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HEMOS PERDIDO EL MIEDO

Escrito Semanario Expresión
Edición N° 1189

En marzo del año pasado, cuando el presidente Martín Vizcarra Cornejo anunció las primeras medidas para enfrentar a la pandemia por el COVIID-19, entre ellas la cuarentena por 15 días, los peruanos asumimos la restricción con cierta tranquilidad y esperanza en que todo mejoraría al cabo de esas dos semanas. Sin embargo, “el encierro”, como lo llaman muchos, se prolongó hasta junio y poco a poco empezamos a relajar nuestros esfuerzos por cuidarnos y cuidar de los demás.

Lo que vino después lo recordamos muy bien: empezaron a reactivarse diversas actividades económicas y productivas, todos empezamos a salir con cierta normalidad y a veces, sin querer, descuidamos medidas de protección como el uso correcto de la mascarilla y el distanciamiento social que tantas veces se nos han indicado.

Empero, lo peor sucedería ya en el último mes del 2020, en el que todos (no caben exclusiones), relajamos nuestro comportamiento a tal nivel que parecía que de manera unánime estábamos enviando un mensaje de rebeldía: ¡Hemos perdido el miedo… al contagio!

¿Segunda ola? ¿Reinfecciones? ¿Cuarentena nuevamente? Muchas voces, incluidas las de algunos profesionales de la salud y altos funcionarios del gobierno, decían que una segunda ola era prácticamente imposible en el Perú, porque en la primera etapa, en la fase dura de la emergencia, habíamos llegado a tal nivel de contagio que más ya no era posible.

Sobre las reinfecciones también hubo voces diversas. Algunos decían que no, que cuando una persona había superado el COVID-19 quedaba inmunizada de por vida, mientras que otras, un tanto más prudentes, pedían no bajar la guardia.

Respecto a la aplicación de una nueva cuarentena, el común de los peruanos expresaba su rechazo y consideraba a estas alturas ya no necesario.

Todo lo que creíamos irrealizable está pasado: estamos en segunda ola desde las primeras semanas de enero, esta vez con menores armas para enfrentar al virus, un personal de salud agotado y disminuido, un comportamiento más indisciplinado de los ciudadanos y una caja fiscal con menos recursos. También hay casos de reinfección acaso más severos y mortales, en tanto la cuarentena ha sido necesaria de aplicar en 10 departamentos del país a los que se considera en Riesgo Extremo.

Así las cosas, hoy conviene convertir aquella consigna implícita lanzada en diciembre en una interrogante: ¿Hemos perdido el miedo al contagio?

Conviene hacerla para reflexionar, porque el problema con el COVID-19 y las mutaciones que presenta es que al infectar a un individuo que se mantiene asintomático pone en riesgo latente a todo su entorno, principalmente a los adultos y adultos mayores que viven con él.

Si aplicamos un razonamiento frío y descarnado al asunto podríamos decir que el problema del contagio en la población joven no es que esta se infecte, porque tiene más posibilidades de salir airosa de la enfermedad. El problema real es que esa población joven contagie a los más vulnerables y con ello se siga incrementando el número de víctimas mortales.

En Lambayeque estamos volviendo a indicadores de fallecimientos diarios por COVID-19 similares a los ocurridos en las primeras semanas de abril, pero parece que esto poco se tiene en cuenta o poco importa, porque el comportamiento que evidenciamos es como si no hubiera un virus mortal entre nosotros.

Reflexionemos ahora que aún podemos. No esperemos a tener a nuestros padres, abuelos, tíos o hermanos enfermos, necesitando oxígeno o una cama UCI para recién pensar en nuestra conducta frente a la emergencia. El COVID-19 no se ha ido. Está aquí, esperando cobrar su próxima víctima.

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