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JOSÉ DONGO ÁVALO: “APRENDÍ A CONVERTIR MI PEOR DESGRACIA EN UNA FORTALEZA”

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1145

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  • El empresario chiclayano hoy desarrolla, en paralelo a sus negocios, el proyecto de un hospital pediátrico para niños con cáncer.

 

A José Dongo Ávalo la vida le cambio de un momento a otro. El exitoso empresario de la marca ‘Marakos’, hoy 490, conoció a Celeste Alcántara Bay cuando este tenía 23 años y ella 18. Por aquel entonces trabajaba como visitador médico e iba con frecuencia a una entidad bancaria en la cual ella laboraba como anfitriona. “No fue difícil enamorarse, era una mujer encantadora y físicamente muy hermosa”, revela el empresario, quien tras cinco años como enamorados, se casó con ella.

 

Dongo Ávalo, es el mayor de cuatro hermanos, cuenta que su vida no fue fácil. Hijo de un funcionario público y una asistente social, revela que su infancia fue austera, lo cual le dio el ímpetu de cambiar el horizonte de su vida que entonces no parecía favorable. Fue así que ya casado con Celeste, una mujer muy competitiva, ambos decidieron emprender un negocio propio. Siendo la gastronomía uno de sus pasatiempos, sacaron una pequeña parrilla a la calle y empezaron con el negocio de las carnes. De eso hace ya 25 años.  

 

ENFERMEDAD

A la par de los negocios, el matrimonio Dongo Alcántara fue consolidando su amor, fruto del cual nacieron José Mariano y María Celeste. Sin embargo, la noche del 17 de marzo del 2018 la vida del próspero empresario empezaría a dar un giro de 180 grados.

Cuenta que aquel día su esposa tuvo un pequeño cólico, lo cual motivó que a la mañana siguiente fuesen a una consulta médica en la que el galeno les informó que podría tratarse de un posible cáncer.

Fue así que Dongo Ávalo y su esposa viajaron a Lima para que le realizasen una gastrectomía, procedimiento mediante el cual le detectaron un cáncer en cuarto grado que - “salvo un milagro”, como le dijeron los médicos, era poco posible de curar. A partir de ese momento pasaron siete meses hasta el día en que Celeste Alcántara dejó de existir terrenalmente el 17 de diciembre de ese año.

“Celeste nunca tuvo nada, era muy deportista y cuidadosa con sus alimentos. Llevaba un régimen de vida muy correcto, pues sabía que tenía cierta tendencia genética por parte de sus padres a tener ese tipo de enfermedades. Estas son las cosas que a uno le hacen preguntarse cómo es que hay gente que lleva una vida muy desordenada y no les pasa nada. Sin embargo, el cáncer de mi esposa fue muy difícil de detectar”, menciona.

 

LECCIONES

Dongo Ávalo recuerda que durante esos siete meses Celeste Alcántara se encargó de prepararlos tanto a él como a sus hijos para cuando llegase el momento de partir. “Decía que esas eran decisiones de Dios que debían respetarse, que la vida no le pertenece a uno, que aquí estamos solo de tránsito y su misión habían culminado”, rememora.

Señala que tan solo una vez vio a su esposa derramar una lágrima durante los siete meses que batalló contra la enfermedad, la misma que - afirma - libró dignamente.

“Tuve un choque muy fuerte con la realidad cuando se hizo una junta médica en Lima y me aconsejaron que no gaste más dinero porque el cáncer de mi mujer era terminal. Uno de los presidentes de la clínica me advirtió que si hubiese alguna parte en el mundo donde pudiesen curar a Celeste, me lo diría, pero no la había”, apunta.

 

‘VIDAWASI’ 

Fue a partir de esa experiencia que José Dongo decidió darle un nuevo su vida y se sumó a la iniciativa de su hermano Jesús: ‘Vidawasi’, proyecto que ya inició y busca construir una miniciudad de 12 hectáreas donde tendrá lugar el primer hospital de cáncer infantil en el Perú, ubicado en Urubamba – Cusco, destinado a atender a niños de poblaciones vulnerables y escasos recursos.

“Hay mucha gente que no muere precisamente por el mismo cáncer, sino por la indiferencia de los demás. El que haya vivido una experiencia tan de cerca me hizo conocer la realidad de muchos niños enfermos de cáncer. Si ya de por sí es triste que muera una persona de 40 o 50 años, lo es mucho más cuando se trata de un niño que puede ser la esperanza de una familia, de una comunidad y en general de todo un país”, resalta.

El empresario explica que actualmente la salud pública se encuentra venida a menos, sobre todo para enfermedades que suponen un costo alto de tratamiento como es el cáncer. Apunta que, por ejemplo, en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas apenas hay un pequeño pabellón pediátrico, por lo que ‘Vidawasi’ surge para llenar ese vacío.

“Me llamó la atención el enterarme que la hija de uno de los especialistas en cáncer del Hospital Almanzor Aguinaga falleció siendo niña justamente de esa enfermedad. Son ironías de la vida. Uno nunca sabe lo que le va a tocar. El tener que vestir a mi esposa y ponerla en un cajón me hizo darme cuenta que uno se va de la vida sin nada. De todo lo que acumulas en bienes no te llevas nada, por eso yo quiero irme sabiendo que estoy dejando algo para los demás”, enfatiza.

 

NEGOCIOS

Por otro lado, el empresario señala que tiene como unidades de negocio los dos locales de 490, Lumbra y Casa Sipán, los cuales busca consolidar, pero siempre priorizando a su familia por encima de todo, pues su forma de ver la vida ha cambiado.

“Si de algo debo estar seguro es que nunca debo estar seguro de nada. Aprendí a convertir mi peor desgracia en una fortaleza. Celeste me enseñó muchas cosas y dejó dos hijos fabulosos a quienes siempre les digo que el dinero es importante en la medida en que los ayude a desarrollarse, pero si les sirve para comprarse carros, licores exquisitos y en general llevar una vida superflua, entonces no sirve de nada”, finaliza.

 respuesta de Cecilia Yarita el 2023-11-16.

Hermosa historia de amor.

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