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INPE CHICLAYO NO PUEDE APLICAR PROGRAMAS DE RESOCIALIZACIÓN EN TODOS LOS PENALES

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1011

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Aun cuando los recursos son limitados, el Instituto Nacional Penitenciario – INPE, a través de su Dirección de Tratamiento Penitenciario, trabaja en la ejecución de dos programas que buscan la resocialización de internos, aplicados en los penales de Piura y Trujillo, y cuyos resultados son hasta el momento alentadores.

 

La Oficina Regional Norte del INPE, con sede en Chiclayo, que tiene cobertura sobre 11 establecimientos penitenciarios de la macroregión, desde Tumbes hasta La Libertad, gestiona el desarrollo de los programas estructurados CREO: Creando rutas de esperanza y oportunidades, aplicado en el penal de Piura, con una población de 165 beneficiarios, y el programa INPE Devida, dirigido a internos con problemas de drogadicción. Este se ejecuta en el penal de Trujillo, atendiendo a 65 reclusos.

 

El Subdirector de Tratamiento del INPE Chiclayo, Luis Martín Fernández, explica que el establecimiento penitenciario de Trujillo – Varones, desde inicios de este está aplicando un piloto de programa de lucha contra el consumo de drogas, pero que por el momento no tiene presupuesto asignado.

 

CREO

 

El programa CREO proporciona a los beneficiarios competencias psicológicas, sociales y laborales, apoyándose en un presupuesto especial que permite la contratación de profesores para que los internos aprendan diversas actividades ocupacionales, como la elaboración de artesanías, trabajos de soldadura, informática, música y otras disciplinas.

 

“Se les brinda a los jóvenes la oportunidad de ser capacitados no solamente en el aspecto psicológico o emocional, sino también en oficios para que puedan reinsertarse de manera positiva a la sociedad”, explica el funcionario.

 

INPE DEVIDA

 

El programa para lucha contra el consumo de drogas al interior de los penales del país cuenta con recursos asignados por el gobierno nacional para la contratación de profesionales especialistas en el tratamiento de personas con problemas de adicción.

 

“En este programa se realiza un trabajo netamente psicológico y psicoterapéutico, parecido al de CREO, y en el que también se busca que los internos adquieran competencias laborales. Los beneficiarios del programa se mantienen completamente separados del resto de la población penal”, señala Luis Martín Fernández.

 

INTERVENCIÓN MULTIDISCIPLINARIA

 

Comenta que en resto de establecimientos penitenciarios se aplican programas de intervención multidisciplinaria; es decir, talleres generales que buscan mejorar el comportamiento social de los internos.

 

Son dos los principales problemas que impiden que los programas estructurados se desarrollen en la totalidad de establecimientos a cargo de la Oficina Regional Norte – INPE Chiclayo: la falta de infraestructura y la estrechez presupuestal.

 

Desde Chiclayo se monitorea el trabajo se resocialización de los internos de Tumbes, Piura, Sullana, San Ignacio, Jaén, Chota, Trujillo – Varones, Trujillo - Mujeres, Pacasmayo, Cajamarca y el expenal de Picsi.

 

“En Piura y Trujillo existen mejores condiciones para el desarrollo de los programas CREO y Devida porque hay infraestructura, ya que se requiere de ambientes especiales, alejados del resto de la población penal. El problema es que en la región norte se tiene más de 15 mil internos y el déficit de profesionales hace imposible trabajar al 100 % el proceso de resocialización”, señala.

 

El INPE asigna para cada programa aproximadamente 130 mil soles al año, presupuesto que cuando se iniciaron los procesos de aplicación fueron más elevados debido a que fue necesaria la compra de equipamiento, mobiliario y enseres.

 

“Nos enfrentamos al déficit profesional, el número de población penal y la falta de infraestructura, y eso complica la labor de resocialización. Por ejemplo, cada psicólogo atiende entre 600 y 700 internos, y cada vez es menos el personal con el que contamos. Hemos hecho esfuerzos para separar a los internos por grupos homogéneos o peligrosidad, pero el problema está en la falta de recursos para la intervención. Carecemos de personal de salud, de trabajadores sociales, de psicólogos, de profesores. Hacemos nuestro mayor esfuerzo”, menciona.

 

RESULTADOS

 

“Los jóvenes que participan de ambos programas reciben una formación casi militarizada, con un régimen de vida establecido desde que se levantan hasta que se acuestan. El personal de seguridad también es especial, porque está capacitado para trabajar con los beneficiarios. Los resultados se pueden visualizar cada vez que se realizan las evaluaciones, se nota desde el corte de cabello de los internos, hasta la manera en la que tienden sus camas, arreglan sus ambientes y la ocupabilidad permanente en la que se mantienen. Ellos son prioridad para la obtención de beneficios penitenciarios”, indica.

 

Los internos que participan de los programas pasan por cuatro etapas de adecuación, debiendo permanecer como mínimo dos o tres años en formación. Se trata de reos primarios, con una edad máxima de 29 años.

 

“Cuando egresa el joven del programa se le ubica en un pabellón en el que no se contamine, para que sea más fácil continuar con la fase de monitoreo y seguimiento, porque de otra forma sería contraproducente que se le capacite para que luego se pierda en el quehacer delictivo”, señala.

 

El programa apunta también al fortalecimiento de las relaciones familiares entre los jóvenes beneficiarios y sus parientes, a fin de lograr eficiencia en su reingreso a la sociedad.

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