Escribe: Jorge Chávez Pita (*)
El último domingo del mes pasado, muchos peruanos henos sido testigos de la difusión, en un programa dominical, de un video donde se muestra la anatomía del presidente Pedro Castillo, que, a escondidas, con pasos apresurados en la oscuridad de la noche, recala y se interna en el bunker de su campaña eleccionaria.
A su alrededor todo lo que se movía a media luz eran los miembros de su seguridad, altas autoridades deslizándose agazapados, como también vehículos que iban y venían al rescate de alguien a quien había que salvar y poner a buen recaudo.
La película propalada nos muestra al dignatario utilizando no el sombrero acostumbrado, característico de su tierra natal, emblema por cierto de su débil triunfo presidencial y sus actividades cotidianas de gobierno frente al pueblo que lo aviva y lo enaltece, sino, en esta oportunidad, se logra ver a un Castillo luciendo un gorro juvenil desnaturalizado, cómplice de su accionar al margen de las formas y la formalidad legal imperativa, prevalente para despachar y parlar con quien como primera autoridad le corresponde.
La bolsa
Dicho todo ello, la cereza del pastel se muestra como tal, cuando hace su aparición a paso ligero en el escenario circunstancial con luces artificiales, una dama con bolsa en mano a quien el señor del sombrero, en ese momento ataviado con un gorro de uso no recurrente, se proponía atender y al parecer recibir una bolsa negra de un tamaño muy perceptible a simple vista, la misma que ya no portaba la fémina al momento de su retiro – así lo muestran las imágenes vertidas -, es decir, dicha bolsa, por lógica, se quedó dentro del recinto presidencial, conteniendo sabe Dios qué.
Las preguntas claves se caen de maduras: ¿Por qué y para qué la dama concurrió al bunker presidencial a la hora que lo hizo?
La siguiente interrogante obligatoria sería, ¿qué contenía la bolsa que portaba y por qué se quedó dentro? Vaya usted a saber.
El hecho concreto y coincidente es que la dama en cuestión, de acuerdo a lo corroborado, ingresó al Palacio de Gobierno dos veces para conversar con el ensombrerado presidente Castillo, una vez con el dolarizado ex secretario Pacheco, esto días antes de que la empresa a la que asesoraba, integrante de un consorcio, obtuviera la buena pro de uno de los millonarios proceso convocado por Pro Vías Nacional, en el caso específico de un proyecto superior a los 250 millones de soles.
Las evidencias de un inadecuado accionar de Castillo son plausibles y determinantes, fundamentalmente por la forma y circunstancias de los hechos mostrados que lindan con la ilegalidad y la falta de transparencia en su actuar.
Es decir, despachar bajo el manto de la informalidad en un lugar inadecuado y recibir de esta manera, en horas trasnochadas, a personajes camuflados y operadores de empresas que contratan con el Estado.
Luego de estas visitas no solo ponen en el tapete fuertes suspicacias y dudas, sino en iguales condiciones, generan ciertos indicios de presuntos actos de corrupción materia de ser investigados en el contexto de los indicios razonables que demanden su certificación.
En descrédito
La condición moral del presidente Castillo tiene un decrecimiento pleno en su credibilidad, tal es así que los que apostamos por él y defendimos a ultranza sus principios morales pregonados con engaño, no solo hoy dudamos, sino ya no creemos en ellos.
Más aún, es casi seguro que luego de estas bochornosas ocurrencias, muchos de nosotros, por decir lo menos, nos pondremos en la otra orilla, es decir, previamente aceptando que nos equivocamos al emitir nuestro voto a su favor, decirle al hasta hoy presidente de la república que ya no le creemos, no lo aceptamos y que antes de que todo se confirme cambie el sombrero por el gorro y dé un paso al costado por dignidad.
La traición es un hecho devastador, el engaño es tóxico y degradante, la moralidad y la transparencia son valores fundamentales de las personas.
Ya no nos sentimos identificados con usted señor Castillo ni representados en su condición de presidente del país. ¡Tiene que dejar el cargo! El pueblo que no votó por usted se lo viene exigiendo hace ya un tiempo, hoy los que no lo hicimos también se lo pedimos. Váyase señor por donde vino, es mejor así.
(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
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