En significativa ceremonia, la Centenaria Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque distinguió a cuatro destacados profesionales que aportan al desarrollo departamental, dos de ellos con reconocida labor en lo que va de la emergencia sanitaria por el Covid-19.
“Es un deber del gremio empresarial, representado por la Centenaria Cámara de Comercio, reconocer a personas y empresas que han dado y siguen dando todo lo suyo de cara de generar las condiciones de desarrollo para nuestra región”, señala Carlos Burgos Montenegro, presidente de la CCLAM.
Menciona que la distinción otorgada permite reafirmar la presencia de la institucionalidad en el departamento y estimular a los buenos profesionales y empresarios a seguir contribuyendo, desde sus ocupaciones y actividades al progreso y bienestar de la ciudadanía.
Walter Alva Alva
El arqueólogo Walter Alva Alva es uno de los personajes distinguidos por la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque. Nacido en la provincia de Contumazá, Cajamarca, y graduado en la Universidad Nacional de Trujillo, llegó a Lambayeque en 1977 para asumir la conducción del Museo Nacional Brüning, desde el cual lideró sus primeras investigaciones.
Realizó excavaciones arqueológicas en las Salinas de Chao (1977), en el valle de Zaña (1977-1978), en el Morro Eten (1979) y en Purulén (1983). Sin embargo, fue con el hallazgo de la tumba del Señor de Sipán, en Huaca Rajada, que alcanzó fama mundial, al tratarse del primer descubrimiento de una tumba intacta de un gobernante del antiguo Perú. El suceso aconteció en julio de 1987.
Desde entonces, Alva Alva se ha convertido en uno de los más importantes referentes de la arqueología no solo del país, sino también de América Latina. Se considera que con el trabajo realizado junto a la antropóloga Susana Meneses y Luis Chero, revolucionó la arqueología peruana.
Tras el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán y del Viejo Señor de Sipán, Alva Alva emprendió un arduo trabajo, buscando apoyo internacional, para la restauración y conservación del ajuar funerario, objetivo que finalmente alcanzó con apoyo del gobierno alemán.
Asimismo, a partir del hallazgo de Sipán el Estado Peruano promulgó una ley para la protección de piezas arqueológicas contra el tráfico ilegal, marco que permitió la repatriación de una serie de objetos de incalculable valor que habían sido saqueados de Huaca Rajada y otros sitios de interés patrimonial en el país.
En paralelo, Walter Alva gestionó la exposición del ajuar funerario del monarca Mochica en los Estados Unidos de Norteamérica, recaudando los primeros recursos que posibilitaron la construcción del Museo Tumbas Reales de Sipán, ubicado en la ciudad de Lambayeque, el más visitado por los turistas nacionales y extranjeros fuera de Lima.
Este año, Alva Alva, quien ostenta diferentes reconocimientos como la Orden El Sol del Perú, la Medalla de Honor del Congreso de la República y varios Doctorados Honoris Causa, fue cesado del cargo como director del Museo Tumbas Reales de Sipán por límite de edad, aunque el reconocido arqueólogo asegura que todavía tiene mucho que dar para Lambayeque y el país.
“A mí nadie me ha jubilado. Solo he cesado de las labores administrativas, de estar al frente de un museo que -modestia aparte- yo mismo construí con mis propias manos. Creo que todavía tengo techo para seguir aportando a la arqueología, pues hay muchos proyectos que han quedado pendientes, en los cuales seguiré trabajando”, asevera.
Manuel Soria Alvarado
El médico Manuel Soria Alvarado no solo es uno de los héroes de la pandemia, sino también un sobreviviente de la misma. Cuenta que su pasión por la medicina inició cuando tenía apenas seis años. Por aquel entonces, en su natal Huancayo, vivía con su abuela paterna, quien era una paciente terminal de cáncer. Evoca que él a su corta edad se encargaba de darle sus alimentos y la acompañó hasta sus últimos días. “Él es mi doctorcito y salvará muchas vidas cuando crezca”, recuerda que le decía.
Señala que en el colegio siempre fue un alumno destacado, pues le motivaba el premio que se les daba a los alumnos que ocupaban el primer puesto: un botiquín, el cual muchas veces ganó y llevó para su casa. Cuando acabó la secundaria tuvo la disyuntiva entre seguir la vocación sacerdotal o la medicina. Al final, se decantó por salvar vidas con bata blanca.
Apunta que en ese entonces había solo cinco facultades de Medicina en el Perú, entre las que destacaba San Fernando, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Allí ingresó y rápidamente se hizo destacado no solo por sus aptitudes académicas, sino también por su vena social para la lucha estudiantil.
