Por su obra a favor de la comunidad, la Municipalidad Provincial de Chiclayo y el Gobierno Regional de Lambayeque reconocieron a la Orden de los Agustinos Recoletos, rectores de la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, quienes hace 50 años trabajan en la evangelización siguiendo las enseñanzas de San Agustín de Hipona.
Los padres agustinos recoletos llegaron a Chiclayo en 1964, cuando decidieron establecer aquí una casa cural que sirviera de enlace entre Lima y la recientemente creada prelatura de Cutervo y Chota. Tres años después se constituyó la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, en homenaje a la advocación mariana que se le apareció a Santa Mónica, madre de San Agustín, para consolarla por los pecados cometidos por su hijo antes de la conversión. El primer párroco fue el padre José María Alesanco.
Desde entonces, los padres agustinos, siguiendo el mandato del Acta Quinta de Toledo, que se remonta al siglo XVI, han realizado una labor fecunda en la evangelización de la comunidad católica local, principalmente de las urbanizaciones Santa Victoria, Villarreal y Arturo Cabrejos Falla, así como de otros 13 sectores al sur de la ciudad, sobre los cuales tienen responsabilidades pastorales.
Al conmemorarse los 50 años de la erección de su parroquia, la Municipalidad Provincial de Chiclayo y el Gobierno Regional de Lambayeque acordaron reconocer el trabajo de los agustinos recoletos, distinciones que como indicó su vicario provincial, padre Ricardo Rebolleda Martín, son para toda la orden.
“La fundación de nuestra comunidad en Chiclayo se dio por la única razón de servir a los demás. Los historiadores hablan de que la razón de la fundación de nuestra casa en Chiclayo se dio debido a que en 1963 la Santa Sede declaró prelatura a Chota y Cutervo, y era necesario acompañar a nuestros hermanos que trabajaban allí. Así se le encargó al padre José María Alesanco que busque una comunidad donde asentar a los agustinos recoletos que practique el carisma, el apostolado y la oración”, recordó Rebolleda Martín.
AL SERVICIO DE LOS FIELES
El vicario de la orden remarcó que la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación nació con el objetivo de estar al servicio de los fieles.
“Nació para hacer lo que significa su nombre, porque parroquia significa ‘los reunidos en torno a uno’, que es justamente lo que somos los agustinos, reunidos en torno a Dios. Recordamos a nuestro primer párroco, el padre José María Alesanco y a los otro siete párrocos que han continuado la obra hasta hoy”, mencionó.
Destacó que desde la parroquia, los agustinos recoletos han visto con satisfacción cómo ha crecido el número de fieles y de integrantes de la orden, que no únicamente son frailes, sino también religiosas y laicos.
“Tenemos a las Agustinas Recoletas del Sagrado Corazón de Jesús, a las Agustinas Recoletas de la Fraternidad, las monjas de clausura, las Misioneras Agustinas Recoletas y las Recoletas Misioneras de los Enfermos, así como a los jóvenes que también son de nuestra familia”, manifestó.
LA IGLESIA
El 15 de julio de 1975, siendo obispo de Chiclayo monseñor Ignacio María de Orbegoso, y párroco de Nuestra Señora de la Consolación el padre Juan Cuña Calavia, se colocó la primera piedra para la construcción de lo que sería el templo de la Urbanización Santa Victoria, trabajos que se iniciaron el septiembre de 1976.
La obra fue financiada con actividades desarrolladas con el apoyo de la feligresía, así como algunas donaciones realizadas por familias de la zona. Fue el 8 de diciembre de 1980 que se consagró la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación, siendo párroco el padre Ángel Jiménez.
Desde octubre del 2011, el párroco es el sacerdote español José Estebas Martínez, quien ha profundizado el trabajo de evangelización y organización de la comunidad cristiana, sobre todo en los jóvenes de las zonas que se encuentran bajo la jurisdicción parroquial.
En 50 años de labor pastoral en Chiclayo, los agustinos recoletos han dado ejemplo de vida monástica y de servicio, involucrándose en la realidad de sus sectores y promoviendo la participación activa en las actividades de la iglesia católica.
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