En nuestra edición anterior publicamos una entrevista hecha al presidente del Conglomerado Cultural, el educador universitario Nicolás Hidrogo Navarro, quien con justicia demandó a los gestores culturales unidad y dejar de lado sus celos, intereses y resentimientos de grupo, para trabajar en aras de construir una agenda común que tenga verdadero impacto en la sociedad.
Las palabras de Hidrogo Navarro han sido severas, sobre todo cuando señaló que con o sin presupuesto para trabajar, los gestores culturales en Lambayeque siempre estarán enfrentados y que lo que se vive en el sector es una “guerra fratricida”.
Justificado o no, esto último me ha llevado a reflexionar sobre el activismo que otros gestores e instituciones realizan por la cultura en el departamento, y que lejos de detenerse en la crítica o cerrarse en sus espacios, buscan en la medida de sus posibilidades y recursos llevar cultura a distintos sectores de la sociedad local y, sobre todo, profundizar y difundir la identidad lambayecana y el arte en sus distintas manifestaciones.
La labor que Conglomerado Cultural realiza hace más de 400 semanas no solo es admirable por su continuidad, sino también por la manera en la que, utilizando el mecanismo itinerante, va recorriendo salas, locales e instituciones de Lambayeque para llevarle a la gente la pasión y exquisitez de las letras locales, de lo cual tiene prolíficos exponentes.
Y así como el conglomerado, otras instituciones como el Museo Tumbas Reales de Sipán y el Instituto de Cultura de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo - ICUSAT, también cumplen con su encomienda de promover el conocimiento cultural y las artes.
El museo que dirige el reconocido arqueólogo e investigador Walter Alva Alva ha logrado hitos importantes para Lambayeque, como su ejemplar autogestión, además de la manera en la que busca, a través de sus recorridos gratuitos e incluso nocturnos, que cada vez sean más los lambayecanos, peruanos y extranjeros los que conozcan la magnificencia y esplendor de los hallazgos en Huaca Rajada.
Otro ejemplo digno de admiración y trabajo interinstitucional y comunitario lo representa el Museo de Sitio de Túcume, bajo la dirección de la arqueóloga Bernarda Delgado Elías, considerado como el mejor proyecto museográfico del mundo, por la manera en que ha logrado la participación de la población cercana a los monumentos arqueológicos en la conservación, difusión y promoción cultural.
En el caso del ICUSAT, además de ser el primer y único instituto de su tipo a nivel universitario en Lambayeque, ha logrado consolidar una variada agenda cultural que abarca desde la fotografía al teatro, pasando por otras disciplinas artísticas poco difundidas como la música clásica y el cine.
Mención especial merecen también, por qué no, la Alianza Francesa y el Instituto Cultural Peruano Norteamericano – ICPNA, quienes dan muestra de perseverancia en la promoción de la música, el cine y el teatro, con actividades incluso de corte internacional y que, a veces de manera silenciosa, congregan en Chiclayo a reconocidos exponentes.
Es de reconocer también el rol que cumple la Dirección Desconcentrada de Cultura – DDC, en la que si bien aún falta lo que Nicolás Hidrogo demanda, como es la capacidad para convocar a todos y trabajar con todos, sí desarrolla una permanente agenda que en los últimos meses ha incluido la edición y publicación de interesantes libros, la realización de conversatorios, exposiciones temporales, festivales, conciertos y otras actividades bajo la gestión de su titular Alberto Risco Vega.
En definitiva, así como existen gestores culturales que no aspiran a la integración, hay también instituciones que sí activan y evidencian su compromiso con la cultura, el que exige, lógicamente, de la participación de más organizaciones públicas y privadas, sobre todo las educativas y de gobierno, en el entendido que la cultura además de ser un insumo fundamental para la formación del individuo, es ya un derecho reconocido al que todo ciudadano debe acceder.
Cabe entonces mirar con mayor optimismo el escenario y tender los puentes necesarios que permitan concretar lo que Hidrogo Navarro, nuestro medio y otros tantos más aspiramos: que la actividad cultural en Lambayeque sea permanente, organizada, plural, integradora, accesible y edificante para lograr una mejor sociedad. La tarea es de todos, aquí no hay mesías.