El estancamiento de la ciudad de Chiclayo es evidente y plausible en su infraestructura de carácter elemental y fundamentalmente en lo que atañe al ornato, el orden vehicular y la actividad comercial, esta última invadida por la informalidad y la creciente proliferación de personas que venden y revenden productos de todo tipo, ambulatoriamente, donde les apunta el ojo o, mejor dicho, en el lugar que ellos marcan como su territorio comercial.
Lo demás también suma: colapsos de aguas residuales por doquier, pistas y veredas con deterioros estructurales y desniveles muy marcados y como toque final, el cúmulo de residuos sólidos (basura) que se muestran como monumentos alusivos a la ineficiencia de su erradicación y a la idiosincrasia ciudadana, creyente que todo lo que no vale o no se utiliza hay que desparramarlo por calles o plazas, sin que para ellos exista un resquicio de civismo y solidaridad.
Cada vez resulta sumamente mezquino cuando se trata de sumar para lograr, por lo menos, convivir en una ciudad sostenible con un mediano confort y una tenue imagen tradicional de una ciudad ordenada y receptiva, amicalmente como lo fue en antaño, hoy en día empañada por lo que se ve y lo que ofrece en el sentido de su imagen como ciudad.
Por cierto, cada vez más degradada y sometida al abuso, la desidia y deshonestidad de sus autoridades de turno, quienes haciendo uso y abuso del poder otorgado, no solo desarrollan una labor de espaldas al pueblo, sino en forma sistemática toman decisiones inadecuadas plagadas de abuso y arbitrariedad, logrando de esta manera premeditada desfalcar sus arcas, apropiándose indebida y colusoriamente de los dineros que le son asignados para generar el bienestar ciudadano vía los programas sociales y la prestación de los servicios básicos.
Por esos servicios es que la ciudadanía paga y, lo más evidente, el uso de triquiñuelas y argucias trasnochadas para direccionar la ejecución de obras a un determinado contratista, previo a los acuerdos realizados bajo la mesa en favor de sus intereses (coimas) que, casi siempre, son obtenidos cercenando la calidad de las obras y su disposición presupuestal.
La corrupción
Dicho todo ello, debemos asentir que Chiclayo no ha logrado avanzar, principalmente porque durante casi cuatro periodos de gestiones edilicias los actos de corrupción han sido hechos preponderantes para el atraso sostenible en el que se encuentra la ciudad, tradicionalmente llamada “Capital de la Amistad”.
Dos exalcaldes que gobernaron por tres periodos sucesivos en el ayuntamiento chiclayano, hoy en día, se encuentran privados de su libertad por acciones corruptas en contubernio con algunos integrantes de su parafernalia de indecentes, en su mayoría funcionarios de confianza, quienes, como ya es bien sabido, lograron enriquecerse de mala manera, razón que ha permitido su encarcelamiento por los fundados y fuertes indicios de corrupción evidenciados por los fiscales y jueces encargados de impartir justicia.
La gestión actual
No podemos dejar de poner en el tapete, la ineficiente y desatinada gestión del actual burgomaestre Marcos Gasco Arrobas, quien incluso está sometido a una serie de indagaciones fiscales producto de las denuncias interpuestas por algunos munícipes y miembros de la sociedad civil, las cuales, de igual forma, se fundamentan en razones con ciertos atisbos de inacción y corrupción, principalmente en lo que se refiere a la falta de seguridad ciudadana, el deficiente manejo del recojo de los residuos sólidos de la ciudad, y, por qué no, en la adjudicación de ejecución de obras con ciertos indicios de irregularidades y presuntos direccionamientos llevados a cabo recurrentemente.
Estos hechos no solo estarían colisionando con la ética y la honestidad, sino que, bajo los elementos de convicción advertidos por los entes de control, enrostran una gestión edil ineficiente y presuntamente no transparente, que se sostiene sobre pilares débiles que impiden paliar y contener el decrecimiento en el cual Chiclayo, hoy en día, se encuentra inmerso e imposibilitado de avanzar en todos los aspectos como ciudad, que durante años fue progresista y el emporio comercial del norte, como así también protagonista preponderante del desarrollo económico de esta parte del país.
(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
Deja tu Comentario