Estamos en plena contienda electoral rumbo al 2021. Hay 23 candidatos presidenciables que aspiran gobernar el país, dizque para solucionar los problemas estructurales de nuestra patria. ¿Cuántos de ellos son verdaderos estadistas, técnicos, conocedores de la realidad de la costa, sierra y selva de nuestro Perú? ¿Quiénes los acompañan? ¿Cómo han escogido a quienes irán eal Congreso de la República elegidos por el voto popular, donde necesitamos legisladores que produzcan leyes viables para un sostenido desarrollo nacional?
Hace unos días escuché la exposición de Ricardo Márquez, presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, quién presentó la Perú Agenda 2031, instrumento que tiene como objetivo sentar las bases para un desarrollo económico, que genere empleos dignos en toda la sociedad peruana.
Durante la alocución de la presentación de este importante aporte del sector industrial y empresarial de nuestro país, Ricardo Márquez refirió: “esperamos que los partidos políticos que participan en la contienda electoral tomen nuestras sugerencias. Necesitamos una nueva visión de la economía que concentre sus políticas en el ciudadano, en la generación de empleo digno y en servicios básicos que pongan énfasis en la salud y la seguridad de las personas”.
Considero que para lograr este objetivo se hace necesario revertir la caída de nuestro crecimiento con el fomento de la producción industrial y de los servicios asociados a ella, porque como bien la señala el empresario y dirigente gremial Márquez “las políticas trasversales o de “chorreo” no han generado crecimiento productivo diversificado. El mundo crece con empleos y desarrollo sobre la base de políticas sectoriales activas”.
Por ello, demos una mirada al desarrollo de China o de otros países asiáticos, donde el crecimiento sostenido los ha llevado al éxito y hoy son referentes para las economías del mundo. Con la tecnología, en segundos podemos estar enterados de cómo estos países avanzan día a día.
El desarrollo del Perú no solo está en la facilitación y reducción de trámites o corrección de fallas de mercados. Se debe despegar como país con los resultados esperados en los últimos veinte años. Se debe tener una mirada con absoluta responsabilidad y tecnicidad a los casos de la minería y, sobre todo, la agroexportación. Hay algunos ejemplos exitosos y otros de enorme brecha como el que se ha develado en Ica. Hay sectores que han producido en el país políticas sectoriales, que han generado empleos e ingresos fiscales. A estos, a los mejores, debemos seguirlos poniendo en práctica para alentar su crecimiento, ya que crean empleo, tributos, divisas, y nos pone en vitrina internacional.
Lo que necesitamos para crecer es que estos ejemplos se sumen y multipliquen por miles. Debemos hacer con nuestras ventajas competitivas un país con encadenamiento productivo, con un mercado internacional abierto, tratados de libre comercio activos y generación de empleos con progreso tecnológico y capacitación a nuestros jóvenes. Ese es el objetivo que debemos abrazar y que lo ha puesto sobre la mesa la Sociedad Nacional de Industrias.
Es tiempo, siempre es tiempo, y hora de repensar en el desarrollo de nuestro país. Hay que trazar una meta de aquí a unos 10 años donde la gestión económica, de educación, salud y productiva, sean la prioridad o el pilar de la reactivación económica de cara al 2031. Serán vitales para el futuro del Perú.
En nuestro país, los gobernantes de turno siempre mostraron preferencias por el sistema importador, que indudablemente ha ido minado la falta de empleo para nuestros compatriotas. No les ha interesado a nuestros gobiernos de turno una efectiva capacitación tecnológica para nuestros jóvenes. Ni qué decir de la subvaluación y el contrabando, que han crecido debido a métodos y protocolos aduaneros, que no han mantenido una real política justa de precios, referenciales e internacionales.
La emergencia sanitaria nos desnudó al mostrar nuestra falta de capacidad con las plantas de oxígeno, los respiradores artificiales y las prendas de protección contra la pandemia. Estas necesidades bien pudieron ser atendidas por nuestras empresas y universidades como la Universidad Católica, la UNI o la Universidad Nacional “Pedro Ruíz Gallo”, aunque en el caso de esta última, si la investigación y el compromiso con la comunidad hubieran prevalecido para obtener el licenciamiento institucional que hoy lo han perdido. O el SENATI, cuya labor técnica es la prueba de que nuestra industria sí puede responder y estar siempre preparada ante cualquier eventualidad nacional.
Por otro lado, la industria minera y la pesquera son sectores que tienen un enorme potencial para asegurar un crecimiento futuro en nuestra economía. En minería, solo hemos explorado cerca del 12 % de todo nuestro potencial. Falta mucho por hacer en este sector y ello nos lleva a trabajar con el pueblo, informándole con la verdad para obtener las licencias sociales, sin las cuales no se pueden desarrollar importantes proyectos mineros como Cañariaco, acá en Lambayeque y que, estando cerca la ejecución de nuestro Terminal Portuario, es vital para nuestro desarrollo.
En el sector pesquero para consumo humano, incluyendo acuicultura, el Perú, gracias al enorme esfuerzo de sus empresarios, logró exportar 1500 millones de dólares en 2019; un resultado, sin embargo, muy distante de las exportaciones de Chile y Ecuador que, con el mismo mar, exportan, el primero, 7000 millones y el segundo, 4000 millones.
Algo similar podemos afirmar en el sector forestal, que necesita carreteras para llegar a nuestras costas. El devenir imparable de nuestra industria acuática y sus bases asociadas a la automatización y robotización de procesos productivos tiene a la digitalización como uno de los nuevos paradigmas de producción.
El turismo es una gran industria y está anexada a las industrias creativas y a las asociadas con el desarrollo de tecnologías de la información, sectores con extraordinarias ventajas competitivas y dinámicas para desarrollar por nuestros jóvenes. Es este sector al que se tiene que alentar más.
La industria de la construcción es un sector que cumple un papel reactivador en varias líneas industriales y de servicios, y genera más de un millón de empleos directos, como también la industria de las Confecciones.
Ojalá que los peruanos de a pie vayamos pensando a quiénes debemos darle la confianza para que sepan dirigir a nuestro Perú. Honremos con nuestro voto estos 200 años de independencia nacional, de bicentenario. Tenemos todo para ser una patria moderna y con oportunidades para todos. Necesitamos menos populismo, que la corrupción y el aprovechamiento de grupos de poder sean dejados de lado para así asegurar una patria libre y soberana a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Recuerden: no hay tiempo que perder, no hay tiempo para lamentarnos. Busquemos al mejor o a los mejores.