Sube!

EXTREMOS PELIGROSOS

Escrito Semanario Expresión
Edición N° 1193

En política, ningún extremo o radicalismo es bueno, porque impide la apertura que todo gobernante necesita para tender puentes, buscar concesos y, sobre todo, respetar a quienes no piensan como él.

En el presente proceso electoral nacional, algunos mensajes de los aspirantes al sillón presidencial, secundados por los integrantes de sus listas parlamentarias, están despertando rechazo, pues evidencian posiciones extremas que poco o nada ayudan en las circunstancias actuales, sobre todo en un país en el que siempre hemos vivido polarizaciones económicas, sociales y políticas.

Las repudiables afirmaciones del candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, sobre el proceso iniciado por la psicóloga Ana Estrada Ugarte para que el Estado le reconozca el derecho a una muerte digna, en el momento en el que ella así lo considere en razón de la enfermedad irreversible que padece, han puesto en el ojo de la tormenta al empresario hotelero, nacido en Pomalca.

Pero aquello de “lanzarse de un quinto piso” o “poner buena música para cortarse las venas”, es solo la más reciente de las expresiones desafortunadas de López Aliaga. Antes dijo aquello de llevar a un hotel cinco estrellas a una niña víctima de violación sexual para que pase allí el embarazo, como si el lujo y la comodidad aliviaran el dolor emocional que un vejamen de esa naturaleza causa.

Como si lo dicho no le resultara suficiente, el aspirante a la presidencia del país ha señalado que admira a algunos de los integrantes del Sodalicio, nombres que destacan en la organización religiosa no precisamente por sus acciones de bien. López Aliaga reconoce (según sus propias palabras), “santidad” en algunos de los vinculados a los abusos sexuales contra menores que los periodistas Paola Ugaz y Pedro Salinas han denunciado en el libro “Mitad monjes, mitad soldados”.

El miércoles 3 de marzo, en RPP, Rafael López dijo, entre otras cosas, que sus declaraciones son sacadas de contexto y se ratificó en aquello del hotel de cinco estrellas. Justificó su desatino señalando que siendo un empresario hotelero lo mejor que puede y sabe ofrecer a una persona es, precisamente, hospedaje en un lugar lujoso.

Pero el hombre de Renovación Popular no es el único que se ha ido a los extremos. Su candidata a la primera vicepresidencia, Neldy Mendoza Flores, ha dicho que si una abuela incentiva a su nieta a estudiar para ser autónoma y empoderada, se convierte en “una abuela terrorista”. Lo extremo de la derecha, salta a la vista.

Aquellos planteamientos son igual de recalcitrantes como los que enarbola Antauro Humala desde la prisión y sus candidatos de Unión Por el Perú – UPP. Estos hablan de pena de muerte como si se tratase de premios de feria, desconociendo el marco constitucional y tratados internacionales a los que el Perú está sujeto, que prohíben la aplicación de ese tipo de medidas.

Radical fue Alan García cuando en afán electorero o populista habló en su campaña del 2016 de instituir la pena de muerte para violadores; radical resulta Keiko Fujimori al señalar que en un eventual gobierno suyo “volveremos a empezar” y muestra como referencia el tractor campañero de su padre, el sentenciado por corrupción y violación de derechos humanos Alberto Fujimori.

Radical suenan los de izquierda y derecha que pretenden encender pasiones en los electores con posturas cada vez más absurdas, sabiendo que hoy más que nunca las tecnologías permiten a la gente informarse más rápido y enterarse si lo que ofrecen tiene un mínimo de respaldo científico, sustento legal o empalma con el respeto que todos los ciudadanos deben tenerse.

Ingresamos al último mes de la campaña presidencial y es probable que discursos como los antes citados se multipliquen. De nosotros depende valorarlos como tal y elegir según el dictado de nuestra conciencia el próximo 11 de abril. No olvidemos que si nos equivocamos nuevamente, la culpa es nuestra.

Deja tu Comentario