A Flavio Miguel Núñez Ízaga lo conocí cuando él era alcalde de Chiclayo y yo regidor de José Leonardo Ortiz, cuando fuimos a comunicarle que ante la falta de rentas habíamos decidido asumir el control del mercado Moshoqueque que administraba la municipalidad provincial.
Ya como Diputados por Lambayeque, él por el APRA y yo por Izquierda Unida, fuimos designados para integrar la Comisión Revisora del nuevo Código Penal que trabajó un año, desde fines de 1989 a mediados de 1990 bajo la Presidencia de Luis Roy Freyre, también recientemente fallecido.
El nuevo código
El nuevo Código tenía un sello garantista y humanista, la pena máxima era 25 años y se eliminó las figuras de la reincidencia y habitualidad propias del derecho penal de autor y no del derecho penal de acto.
Este Código ahora está despedazado por el populismo penal y el derecho penal del enemigo que cree que todos los problemas de un país se resuelven con el Código Penal.
Terminada la redacción del Código viajamos a Buenos Aires para pedirle una suerte de visto bueno al más grande penalista de América Latina, Eugenio Raúl Zaffaroni, ex Juez de la Corte Suprema de Argentina y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
En aquel momento Flavio era también Vice Presidente de la Cámara de Diputados y en representación del Poder Legislativo, a su iniciativa, se impuso la más alta condecoración a Zaffaroni y a Roy Freire, como lo atestiguan las fotos de esta nota.
Amistad
En los últimos años, mantuvimos una fraterna amistad, talvez explicada por mi paso como juez y Presidente de la Corte Suprema y que la esposa de Flavio, Gladys Echaíz, fue Fiscal de la Nación y hoy congresista de la república.
Las diferencias de ideas políticas, cuando hay tolerancia y pluralismo, también sirven para construir amistades.
Flavio Miguel, un abrazo a la distancia.
(*) Abogado, expresidente del Poder Judicial del Perú.
Deja tu Comentario