La festividad del Señor de los Milagros es la celebración religiosa que más fieles congrega en Chiclayo, incluso más que la de la patrona de la ciudad, la Inmaculada Concepción, que se conmemora en diciembre. Cada vez que las andas del cristo moreno recorren las estrechas calles de la “Capital de la Amistad”, un mar humano acompaña su recorrido, que en los últimos años ha salido de la zona central para llegar a lugares más lejanos como Pimentel, Monsefú y José Leonardo Ortiz.
Este año, la devoción de los chiclayanos hacia el Cristo de Pachacamilla, materializada en su tradicional fiesta de octubre, cumple cien años.
Fue en 1907 cuando la dama Carmela Delgado de Aspíllaga donó a la ciudad una réplica de la imagen que se venera en la Iglesia de las Nazarenas de Lima, cumpliendo así una promesa por los favores recibidos.
El lienzo, obra del pintor Guillermo Samanez, se convirtió desde entonces en el centro de la devoción de los fieles católicos.
La imagen del Señor de los Milagros que recorre Chiclayo de todos los años es un copia exacta de la que pintó el negro angola en la pared de abobe en el barrio de Pachacámac en Lima, a mediados del siglo XVII, a la que posteriormente se le añadió el Padre Eterno, María y María Magdalena.
“La intención de esta noble señora fue la de obsequiarlo a la ciudad de Chiclayo para que de esa manera surgiera entre el pueblo la devoción y la fe que ella sentía por el Cristo Morado. Su propósito tuvo éxito y la devoción esperada surgió y se propagó en todos los alrededores de Chiclayo”, reseña Francisco Morales Chávarry, presidente de la Hermandad del Señor de los Milagros.
LA HERMANDAD
Cuarenta años después de iniciado el culto en Chiclayo nació la hermandad, sobre la base del grupo conocido como “Los Hermanos Cargadores”, a iniciativa de Pedro Carmona Tafur.
Fue así que el 18 de octubre de 1957, el día central de la festividad en honor del Cristo de Pachacamilla, se acordó fundar la hermandad de Chiclayo, siendo sus primeros promotores Ciriaco Carbajal Huerta, José del Carmen Tello Castro, Agustín Ruiz Facho, Mauro Serquén Olivos, Martín Capuñay Patazca, Víctor Paz Vásquez, Fredeberto Morales Jiménez, Jorge Elio Pajares, Víctor Salcedo Morgan, Abrahán Acevedo Zuloeta, Celestino Paita, José Llontop, Miguel Quepuy y Octavio Infante.
“Este grupo de hermanos anhelaba desde hace años anteriores establecer la institución religiosa que representara a los ya numerosos fieles devotos del Señor de los Milagros, quien velaría por el cuidado del lienzo, considerado ya como una reliquia. Este deseo se concretó más aún con la llegada a la ciudad del ilustrísimo monseñor Daniel Figueroa Villón”, comenta Morales Chávarry.
Los entusiastas hermanos solicitaron una audiencia con el flamante obispo de la recién erigida Diócesis de Chiclayo, quien de inmediato mostró su apoyo a la iniciativa de formar la hermandad del Señor de los Milagros.
Luego de las reuniones preparatorias se decidió elegir a la primera junta directiva, en tanto el obispo, a través de su canciller, el reverendo padre Ramiro Fernández, expidió el Decreto de fecha 26 de septiembre de 1958, con el que se reconoció a la institución fundada bajo el nombre de “Hermandad del Señor de los Milagros de la Parroquia El Sagrario”, otorgándole todas las atribuciones del caso.
LAS PRIMERAS PROCESIONES
Cuenta Francisco Morales que debido a la carencia de recursos los inicios fueron complejos, pero que pese a ello los fundadores de la hermandad tuvieron la capacidad de organizar las primeras procesiones del Señor de los Milagros en Chiclayo, cuyos recorridos eran apenas de dos horas y comprendían el espacio entre las calles San José, Luis González, Elías Aguirre y Siete de Enero, para retornar por San José primero a la Iglesia Matriz y años más tarde a la Iglesia de Santa María Catedral.
