un examen toxicológico para descartar que en su sangre tenía algún rasgo de marihuana o de cocaína. Otra polémica coalición se produjo el 2016 entre el líder aprista Alan García y la conservadora Lourdes Flores.
Emergen los movimientos
Este proceso nos ha dejado un mapa político donde predominan los movimientos regionales independientes, que han ganado mayor espacio y han desplazado a partidos nacionales consolidados, como Fuerza Popular, Perú Libre, Acción Popular, Avanza País, Podemos y Alianza Para el Progreso. Es evidente que la ciudadanía tiene hartazgo e indignación por la forma cómo se conducen estos partidos, cuyos líderes-caudillos se aprovechan de la buena fe de las personas para llegar al poder; además de tener una imagen ligada a los grandes hechos de corrupción en el país, con expresidentes de la República involucrados en redes mafiosas e investigados por la justicia. Hay una podredumbre espantosa en cuanto a decencia e integridad, que es responsabilidad directa de la clase política que siempre ha gobernado el país. Aunque en honor a la verdad debemos precisar que elegir a un gobernador o un alcalde de un movimiento local o regional, no necesariamente es garantía de transparencia, eficiencia y honestidad. Según el Ministerio Público, de los 25 gobernadores regionales elegidos en 2018, a la fecha 21 afrontan investigaciones por presuntos delitos de corrupción. Es más, los movimientos regionales al no tener una militancia ideologizada y solo tener simpatizantes entusiastas para este proceso, no garantizan permanencia en el tiempo, porque no hacen escuela política. Si a los partidos nacionales les cuesta mucho hacer docencia política o formar a nuevas generaciones, imagínense las dificultades que sortean los movimientos regionales para preparar a nuevos cuadros.
Tu decisión es vital
Las cartas están sobre la mesa y solo depende de la población escoger la mejor opción política que les asegure bienestar y tranquilidad para los próximos cuatro años. Esta será una nueva oportunidad para demostrar cuánto hemos madurado como ciudadanía en el ámbito político, cuánto hemos aprendido de nuestros errores al apoyar a candidatos embaucadores, que una vez que accedieron al poder se olvidaron de sus promesas. Esta será una ocasión más para poner a prueba nuestra capacidad de inteligencia y lucidez mental, para apostar por las mejores alternativas electorales y no caer en la misma rutina de cada cuatro o cinco años: elegir al mal menor o al outsider, aquel que rompe esquemas en la campaña y plantea propuestas de corte populista que muchas veces no se pueden ejecutar. Lamentablemente muchos de quienes llegan a estos cargos de representación equivocan la función encomendada, se desvían del objetivo central y abusan de su posición de dominio para enriquecerse con los recursos del Estado, o para favorecer a su círculo de amigos y familiares con obras. Como advierte Rolando Arellano en su libro “Vamos a comprar un político”: La mayoría de ciudadanos pone más interés y cuidado en la elección de la próxima refrigeradora o televisor que comprará, que en la elección de la siguiente autoridad de su ciudad, región o país. “Los peruanos nos hemos vuelto mejores compradores y no nos dejamos engañar por las ofertas; pero eso no ha sucedido aún con la población en su función de ciudadanos, y votamos por olfato, por descarte o por obligación”. Que Dios guíe nuestro destino de la mejor manera.
-----------------
(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Primer Vicedecano del Colegio de Periodistas de La Libertad.
Deja tu Comentario