Sube!

SIN LA MUJER NO HABR�A VIDA

Escrito Rosa Amelia Chambergo Montejo
Edición N° 1103

La poetisa Lucia Godoy, conocida como Gabriela Mistral, dijo: “Dame Señor, la perseverancia de las olas del mar, que hacen de cada retroceso un punto de partida para un nuevo avance”. Hermosa frase que me acompaña cada día en el trajinar periodístico y con el que inicio mi homenaje a todas las mujeres del mundo y en particular a las de mi querido Lambayeque, ahora que recordamos la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Sin la mujer no habría vida. Así de sencilla es la fórmula de la existencia humana sobre la tierra, pues la mujer no solo representa  la maravillosa continuidad  de la especie, también expresa el sacrificio, la dedicación y el entusiasmo por una sociedad mejor. Cada acto humano tiene a la mujer como protagonista, desde el cultivo de la tierra hasta las innovaciones de la ciencia y los liderazgos empresariales o políticos. No existe rincón del orbe sin que ella esté presente, sin que su imagen y espíritu impregnen valentía y perseverancia, sin que su voz y ternura transmitan fe y esperanza. No existe rincón que se resista a tener aliento sin la mujer.

Desde la colla del inca hasta la coqueta tapada limeña, desde la humilde espía de la independencia hasta la fiel rabona en la guerra con Chile, desde la mujer obrera y campesina hasta la que se esfuerza en el trabajo industrial; desde la dirigente, la que lidera el comedor popular, la que atiende en el voluntariado hasta la emprendedora empresaria, todas las mujeres en nuestro país constituyen el soporte de la enigmática historia peruana.

Madre hermana, amiga, compañera, esposa, aliada y cómplice todos los roles que asume la mujer son expresión de su capacidad para amar, obrar y crear. En el caso particular de Lambayeque, nada fuera posible sin su participación.

La mujer para nosotros representa el surgimiento de una región colmada de sentimientos, movida por la energía de su gente y la pasión depositada en las buenas acciones de hermandad y pujanza. Rendimos homenaje a la mujer que es raíz, tallo y fruto de la sociedad grande, inclusiva y con oportunidades que aspiramos.

A la mujer agricultora, comerciante, periodista, profesional, a la mujer que brinda alimentos y cuidados, a la que motiva a su esposo e hijos a ser mejores, a la que defiende sus derechos y los de los demás, a ellas nuestro reconocimiento porque son impulsoras del desarrollo que día a día se gesta a lo largo y ancho de Lambayeque y todo el Perú.

Quiero pedirles a las mujeres -como yo- que cuando no consigan resultados en su lucha y se sumen las dificultades, de ninguna manera se rindan y cuando quieran sonreír y solo alcancen suspirar, no se caigan y si la suerte les es adversa y no encuentren fuerzas para seguir, no renuncien, insistan más.

Esta festividad en la que rindo homenaje a las mujeres y sus luchas por alcanzar una sociedad más justa, con los mismos derechos que tienen los hombres sirva para recordar con admiración y seguir el ejemplo de aquellas mujeres que en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhage en agosto de 1910, se aprobó la propuesta de Clara Zetkín de proclamar el 8 de marzo como El Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Desde aquella fecha hasta hoy, las mujeres exigimos el mismo trato que los hombres en el acceso a la educación, la salud, al trabajo y la vida política, hemos avanzado muy poco por ello el compromiso de todas es seguir empoderándonos, asumir responsabilidades y ayudar a cambiar a nuestra sociedad.

Un día es poco para celebrar una lucha constante, diaria y sin descanso. Un día es poco para reconocer la participación de las mujeres en la construcción de una familia, en la conquista del mercado de trabajo, en la lucha por su libertad de pensamiento y de elección, hasta llegar a ocupar un espacio al que tiene derecho la mujer del siglo XXI.

Hay que amarnos, respetarnos entre nosotras mismas sobre todo, estar en defensa de aquellas mujeres vulnerables a las diversas formas de violencia, no olvidemos que en lo que va del año hay 22 mujeres asesinadas a quienes se les cortó su vida, sus anhelos, sueños  y sus familias han quedado en la orfandad.

La mujer, queridos lectores, podrá ser pobre, pero aún así no se cansará de luchar; podrá estar sola, pero jamás dejará a los suyos; podrá ser vejada, abandonada, humillada, pero jamás dejará de defender los derechos de otros, Pocos saben que su fortaleza no está en su físico, sino en su espíritu, aquel que ni el maltrato ni la postergación han podido doblegar jamás. Cuando se organiza, la mujer es capaz de revertir lo que a su pueblo le afecta, de generar esperanza donde no la hay, de alimentar con su alegría los corazones llenos de tristeza. La mujer no se rinde y  como lo escribí al comienzo: Sin la mujer no habría vida.

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