Nos falta petróleo y nos sobra gas. Aún no se hacen todos los esfuerzos necesarios para la masificación del gas… y deberíamos hacerlo aprovechando la crisis mundial actual. ¿Se puede?
Los cambios no se pueden realizar fácilmente, porque además de requerir determinadas condiciones estructurales, tiene que ver con personas… personas con usos, con modas, con hábitos y principalmente, con química interna hormonal… cada persona está acostumbrada a lo que ya tiene, sea bueno o malo, y un cambio – cualquiera- produce sensaciones biológicas incómodas, explicadas por cambios hormonales que nos hacen extrañar la zona de confort.
Se puede leer mucho de esto en los artículos científicos donde se habla del efecto del cortisol y de la serotonina. Volviendo al punto central, el cambio es difícil, hasta biológicamente hablando, pero no imposible… por ejemplo, fue relativamente difícil en 30 años cambiar los patrones de conducta de los empleados de oficinas en empresas grandes y pequeñas en cuanto al uso intensivo de tecnologías.
La llegada del COVID y los posteriores confinamientos dieron pie a que se cambie sí o sí los esquemas de trabajo de los empleados en varias partes del mundo. Así, por ejemplo, antes de la pandemia las oficinas en general eran lejanas al mundo del zoom y sus reuniones virtuales. Todo cambió repentinamente: las citas virtuales acapararon el ciberespacio. Hoy, es prudente preguntarse… ¿los precios del petróleo y sus derivados energéticos nos podrán por fin hacer caer en cuenta que podemos (y debemos) reemplazarlo por Gas Natural, del cual tenemos abundancia, por lo menos de dos décadas en reservas probadas?
En el Perú, en los últimos diez años se ha concentrado más o menos 40 % de la matriz energética en el petróleo y derivados, 28 % en la hidroelectricidad, 26 % de gas natural, 5 % en las energías renovables y cerca de 2 % en el carbón.
Con los precios de estos meses, es altamente probable que haya subido el uso de carbón un par de puntos, a costa de nuestras zonas forestales, las cuales no necesariamente tienen planes de explotación sostenibles. En países como Corea del Sur, sin bosques parecidos a los nuestros, ya se plantean no abandonar el uso de energía nuclear planteado en las últimas campañas electorales; y en China, lo propio, no en vano fue una noticia mundial su “sol artificial”, que no es más que un reactor de fusión nuclear destinado a fortalecer su matriz energética. China va más allá, y tampoco despega la mirada de la energía fotovoltaica, planificada a llegar al 20 % de su matriz energética para 2030.
Estas últimas semanas, el gobierno ha hecho ofrecimientos que hacen temblar la caja fiscal de los próximos años. Ofreció, por ejemplo, 700 millones de soles para comprar fertilizantes, y fue más allá rebajando el ISC a los combustibles que significan poco más de 300 millones mensuales que no se recaudarán más, entre otras medidas.
Responder con fondos a una crisis contra el bolsillo de los más vulnerables y pobres no está mal. Se pueden usar y se deben usar los recursos si la población lo requiere, pero el punto no es el monto del gasto, si no la inteligencia detrás de las medidas. Cada sol del presupuesto de hoy (y de mañana) proviene del esfuerzo de los ciudadanos y usarlo con una visión tan cortoplacista puede tener consecuencias que lamentar. Por ejemplo, lo dejado de recaudar por ISC ¿quién lo asumirá en el futuro? ¿Se podrá volver a grabar con ISC a los combustibles? Ecuador no pudo, casi le cuesta el sillón presidencial al presidente Lasso el año pasado.
¿Cómo?
No es fácil en este escenario plantear alguna medida que sepamos que va a acoger el actual gobierno. Las diversas crisis políticas y el barullo generalizado hacen hoy más que nunca difícil pensar que el gobierno pueda hacer reflexiones de mediano y largo plazo, ello sumado a la poca capacidad de varios de sus ministros, complican la situación. No obstante, pensamos que puede haber algún espacio para pensar en nuestro Perú y el futuro que heredará nuestra niñez. Y en ese espacio sugerimos evaluar que se estimule el uso del gas natural con un bono directo a la compra de tecnología que permita la conversión de actuales motores de gasolina y diésel al gas natural.
Un yanapay al gas para automotores convertidos. Ya se gastó más de 5000 millones de soles en el yanapay a las familias. Es hora de probar nuevas medidas que incidan estructuralmente para bien.
También se podría intentar aumentar el uso del gas para la generación de energía eléctrica. Usamos hidroelectricidad hoy en día (más del 50 % de lo generado), pero sabemos los ríos no tienen los mismos caudales que hace tres decadas, y quizá siga a la baja, por ello se debería empezar a pensar en usar gas natural cuando se piense en el plan energético peruano al 2050.
Sabemos que no es fácil solo implementar un bono, se necesitaría también esfuerzos en aumentar los puntos de distribución del mismo y la producción destinada al mercado nacional (y esto es parte de la discusión que debemos empezar a tener como país más allá del ruido político). Si no empezamos el cambio en esta crisis de energía, ¿cuándo?
(*) Economista y docente universitario.
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