Soria Alvarado está a puertas de cumplir 50 años desde que ingresó a la Facultad de San Fernando y 41 años de ejercicio médico. Cuenta con maestrías en San Marcos y en la Universidad Cayetano Heredia, y tiene la especialidad de medicina interna. Es uno de los impulsores de la conquista de la Ley N° 559 – Ley del Trabajo Médico, con la cual se consagró el estatus del profesional médico para lograr mejores condiciones laborales y un adecuado nivel salarial, aunque para ello debieron transcurrir cien días de huelga.
En marzo de este año, Manuel Soria venció al COVID-19, tras permanecer mes y medio internado en Lima y haber luchado arduamente el 2020 contra la pandemia.
“Tengo mucho que agradecer a Lambayeque, por eso entregué todo mi trabajo en esta lucha contra la pandemia. Me he dedicado en alma, corazón y vida a Chiclayo y lo volvería a hacer”, asevera.
Walter Bracamonte Merino
Walter Bracamonte Merino nació en Tumbes y decidió seguir la carrera militar al igual que su padre, quien también fue general del Ejército del Perú en el arma de Infantería. Desde diciembre del 2019 es el comandante de la Séptima Brigada de Infantería del Ejército, acantonada en Lambayeque.
“Tengo 35 años de servicios como oficial del Ejército del Perú y estoy cumpliendo mi segundo año como comandante en Lambayeque, cargo que asumí el 1 de diciembre del 2019. He seguido el ejemplo de mi padre, quien fue general del Ejército, también del arma de Infantería. Precisamente por ver su trabajo es que nació en mí la vocación militar”, comenta.
Ingresó a la Escuela de Oficiales del Ejército a los 16 años, después de haber cursado estudios en el Colegio Pedro Ruiz Gallo, en Lima.
Bracamonte Merino ocupó la jefatura de Educación del Ejército, en el Comando de Educación y Doctrina, fue jefe de Bienestar y como coronel se desempeñó como gerente general de la Asociación Círculo Militar del Perú.
Asimismo, fue director de la Escuela de Infantería y comandante del Batallón de Selva N° 49, La Pedrera, ubicado en el trapecio amazonico.
Walter Bracamonte fue designado como jefe del Comando Regional Covid en la parte más crítica de la pandemia, destacando el trabajo articulado desempeñado con el sector salud y los gobiernos locales y el regional, sobre todo para la disposición de cadáveres.
“He aprendido mucho, he podido también desarrollarme en todas las capacidades y conocimientos adquiridos. A través de la carrera militar somos capacitados en todos en todos los grados y eso nos permite cumplir con los objetivos trazados”, resalta.
El general Bracamonte cuenta con una maestría en Administración por la Universidad del Pacífico, una Gestión Pública por la Universidad Esan y también una maestría en Ciencias Militares en la Escuela de Postgrado del Ejército. Además, es doctor en Educación.
Jorge Piscoya Madueño
Por las venas de Jorge Piscoya Madueño corre la dulce historia de King Kong San Roque. La génesis de este típico dulce se remonta a 1920, cundo un grupo de reconocidas damas lambayecanas empezaron a elaborar dulces en la casa de doña Victoria Mejía de García (bisabuela del homenajeado). La intención era proveer de alimentos a un grupo de pobladores de escasos recursos.
“Mi bisabuela con un grupo de señoras hacían dulces y de as utilidades que obtenían daban todos los 13 de junio víveres y medicinas a la población más necesitada. Pusieron una tiendita en la calle San Roque, hoy Dos de Mayo, donde uno de los productos preferidos del público era un alfajor de varias capas y gran tamaño. Le llamaban el alfajor de la calle San Roque”, recuerda.
Relata que en el año 1933 llegó la película del gorila King Kong a Lambayeque, con lo cual la población de aquel entonces empezó a comparar al alfajor de la calle San Roque con el gigante mono. De esa forma nacería el nombre con el cual hoy se le conoce al típico dulce. Diez años después, la familia García Mejía inscribió la primera patente de King Kong San Roque y a partir de allí empezó a desarrollar dulces de otros tamaños, variedades y sabores.
Menciona que, en 1970, ya cuando la empresa se encontraba en manos de Perpetua García, hija de la fundadora Victoria Mejía de García, decidieron mudarse a un local más grande que le permitiera fabricar un mayor volumen de dulces. Así, el proceso productivo se traslado a una moderna planta ubicada en el kilómetro 780 de la Panamericana Norte.
“Alrededor de 1980 mi abuela paterna vio que varias personas querían también producir king kones, así que decidió dejar libre el término king kong y solo patentar San Roque. Para todos amanece el sol, decía mi abuela”, sostiene.
Resalta que, en 1994, la empresa incursionó en la exportación directa de sus productos y en 1999 se inauguraron las primeras tiendas en las principales ciudades del norte.
Apunta que él ingresó a trabajar en San Roque en 1995, tan pronto egresó de la Universidad de Piura, donde estudió ingeniería industrial y sería a partir del 2000 que asumió la dirección del negocio familiar. Desde entonces, su labor se ha centrado en trabajar por la internacionalización del típico dulce lambayecano.
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