“El 16 % de los encuestados reportó que sus derechos como personas viviendo con VIH fueron vulnerados en el último año”.
A inicios de diciembre, un paciente denunció un condenable acto de discriminación en el Hospital Almanzor Aguinaga Asenjo. Una de las enfermeras pretendió obligarlo a limpiar los servicios higiénicos luego que se le practicase un procedimiento gástrico por el único hecho de ser portador del Virus de Inmunodeficiencia Humana – VIH. El hecho fue grabado por el paciente con su teléfono celular, quien valientemente increpó a los profesionales de la salud por la vulneración de sus derechos. El caso es solo una muestra de las cientos de prácticas discriminatorias que en el 2018 portadores del virus han sufrido por su condición, realidad que se refleja en el “Índice de Estigma y Discriminación hacia las personas con VIH en Perú”.
Desde el 2008, el documento es elaborado en más de 50 países gracias a la unión de esfuerzos de la Federación Internacional de Planificación de la Familia – IPPF, ONUSIDA, la Red Mundial de Personas que viven con el VIH y la Comunidad internacional de Mujeres que viven con el VIH/SIDA.
La publicación del índice persigue el objetivo de visibilizar las experiencias de portadores relacionadas al estigma, la discriminación y la expresión de sus derechos.
Este año, el estudio fue aplicado en cinco ciudades del país: Lima, Callao, Arequipa, Iquitos y Piura. La información fue recogida entre marzo y julio, participando en total 600 personas, 50 % de ellas residentes en Lima y Callao.
“Se busca comprender las experiencias de estigma y discriminación en personas con VIH, según los grupos poblacionales a los que pertenecen (hombres y mujeres de la población general, hombres gays y bisexuales, mujeres trans y mujeres trabajadoras sexuales). Asimismo, reunir información que fortalezca los procesos de promoción de los derechos humanos de las personas con VIH por parte de las organizaciones que implementan el estudio. También, difundir información sobre la situación del estigma y la discriminación en personas con VIH entre tomadores de decisiones, funcionarios y actores de la sociedad civil involucrados en la respuesta a la epidemia del VIH en el Perú”, resalta el informe.
CARACTERÍSTICAS DE LOS PARTICIPANTES
El 34.8 % de los participantes en el índice tenía entre 30 y 39 años de edad cuando compartió su experiencia de discriminación, el 29.1 % entre 40 y 49 años, el 15 % entre 25 y 29, el 7 % entre 20 y 24 y el 2 % entre 15 y 19 años de edad.
Del total, el 32.3 % fueron mujeres de la población general, el 25.4 % hombres de la población general. 22.3 % hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, el 15 % mujeres trans y el 5 % mujeres trabajadoras sexuales.
El 88 % de hombres, el 78 % de mujeres, el 75 % de mujeres trans, el 96 % de hombres que tienen sexo con hombres y el 84 % de mujeres trabajadoras sexuales tiene secundaria completa o superior.
De los 600 participantes en el estudio, el 77 % manifestó contar con algún tipo de empleo, el 68 % de la población de hombres que tienen sexo con hombres refirió contar con un empleo estable, el 55 % de hombres de la población general informó contar con trabajo estable, en tanto el 47 % de mujeres señalaron estar desempleadas.
RESULTADOS NACIONALES
“Los resultados muestran que las experiencias de discriminación y de violencia son cotidianas para las personas con VIH. Si bien es difícil tener un punto de referencia para comparar cifras, ya que no existen datos previos en el Perú, las proporciones mostradas de estas experiencias son preocupantes en sí mismas”, revela el documento.
Dato alarmante es que según la encuesta para medir la percepción de la población peruana sobre los derechos humanos, a nivel general solo el 45 % estaría dispuesta a contratar a una persona portadora del Virus de Inmunodeficiencia Humana – VIH. Ese resultado se contradice con el 67 % que respondió estar en contra de la afirmación que señala que: “Las personas con VIH/SIDA no deberían trabajar, pues ponen en riesgo a la comunidad”.
El 47 % de los participantes reportó haber tenido alguna experiencia de discriminación en el último año, esto es 284 portadores de los 600 que fueron entrevistados por el estudio.
Reportaron haber sido, por ejemplo, excluidos de alguna actividad social, religiosa, familiar; haber recibido insultos o acoso verbal; ser víctimas de murmuraciones e incluso haber recibido alguna agresión física por su condición de portadores.
Sin embargo, la cifra crece considerablemente cuando se indagó sobre otro tipo de actos de discriminación, llegando al 77 %, concentrándose el mayor número de casos en las mujeres trans, seguidas de las mujeres trabajadoras sexuales.
“El grupo menos afectado es el de hombre heterosexuales. Las experiencias de discriminación, la vulnerabilidad al VIH y el estigma que se genera debe entenderse como capas que se adicionan sobre una vulnerabilidad sociales existente, como la violencia de género, la exclusión social de la población de mujeres trans, la homofobia, entre otros”, detalla el índice.
FORMAS DE DISCRIMINACIÓN
En promedio – se expone – 1 de cada 5 entrevistados refiere haber sido excluido de alguna reunión o actividad social en los últimos doce meses. “Esta cifra es mayor en el caso de las mujeres trans, donde el 35 % refiere haber sufrido la exclusión de alguna actividad social en el último año”.
