Chiclayo reúne todas las condiciones para dar el gran salto a ser la metrópoli que sus habitantes desean, tiene todas las potencialidades para ser una capital de región sobresaliente en el norte del país, y también a nivel nacional. Su ubicación geográfica es estratégica, envidiable, y lo hace muy atractiva para los inversionistas, de allí que en la última década se han asentado importantes empresas del rubro agroexportador, de la industria, el comercio, la construcción. Sin embargo, sus autoridades municipales y regionales de turno han hecho muy poco por generar políticas públicas que viabilicen esta aspiración, no han sido capaces de plasmar obras de envergadura a todo nivel, que permitan apuntalar un crecimiento sostenido en el tiempo, con visión a mediano y largo plazo.
Las gestiones municipales de los últimos 15 años han significado una afrenta para la Capital de la Amistad, la población se ha equivocado una y otra vez al respaldar a personas (alcaldes) que en la gestión pública fueron un lastre, una rémora, que llegaron al sillón edil sin tener un plan específico y una estrategia de lo que querían para Chiclayo. Desde la administración de Roberto Torres Gonzáles (2007-2010, 2011-2014), luego la de David Cornejo Chinguel (2015-2018), y la actual de Marco Gasco Arrobas, se evidencia que en cada etapa habido una improvisación espantosa, falta de liderazgo, personal poco calificado e idóneo para ayudar en la gobernabilidad, que llegó a engrosar el aparato administrativo por ser al “amigote” de la autoridad o porque fue parte de la campaña electoral. Viejas prácticas que persisten hasta hoy. Han hecho del Estado su botín.
A todas estas ineficiencias, se agrega que cada burgomaestre siempre ha trabajado de acuerdo a sus propios criterios y conveniencias, politizaron sus gestiones, dejando de lado las buenas iniciativas emprendidas por la gestión saliente que debieron tener continuidad. Todo ello ha impedido que la ciudad tenga un desarrollo ininterrumpido que coadyuve al bienestar de las familias, sobre todo aquellas carentes de servicios fundamentales para su subsistencia. Finalmente la corrupción gestadas en sus administraciones terminó por envolver a dos exalcaldes actualmente presos (Roberto Torres y David Cornejo), así como funcionarios de confianza, quienes en lugar de concentrar esfuerzos por hacer más grande a esta noble ciudad, prefirieron enriquecerse ilícitamente. Para la Fiscalía, las autoridades lideraban organizaciones criminales para saquear las arcas ediles.
Malos ejemplos
Hace 14 años radico en Chiclayo y con certeza puedo asegurar que en todo este periodo la ciudad no ha tenido grandes cambios ni transformaciones que le permitan encontrar el norte de su desarrollo. El 2007 cuando llegué por motivos laborales, encontré una urbe prácticamente bombardeada, con muchas de sus calles hechas añicos y un alto porcentaje de ellas sin asfaltar, con cerros de basura por todos lados y con gallinazos que pululaban en la inmundicia. Con una informalidad en todo orden de cosas y con autoridades que demostraban incapacidad e ineptitud para tratar de dar solución a toda esta problemática. En ese momento el alcalde era Roberto Torres, quien había llegado al sillón municipal en olor a multitud por sus promesas de campaña que habían encandilado a la población.
La administración de Torres tuvo serios altibajos desde el comienzo, sus funcionarios de confianza fueron denunciados por presuntos hechos de corrupción, ya se avizoraba que algo malo se cocinaba al interior de la comuna. En cuanto a gestión pública, mostró serias limitaciones y falencias por la incapacidad de empleados con poder de decisión; por ejemplo para mejorar la infraestructura vial de la ciudad, resolver el tema de la limpieza pública o el comercio informal. En setiembre de 2014, el alcalde, sindicado de liderar la organización “Los Limpios de la Corrupción”, fue detenido junto a regidores, funcionarios y su expareja sentimental, acusados de los delitos contra la administración pública, lavado de activos, asociación ilícita para delinquir y peculado.
Roberto Torres significó una vergüenza para la institución municipal de Chiclayo, y se pensó que su caso sentaría un precedente para las futuras autoridades elegidas por el voto popular. Sin embargo, la realidad nos terminó por demostrar lo contrario. David Cornejo fue ungido alcalde provincial en un ambiente de marcada expectativa, con su lema de campaña de una férrea lucha contra la corrupción. Sin embargo, esa esperanza con el correr de los meses se fue desvaneciendo y su gestión terminaría por opacarse, por las sucesivas denuncias de presuntos actos de corrupción de sus funcionarios.
