El 1 de marzo del 2013 es una fecha que la historia regional guardará para la posteridad como el día en que más de diez mil personas se movilizaron en Chiclayo para luchar contra un solo objetivo: la corrupción. El promotor de este hecho sin igual fue Raúl Valencia Medina, hombre nacido en Cusco y que por aquel entonces llevaba apenas un año residiendo en la ‘Capital de la Amistad’.
“Para mí y mi familia era realmente indignante ver cómo una ciudad tan noble y cariñosa venía siendo destruida, producto de la falta de un buen gobierno municipal. La población olía la pestilencia, particularmente en el centro, donde los desagües estaban colapsados y las aguas servidas escurrían por los buzones, formando aniegos”, recuerda.
Pese a la situación, señala que las organizaciones de la sociedad civil, tales como los colegios profesionales, gremios empresariales, instituciones y universidades no hacían algo en concreto para hacer frente a la caótica situación que vivía Chiclayo. “Sostenían una posición crítica, pero era muy cómoda, solo señalaban, pero no hacían nada”, rememora.
PROTESTA
La gesta de aquella movilización comenzó cuando Valencia Medina contactó a un grupo de periodistas a quienes citó para manifestarles su indignación. Les contó que, en su ciudad natal, Cusco, la población no permitiría esos hechos, porque por encima de los colores políticos está la identidad regional.
Fue así que se conformó un grupo que se encargó de visitar a las instituciones de la sociedad civil para ir compartiendo el mensaje de protesta, lo que a la postre devino en la creación el ‘Movimiento Cívico de Chiclayo’, nombre que adoptó la organización. Una cosa era clara: no se iba a permitir la presencia de ningún partido político, ya que hasta ese momento no habían realizado ninguna acción en favor de la ciudad.
“Este mensaje ya no era mío, sino de un grupo cada vez mayor, hasta que el 1 de marzo se hizo una gran movilización contra la corrupción y el abandono en el que estaba Chiclayo. Por primera vez, los medios escritos, radiales y televisivos se unían en una protesta regional a la que acudieron más de diez mil personas. Fue multitudinario. Supimos capitalizar en términos positivos la indignación de toda una población que veía a su ciudad deteriorarse día a día”, evoca.
CONSEJO REGIONAL
Aunque solo estuvo siete años en Chiclayo, su liderazgo desde la sociedad civil le valió a Raúl Valencia el ser invitado por Alianza Para el Progreso para postular al cargo de consejero regional en las elecciones del 2014, en las cuales salió electo como el más votado.
Durante su período como consejero, ocupó dos veces la presidencia del Consejo Regional y destacó por su capacidad para consensuar con en favor de Lambayeque.
“Resalto de este tiempo el haber luchado contra la corrupción. Fui parte de la Comisión de Fiscalización e intenté ser lo más transparente posible. Fue una tarea gratificante, intensa, porque teníamos que estar por encima de los intereses político partidarios. En su momento también tuvimos que cuestionar a la administración de la que era parte. Entendí que la política tiene que ser seria, responsable, madura. Así como tuvimos la energía para hacer las investigaciones y denuncias en contra de la gestión regional; también tuvimos la misma energía para reconocer los aciertos”, asegura.
TRABAJO GREMIAL Y EDUCACIÓN
En su paso por Chiclayo, Valencia Medina ocupó también la segunda vicepresidencia de la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque, durante el período del 2016 al 2019. Gracias al trabajo en conjunto de toda la directiva, se gestó la adquisición del nuevo local, donde funciona actualmente la sede del gremio de los emprendedores.
Todo lo descrito no hubiera sido posible si el economista no hubiese asumido el 1 de febrero del 2011 la dirección de la filial Chiclayo de la Universidad César Vallejo, motivo que lo trajo por esta tierra.
“Encontré una universidad con mil 360 alumnos y siete años después dejé una con más de nueve mil y una muy bonita infraestructura, que está a la vista de todos. Mi misión es generar valor, que significa producir bienestar, dar una buena educación. A Chiclayo le he dejado una buena universidad con calidad educativa, eso es algo que la sociedad reconoce”, refiere.
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