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MAY: EN DEFENSA DE LOS SECTORES VULNERABLES

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1072

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  • “May” desarrolla planes para abordar temas derivados de la violación de los Derechos Humanos, a fin de emporar y dar voz a aquellos que no son escuchados.

 

La defensa de los Derechos Humanos se expresa en acciones solidarias que no solo favorecen al desarrollo, sino que también protegen a aquellos sectores sociales que sufren exclusión, violencia y otros problemas. Ante estas situaciones de riesgo surge “May”, una asociación sin fines de lucro que promueve los derechos de niños, adolescentes, mujeres, adultos mayores y personas privadas de su libertad.

 

PROBLEMAS FRECUENTES

Ana Calderón Miskulín, una de las representantes de la asociación, señala que los problemas frecuentes, sobre todo en zonas rurales y urbano marginales, son la violencia de género, la deserción escolar, el abandono a los adultos mayores y la ausencia de oportunidades de desarrollo para exconvictos.

“El 40 % de mujeres adultas mayores sufre violencia física o psicológica por parte del hijo o pareja. Otra dificultad que traviesa esta población es el abandono, motivo por el que a futuro trabajaremos con ellos para que tengan una vida productiva y generen sus propios ingresos. Es necesario que se respeten sus derechos y que la gente sea consciente de ello. Es común pensar que las personas ya no aportan cuando cumplen determinada edad, pero es errado, pues su sabiduría y experiencia de vida significa un aporte sobre cómo hacer las cosas, qué conservar y qué no”, dice.

Ana Calderón comenta que a lo largo de la historia se ha concebido a la mujer bajo un rol doméstico dedicado exclusivamente a las labores del hogar y a la educación de los hijos.

“En cuanto a los niños, se cree que porque tienen poca edad no pueden comprender ciertas situaciones o realizar acciones, motivo por el que se vulneran sus derechos y finalmente ellos resultan más afectados. El principal factor al que están expuestos es a la violencia. Si una madre es violentada, el niño proyectará ello en el colegio y a futuro será o agresor o agredido”, informa.

Otro de los factores de riesgo que enfrentan los menores de edad es el acoso. La representante de “May” señala que las niñas entran mucho a Facebook e Instagram, plataformas digitales por las que normalmente conversan con hombres adultos.

“En pueblos jóvenes sucede que las mujeres desempeñan un nuevo rol económico y familiar. Ellas se levantan desde las 4:00 de la mañana para ir trabajar a los fundos y no regresan hasta las 8:00 de la noche. Por su parte, el padre también está ausente porque trabaja fuera o porque abandona el hogar y deja a la madre con tres o cuatro hijos. Entonces cuando ellas llegan de noche ya no tienen control ni ese nexo de autoridad que debe existir para llevar una relación familiar sana”, explica.

De igual manera las drogas y el alcohol, comenta, son un peligro constante que afecta a niños y adolescentes desde los 12 años. La adicción a la Internet también se hace presente en ciertos sectores urbano marginales de Chiclayo.

“En un pueblo joven llamado El Nazareno existen ocho cabinas de Internet que todos los días están repletas de niños. Ellos suelen entretenerse con juegos violentos, el detalle es que las cosas van en escalada, pues luego roban dinero, engañan o no hacen las tareas por pasar horas en las cabinas”, cuenta.

 

PROPUESTAS DE INTERVENCIÓN

Actualmente “May” desarrolla el proyecto ‘Código Esperanza’, iniciativa que busca desarrollar y reforzar relaciones familiares sanas, capacidades socioemocionales y la utilización productiva de herramientas tecnológicas en niños, niñas y adolescentes en situaciones de riesgo y violencia en Chiclayo.

“Decidimos trabajar primero con niños y adolescentes porque es más fácil crear un modelo en pequeños que aún están en proceso de formación. Con ellos normalmente abordamos temas como la prevención del maltrato infantil, el abuso sexual, ciudadanía, participación y liderazgo”, comenta.

Ana Calderón Miskulín junto a Mónica Salazar del Río, vicepresidenta de “May”, iniciaron hace poco dicho proyecto con una charla a los padres de una institución educativa en el pueblo joven de Villa Hermosa. El tema abordado fue: “¿Mi familia es un hogar?”, que surgió, cuenta, ante tanta violencia.

“Nosotros realizamos diagnósticos en los lugares que intervenimos para así determinar cuál es el problema y qué propuestas podemos implementar. En los pueblos siempre hay cambios que dan cuenta de nuevos problemas”, expresa.

A fin de combatir los problemas detectados, “May” trabajará con padres de familia y docentes temas relacionados a las habilidades sociales con enfoque de coaching, además de prevención de maltrato y abuso sexual en los niños.

“Este proyecto innovador incluye que los padres aprendan a manejar la Internet. A los niños se les enseñará lenguaje y programación para que creen páginas web y a raíz de eso realicen campamentos de tecnología donde puedan desempeñarse como influencers o youtubers”, expone.

 

EDUCACIÓN TECNOLÓGICA

De acuerdo con Ana Calderón, el empobrecimiento de Lambayeque es social político y económico, evidenciado en los indicadores de salud, de satisfacción, educación y seguridad ciudadana.

“Por lo menos para mejorar en cuanto a educación, la actual tendencia es la educación tecnológica y hoy más que nunca es importante pensar en cuál es el uso apropiado que se le debe dar a las tecnologías en los procesos de enseñanza”, anota.

Agrega que hoy en día se habla de los ‘nativos digitales’, es decir, la población que nació en el período de apogeo de la Internet, por ello urge incorporar la tecnología a la educación, porque aporta una serie de beneficios que aumentan el interés de los niños y adolescentes en las actividades académicas.

“El Perú debe tener gente preparada desde la infancia para que cuando crezcan, tengan esa solidez necesaria. Dentro de los beneficios de la tecnología destaca que colabora con el empoderamiento de los menores de edad no solo a nivel de conocimientos tecnológicos y académicos, sino también con las habilidades blandas”, refiere.

Las habilidades blandas, también conocidas como habilidades sociales, contribuyen a la prevención de la violencia y al respeto hacia la otra persona, además del interés por el otro y la empatía. 

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