Cornejo pudo haber pasado a la historia como el alcalde que luchó frontalmente contra la lacra de la corrupción enquistada en el seno municipal, por enfrentar a las mafias instaladas hace mucho tiempo en la entidad y que no han podido ser expectoradas; pero las ambiciones desmedidas de poder, la podredumbre que había ganado espacio en la comuna, y un sistema de control gubernamental inadecuado, terminaron por atrapar a la autoridad y su séquito de confianza, manchando su honor y su dignidad por el dinero mal habido.
El 29 de noviembre de 2018, el burgomaestre oriundo de Jaén, Cajamarca, fue detenido por la policía, acusado de presuntamente liderar la organización “Los Temerarios del Crimen”, dedicada a cobrar cupos para otorgar licencias a transportistas y en la ejecución de obras. La gestión de Cornejo fue bastante pobre en cuanto a proyectos de trascendencia para la ciudad y para sus pueblos jóvenes. En campaña ofreció la construcción de dos anillos viales para mejorar la transitabilidad vehicular, lo cual nunca cumplió. También planteó la remodelación integral del mercado Modelo y la construcción de un moderno relleno sanitario, planes que quedaron solo en buenas intenciones. Prometió convertir a Chiclayo en un anís, una meta ambiciosa que al final incumplió.
Otra desazón
Tras estas dos experiencias repugnantes en la comuna chiclayana, la ciudadanía eligió a Marco Gasco como el nuevo alcalde para el periodo 2019-2022. Había mucha expectativa por el trabajo a emprender, pues prometió cambiarle el rostro a la ciudad, pese al caos, el descrédito y la desconfianza que había dejado la gestión de Cornejo. Sin embargo, a estas alturas de su mandato es muy poco lo que se puede rescatar como obra pública, pues no hay proyectos de impacto que respalden su labor. Por el contrario, hay indignación en la población ante tanta indolencia, hay impotencia y desazón por ver que esta tierra no encuentra la dirección correcta para el despegue que requiere, insisto pese a las excelentes condiciones que posee.
No creo que el tiempo le alcance al burgomaestre para dar solución a los más álgidos problemas que atraviesa la ciudad, como el tema de las pistas que están destrozadas, la limpieza pública, el sistema de saneamiento, el comercio informal y la lucha contra la corrupción. Desde un comienzo Gasco tuvo desaciertos que empañaron su desempeño, como el subirse el sueldo pese a la crisis económica que había en la comuna. Nombró a personas cuestionadas en la función pública que no han reunido el perfil técnico y profesional para determinados cargos, lo que hoy se manifiesta en una carencia de obras. Según el regidor Percy Espinoza Gonzáles, para este año la municipalidad tiene un presupuesto de S/. 84 millones para inversión en obras, pero a la fecha solo se ha ejecutado el 9%. “No hay justificación para que no se produzcan inversiones, estamos en el tercer año de gestión y la institución debe marchar mejor. Hasta agosto se han dejado de ejecutar 44 proyectos, los cuales se arrastran incluso desde el primer año de labores. Cabe precisar que en el primer año solo se logró ejecutar el 20% del presupuesto de inversión, y el segundo año llegó a 30%”, explicó en entrevista al semanario Expresión.
Este es un nuevo fiasco para Chiclayo, que lamentablemente en su historia municipal reciente ha tenido la mala fortuna de elegir a personas que no han respondido a las expectativas de todo un pueblo. Esta gestión se irá sin pena ni gloria, porque al parecer Gasco y compañía no tienen las armas para revertir esta mala experiencia y la imagen negativa que tiene la comunidad sobre ellos. Hoy más que nunca se necesitan autoridades competentes, comprometidas con la labor para la que fueron elegidas, urge una cuota de honestidad, transparencia y liderazgo, y dejar de lado la improvisación y la chabacanería.
Ante este panorama desolador de los últimos años, será responsabilidad entera del electorado elegir al mejor candidato en los comicios del 2022, para no volver a equivocarse y arrepentirse los próximos cuatro años, porque de por medio está el futuro nuestro y el de nuestros hijos. Por eso es importante ejercer bien su ciudadanía, de manera libre y sin presiones de nada; pero para ello hay que estar debidamente informados para ejercer nuestros derechos con madurez y seriedad.
(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación.
Deja tu Comentario