Sube!

PARA NO REPETIR LA HISTORIA

Escrito Semanario Expresión
Edición N° 1030

Cuando mi hijo Jorge Manuel tenía 9 años de edad, casi concluyendo sus estudios primarios, y mi hija Angie Massiel Aimeé, tenía en mi vientre 6 meses, el miedo y terror que infundían los actos violentos y sanguinarios de los terroristas era indescriptible. No había día que no sufriéramos de apagones, no había día que no supiéramos de coches bombas, de fusilamientos a gente que se resistía a enrolarse en las filas de Sendero, no había día que no supiéramos de atentados a las comisarías y siempre nos interrogábamos si ese era el país que íbamos a heredar a nuestros hijos.

 

El 12 de septiembre de 1992 cayó Abimael Guzmán Reynoso, el cabecilla de Sendero Luminoso, uno de los terroristas más crueles y violentos que ha tenido nuestro país, aquel que ideó en su cabeza los atentados terroristas, cuya guerra nos dejó muerte y destrucción.

 

Según las cifras publicadas, este acto criminal dejó más de 70 mil millones de dólares en pérdidas a nuestro Perú, más de 70 mil muertos, entre ellos más de mil 500 policías abatidos por estas  mentes delictivas que llevaron a una violencia extrema en los años 1980 y 1996. No olvidemos que hay más de 40 mil huérfanos, cuatro mil desaparecidos, 435 comunidades arrasadas, dos millones de personas afectadas y con estrés postraumático promovido por aproximadamente 10 mil militantes de Sendero Luminoso.

 

Hoy recordamos también la barbarie, el repudiable acto genocida, el atentado a Tarata, aquel ataque terrorista que dejó 25 muertos y 200 heridos.

 

Sendero Luminoso le hizo mucho daño a nuestro país, como lo han hecho y lo siguen haciendo los corruptos, los que le roban al Estado peruano, los que siguen de cuello y corbata saqueando las arcas públicas, aquellos que le quitan la posibilidad a millones de niños de estudiar, de tener mejor calidad de vida.

 

En este contexto, después de 25 años, el país ha conocido cómo y porqué recobró su libertad Maritza Garrido Lecca, una bailarina cuya juventud fue arrebatada por ideas equivocadas. Con su encierro, avejentada, rechazada por la sociedad y hasta por gran parte de su familia intentará rehacer su vida. No sé, si aquí o en cualquier parte del mundo tratará de vivir lo que le queda de vida y seguramente será larga.

 

Hay muchas opiniones respecto a ella, todos nos hemos convertido en sus fiscales y jueces y la seguimos tildando de terrorista cuando ella ya pagó con su encierro el daño que le hizo a la sociedad. Bastaría estar informados qué ha pasado con similares casos en otros países y nos daríamos cuenta que esa gente que ha delinquido tan igual o peor que Maritza Garrido Lecca tiene derecho después de pagar sus culpas a rehacer su vida, a trabajar o elegir cómo van a subsistir.

 

Si el Estado peruano cumpliera su papel ya hubiera tenido acercamiento a ella para persuadirla que colabore con tanta juventud, presa fácil de grupos extremistas a quienes hay que combatirlos con ideas y posiciones políticas firmes.

 

Si el Estado cumpliera su rol permanentemente tendría informada a nuestra población de lo que Sendero Luminoso hizo con nuestro país y qué debemos hacer para no repetir la historia.

 

Y no repetir la historia es acortar la brecha de pobreza, dedicarle el mayor porcentaje de nuestro presupuesto a Educación, Salud, Agricultura e Infraestructura, para que millones de peruanos mejoren su calidad de vida.

Abimael Guzmán seguirá preso, otros terroristas seguirán presos, algunos más recobrarán su libertad después de pagar condenas como manda la justicia, pero mientras haya delincuentes de cuello y corbata en todas las esferas de la sociedad seguiremos en manos de saboteadores y chantajistas, quizá otro tipo de terroristas.

 

Mis hijos Jorge Manuel y Angie Massiel Aimee, hoy son mayores de edad, son ciudadanos profesionales, que viven y gozan de una democracia que aunque no es perfecta, nos garantiza un estado de derecho y donde las leyes se cumplen, ellos sí han leído y están enterados de lo que significó Sendero Luminoso en nuestro país y también como yo disciernen porqué llegamos a esos extremos y cómo tenemos que encarar estos temas, porque historia que no se conoce o se recuerda, se repite.

 

Como comunicadora no quiero anidar odio, quiero recordar la historia como tal, qué nos dejó, por qué y qué debemos hacer para que la violencia de otros años no retorne.

 

Mi reconocimiento a aquellos que lo dieron todo para legarnos un país casi pacificado. Trabajemos el perdón, no nos rasguemos falsas vestiduras. Dios los bendiga.

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