“Con el transcurrir del tiempo este recorrido se ha ampliado, tratando de cubrir en sus cuatro salidas procesionales de octubre las principales arterias de la ciudad. La procesión del Señor de los Milagros tiene un mensaje de amor y esperanza para cada uno de los pobladores de esta ciudad, que tiene la dicha pasar frente a sus hogares, renaciendo la fe en sus corazones y multiplicando el número de fieles que desean rendir el respeto y veneración que nuestro señor merece”, señala.
Añade que el Señor de los Milagros es para cada uno de los fieles la imagen de un cristo redentor, no de un cristo sufriente, que se entrega al sacrificio para abrir el camino al reino celestial.
“Nuestra ciudad de Chiclayo, en el marco de la celebración del centenario de la devoción a la sagrada imagen de nuestro Señor de los Milagros, mira al cristo crucificado, al cristo de amor, que extiende sus brazos para acercarnos como verdaderos hermanos. Contemplemos el amor infinito de nuestro Dios y digámosle: ‘Gracias señor porque me has llamado a ser parte de esa salvación’”, enfatiza.
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MENSAJE DEL OBISPO ROBERT PREVOST
“Queridos hermanos, me acerco a ustedes con inmenso gozo y esperanza. Gozo, porque en el marco de la celebración del 60 aniversario de nuestra querida Diócesis de Chiclayo, la devoción a nuestro Señor de los Milagros celebra el centenario de su presencia en nuestra iglesia local y, al mismo tiempo, la hermandad que lo custodia conmemora los 60 años de su institucionalización.
Asimismo, contemplo con esperanza el trabajo de evangelización que por designio de Dios recae ahora en nuestras manos. La iglesia de Chiclayo espera mucho trabajo de todos los sacerdotes y fieles comprometidos con el anuncio del evangelio. Por ello, bendigo y encomiendo toda labor evangelizadora, a fin de que la fe en nuestro señor Jesucristo se siga proclamando y anunciando por todos los rincones de nuestra jurisdicción.
Los santos evangelios nos cuentan que las multitudes acudían a ver y escuchar a Jesús, porque de sus labios salían palabras de vida eterna; y porque en él la gente encontraba a la luz de sus vidas. Así también, muchos hermanos y hermanas se acercarán en estas fiestas de octubre al Cristo Moreno, buscando el consuelo para su dolor, la salud espiritual y corporal, la fortaleza para contrarrestar las tribulaciones, la gracia para dejar el pecado, el perdón y la misericordia para empezar una nueva vida…
Dejemos que Cristo se luzca, que él sea amado, que él sea alabado, que solo él sea enaltecido. Reconozcamos, hoy y siempre, que la centralidad de nuestra fe se halla en Jesucristo y, de este modo, vivamos nuestra sagrada devoción con piedad y amor; como genuina religiosidad; con perenne humildad; y con una entrega cada vez mayor al servicio del reino de Dios.
Tengamos presente que en cada procesión, que Dios nos brinda la oportunidad de manifestar públicamente nuestra fe y que esto nos exige una entrega generosa y un auténtico testimonio de vida cristiana. Miremos a Cristo y señalémoslo como el cordero que quita el pecado del mundo y trae la verdadera paz al corazón del hombre de hoy.
Les invito a rezar de una forma muy especial por los frutos espirituales de la pronta visita apostólica del santo padre Francisco a nuestro Perú. Con motivo de este acontecimiento recientemente hemos recibido un videomensaje del papa en el cual nos exhorta: ‘Trabajen por la unidad. Un cristiano que trabaja por la unidad mira adelante, y lo hace no con escepticismo ni amargura, sino con esperanza’.
Unidad y esperanza para abrir nuevos horizontes de evangelización y contrarrestar la dispersión y la tristeza. Unidad y esperanza especialmente para todos los hogares cristianos, para que la familia sea el ámbito de acontecimiento y vivencia de la fe cristiana y para que desde casa se promueva el cambio que nuestra sociedad tanto anhela.
Imploro a nuestro Señor de los Milagros que nos conceda un mes lleno de muchas bendiciones: que nos otorgue la gracia de la conversión del corazón, que nos permita ver más unidas a todas nuestras familias, con mayor espíritu cristiano a nuestros jóvenes, y con alegre inocencia a nuestros niños”.
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