Seis de cada 10 de los entrevistados relaciona la exclusión sufrida con el VIH, sea como único factor o dentro de otros. Asimismo, 3 de cada 10 participantes refirió haber sido excluido alguna vez de actividades familiares. En el caso de las mujeres trans y mujeres trabajadoras sexuales la cifra llega al 43 %. De este grupo, 8 de cada 10 lo relaciona con el hecho de vivir con VIH.
Se suma que el 70 % de los portadores de VIH se dieron cuenta que las personas murmuraban sobre ellos. El 56 % lo asocia al VIH y en el caso de las mujeres trans 9 de cada 10. En este grupo, el 53 % considera que las murmuraciones se deben a otra causa aparte de vivir con VIH.
“En el último año 4 de cada 10 entrevistados ha sido verbalmente insultado, acosado o amenazado. Para mujeres de la población general y mujeres trabajadoras sexuales la cifra es de 5 de cada 10. En mujeres trans, 7 de cada 10. En este último un 10 % refiere sufrir estas agresiones de forma constante. La mayoría de encuestados (55 %) asocia estas situaciones de violencia verbal a su condición de vivir con VIH. Sin embargo, en el caso de mujeres trans la cifra es menor (27 %)”, señala el estudio.
Se informa además que 3 de cada 10 reportó haber sufrido alguna agresión física en el último año. En mujeres tans el reporte se dio en 5 de cada 10. La mayoría de entrevistados (60 %) asocia las agresiones a otra causa más allá de vivir con VIH. En mujeres de población general (50 %) y mujeres trabajadoras sexuales (70 %) el agresor fue la pareja. En mujeres trans los agresores fueron conocidos fuera del ámbito familiar (35 %) o desconocidos (40 %).
“Cuando se les pregunta a los participantes sobre las razones por las que ocurre la discriminación hacia las personas con VIH, el 51 % considera que estas son consecuencia de la incomprensión sobre cómo se transmite el VIH y del temor al contagio. El 28 % lo asocia a que las personas consideran el vivir con VIH como algo vergonzoso, o condenan su estilo de vida y comportamiento y evitan relacionarse con ellas”, sostiene.
VIVIENDA, SALUD Y EDUCACIÓN
Otros datos que arroja el índice resaltan la manera en la que las personas portadoras de VIH sufren exclusión en el entorno social.
Por ejemplo, 3 de cada 10 respondieron que perdieron su empleo o su fuente de ingresos económicos. Esa proporción se reduce en hombres de la población general y es mayor en mujeres de la población general. Del total de personas que vivieron esa experiencia, el 38 % lo asocia a su condición de portadores.
Del mismo modo, a 2 de cada 10 % se le ha negado el servicio de salud por su condición de VIH en el último año y a 1 de cada 10 se le ha negado una oportunidad laboral.
ESTIGMA INTERNALIZADO
Por estigma interno se entiende a aquellas situaciones en las que la discriminación o los discursos de violencia hacia las personas con VIH son interiorizadas en las personas, disminuyendo su autonomía y capacidad de toma de decisiones y llevándolas a tener sentimientos o realizar acciones que pueden ir en contra de su propio bienestar.
Como resultado se tuvo que 5 de cada 10 personas encuestadas (51 %) refiere haber tenido sentimientos de auto inculpación al pensar en su condición de VIH, en tanto 4 de cada 10 personas refiere haber sentido vergüenza. En las mujeres de la población general esta proporción es de 49 %.
Tres de cada 10 personas encuestadas refiere haber sentido baja autoestima. Dos de cada 10 ha presentado sentimientos suicidas en el último año en relación a su condición de VIH.
“Entre los efectos más visibles de la interiorización del estigma están el temor y/o autoexclusión frente a diversos tipos de situaciones sociales y decisiones personales”, explica el estudio.
Así, se encontró que 4 de cada 10 personas dejaron de asistir a reuniones sociales, 3 de cada 10 se aislaron de su familia y amigos, 2 de cada 10 decidió no tener relaciones sexuales, 7 de cada 10 mujeres entrevistadas decidieron no tener más hijos por su condición de VIH, 2 de cada 10 refiere haber evitado una clínica local al haber tenido una necesidad de salud y 1 de cada 10 perdió una oportunidad laboral o educativa; es decir abandonó sus estudios, dejó de trabajar o no solicitó empleo.
“En cuanto a situaciones de estrés percibidas por los participantes en relación a las interacciones que pueden tener con terceros: 7 de cada 10 personas entrevistadas teme ser blanco de murmuraciones”, expone el índice, en el que se indica además que 6 de cada 10 personas teme ser objeto de agresiones verbales y 4 de cada 10 teme sufrir agresiones físicas.
El 16 % de los encuestados reportó que sus derechos como personas viviendo con VIH fueron vulnerados en el último año. De estos, el 88 % no buscó obtener una reparación legal por estas vulneraciones. Las principales razones dadas para no iniciar estos procesos son la falta de confianza en el sistema de justicia o el sentimiento de intimidación para tomar medidas.
Por otro lado, 4 de cada 10 encuestados refiere no sentirse seguro sobre la confidencialidad de sus registros médicos, 2 de cada 10 piensan que sus registros no son confidenciales y el 15 % reporta que alguna vez el personal de salud le dio información a otras personas sobre sus estatus de VIH sin su consentimiento.
“La desinformación en el público general, perpetúa experiencias de discriminación y exclusión. Las organizaciones de personas con VIH junto con otros aliados pueden fomentar campañas que cierren estas brechas de información, desarmen mitos y fomenten la empatía”, concluye el estudio.
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