En los últimos días, el Contralor General de la República, Nelson Shack Yalta, en su visita de rutina realizada a nuestra región – como no podía ser menos -, nos ha hecho saber una noticia plagada de deshonestidad y total desequilibrio moral, diciéndonos que Lambayeque se encuentra hoy en día entre las tres regiones con más incidencia de corrupción en el Perú, lo que equivale a tener que aceptar que hoy por hoy, la presea de bronce próxima a ser plateada la estamos ganando a pulso y a brazo partido.
No faltaba más, ya que desde hace años, por los desmadres y las tropelías de ciertas autoridades insanas mal elegidas y la inconducta de los funcionaros que fungen de operadores para violar la ley sistemáticamente, con el fin de obtener beneficios indebidos a favor de la autoridad que los contrató y para ellos mismos, hoy la corrupción no solo impera en la región, sino se incrementa día a día, pese a los atajos, controles y acciones disuasivas que los entes encargados de su control pretenden imponer, al parecer, sin un resultado efectivo que permita paliar el indigno accionar de los agentes naturales para consumar el acto corrupto, como son, el “corrupto” y el “corruptor”.
Mal descentralizado
La corrupción, que en todos sus niveles está descentralizada, por su naturaleza misma, es un mal endémico, transversal, lacerante de la dignidad humana, como tal, es una estructura siniestra de bajo nivel y soterrada moral, donde el arrebato de lo ajeno y la apropiación sistemática de la cosa pública es imperativa, por lo tanto, siendo tal cual, da pie para que ciertos sujetos habidos de vivir y sostenerse con demasiada facilidad, hacen suyos los estamentos públicos para lucrar y engrandecer su patrimonio producto de sus malas mañas, la eficiente y eficaz doble moral y, por qué no, el síndrome de la cleptomanía producida antes de morar en la tierra, por cierto, impredecibles en su actuar que, como siempre, vienen revestidos de maldad e insania demencial.
Estar dentro de las tres regiones más corruptas del país, de un total de veinticinco, no es nada halagador, máxime si somos una región medianamente poblacional superada por varias de mayor envergadura, como Lima, con una población cercana a lo 11 millones de habitantes diseminados en la capital Lima, 10 provincias y 171 distritos; Áncash, con 1 millón 300 mil habitantes, ubicados en 20 provincias y 166 distritos; Cajamarca, con 1 millón 500 mil pobladores, residentes en 13 provincias y 127 distritos; Cuzco, habitado por 1 millón 400 mil personas, ubicadas en 13 provincias y 116 distritos, Junín y Puno, que en conjunto superan los 2 millones 500 mil habitantes en 22 provincias y 234 distritos.
Así también nuestros vecinos de Piura y La Libertad, que cuentan en su conjunto con 4 millones de habitantes residentes en 20 provincias y 143 distritos, mientras que la región Lambayeque, a pesar de ser habitada por más de un millones de personas abarcando en su ámbito geográfico solo 3 provincias y 38 distritos, es hoy en día uno de los lideres de la precariedad moral y ética de sus autoridades.
Problema grave
Esto, en buena cuenta, nos permite colegir que siendo una circunscripción corta en su ámbito de la gobernanza subnacional, la corrupción resulta ser preponderante y de mayor actividad comparativamente con las de superior envergadura, lo que da lugar a ser considerados – como lo refiere el contralor -, sin lugar a dudas, como los abanderados del acto delincuencial llamado “corrupción”, el cual no solo nos deshonra, sino como tal, nos ocasiona un efecto emocional ciudadano incongruente, con la moralidad que nos arrastra a la indignación masiva, rebeldía contenida y frustración desmedida.
Todo ello, producto de ver como un monstruo de afilados caninos se va tragando el bienestar ciudadano, socavando las estructuras estatales, a pesar de los tenues esfuerzos de los entes encargados del control y supervisión de las gestiones públicas, razón que está permitiendo el copamiento y el crecimiento de la corrupción en la mayoría de los estamentos públicos y las gestiones ediles en el ámbito de la región Lambayeque, donde hasta hoy tenemos a un gobernador regional con arresto domiciliario y el anterior con sentencia confirmada, alcaldes provinciales y distritales sentenciados y privados de su libertad producto de su mal actuar, tan igual a otras regiones del país donde sus autoridades están sometidas a procesos investigativos, que incluso, han sido condenados por hechos de corrupción, como por ejemplo, el gobernador de Tumbes no habido horas antes de ser sentenciado. En Áncash, tres de los últimos gobernadores regionales están presos, mientras que el último electo tiene una condena suspendida.
En Junín Vladimir Cerrón envuelto en sus telarañas de corruptelas, y para cerrar, el reciente encierro del mal llamado nuevo inca, Elmer Cáceres Llica, gobernador de Arequipa, entre otros más.
(*) Especialista en Contrataciones del Estado.
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